
"Dos hermanos rechazados por sus padres hallaran un sentimiento de amor mutuo en el otro, pero en el amor, las cosas no siempre son tan fáciles como uno quisiera". Alerta de Incesto, para los que no gustan de la temática, ya están advertidos. El Rating M lo dice todo. Disfruten la lectura.
Rated: Fiction M - Spanish - Romance/Hurt/Comfort - Chapters: 5 - Words: 8,412 - Reviews: 1 - Favs: 2 - Follows: 1 - Published: 12-19-12 - Status: Complete - id: 3084332
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Saludos y Bienvenido!! Estimadísimo lector o lectora. Desde ya muchas gracias por pasar. Esta sera la primera y ultima vez que hable en todo lo que va de la historia pero es para decir un par de cosas y después les doy rienda suelta para que disfruten la lectura.
Para empezar, esta historia forma parte de una saga que estoy escribiendo. "La confesión de Stella" es la primera de la trilogía. Así que en unos días estaré subiendo la segunda parte que falta que la edite. Y la tercera todavía esta en proceso así que tardara un poquito mas, aun así prometo terminarla. No habrá historias incompletas en mi historial, lo juro.
Tambien los invito a que pasen por mi pagina web, donde hallaran este y muchos otros escritos, actualizaciones, notas etc: " diariodelagestalt . mex . tl " (sin los espacios ni las comillas)
Sin más que decir, los invito a que lean y si disfruten.
Historia de dos Hermanos: "La confesión de Stella"
Autora: Raven (Pluma Scarlata )
Toda persona en esta vida, deberá aprender tarde o temprano que el amor es de las cosas más injustas que existen. Cuando amas, no te aman. Cuando te aman, no amas. Y cuando ambos se aman, tristemente no se puede.
¿Qué quién soy yo? Esa es una buena pregunta. Me llamo Stella empecemos por ahí, hace diecinueve años que nací y crecí en una…llamémosle "familia" a falta de una palabra adecuada que la describa, un tanto peculiar.
Mi madre es la personificación de la indiferencia, es de aquellas personas de las cuales la naturaleza parece haberse olvidado de darle lo que llamamos, el instinto maternal. Esa mujer simplemente se limitó a dar a luz para luego pasarle su hija a la sirvienta más cercana, con decir que mi nombre me fue dado por Nancy, la nana, quien se encargó de cuidarme y educarme desde el día de mi nacimiento.
Mi padre, bueno, él es un hombre de negocios un rico y talentoso empresario cuyo único interés es el dinero. No es secreto para nadie que emplea métodos un tanto turbios, su empresa está más cerca de ser catalogada como una mafia que otra cosa. Ese sujeto también, carece de cualquier rastro de algo que pudiera considerarse como paternidad. Despreciaba a su descendencia y no se molestaba siquiera en ocultarlo.
Como sea, con estas…"personas" yo pase la primera mitad de mi vida. Quizás la mayoría de Uds. no puede entender el calvario que se siente al convivir con gente así, es comprensible puesto que aquellos quienes tienen padres amorosos que se desvelan por su bienestar difícilmente puedan concebir que existe en el mundo seres tan opuestos. Pero esa es mi realidad y para aquellos que si me comprenden, tal vez se preguntan cómo hice para sobrevivir dos décadas sin pegarme un maldito tiro en la frente, pues la respuesta tiene nombre: Dante.
…
Estaba desparramada boca abajo sobre el piso de mi habitación, a mi lado y esparcidos por el suelo se encontraba una decena de crayones de varios colores con los cuales había logrado finalizar mi pequeña obra después de mucho esfuerzo. Contemple con satisfacción la hoja de papel antes blanca, donde ahora el dibujo de una mujer que representaba a mi madre se veía reflejado.
Ansiosa por ver su cara de alegría, corrí hasta la sala donde la halle sentada charlando por teléfono con una amiga.
—Mami, mami — dije mientras tiraba ligeramente de la tela de su vestido para llamar su atención, sin mucho resultado —Mira, esto es para ti.
—Ya basta...err… niña, vete a jugar a otro lado —me espetó de forma brusca, mirándome con desagrado
Me marche un tanto derrotada, pero no fue hasta que llegue a la puerta de la sala cuando escuche las palabras que me marcarían de por vida.
– Estos niños, te lo digo Marie – comentaba por teléfono – si quieres ser feliz no tengas hijos, son una molestia, como malditos parásitos que te chupan la energía.
Regrese a mi habitación, sus palabras todavía resonaban en mi mente, pero con el optimismo propio de los cuatro años decidí no darle importancia y abandone ese dibujo para empezar uno nuevo. En cuanto lo termine me dirigí hasta la oficina de mi padre, que era en una de las habitaciones del piso superior en nuestra enorme casa.
Toque la puerta pero nadie respondió, de modo que decidí entrar de todas formas. Estaba completamente vacío así que me anime inspeccionar un poco, como última opción podría dejar el dibujo en su escritorio para que él se sorprendiera en cuanto lo viera.
Mientras más me adentraba algo en mi interior gritaba que no debía estar allí, estaba oscuro y era algo tenebroso, aunque en el fondo no seguía siendo más que una simple oficina, con libros, un escritorio y un par de sillones, sin embargo me causaba un cierto escalofrío.
Llegue hasta la enorme silla acolchada de mi padre, era mullida y muy cómoda. Intente correrla pero resulto más pesada de lo que parecía. En eso sentí una enorme y pesada mano sobre mi hombro, un aliento frio que por poco me detuvo el corazón, pero no fue sino el grito de furia lo que me dio verdadero terror
— ¡¿Qué demonios haces aquí, mocosa?! – rugió mi padre, y cuando pude ver su expresión, me lamente de haberlo hecho pues en el futuro sería una imagen que me causaría muchas pesadillas. La frialdad de su mirada, la ira tensando sus músculos, todo eso era demasiado.
—Yo…solo…yo solo quería…— no podía responder, solo atine a levantar tímidamente el papel que contenía mi regalo.
— ¡No tienes nada que hacer aquí! ¡Largo! – dijo. Me arrancó el dibujo de las manos, lo hizo un bollo y lo tiró a la basura sin siquiera mirar, luego me sujeto del cuello de mi vestido y me arrastro hasta el otro lado de la salida para finalmente cerrarme la puerta en la cara.
En este punto yo temblaba de miedo y hacia un esfuerzo por contener las lágrimas de dolor. Realmente no podía sentirme más sola.
Por ingenua o por persistente, quien sabe, lo cierto fue que regrese a mi habitación de nuevo, y aunque tenía mucho menos entusiasmo que al principio aun así me esmere en realizar un tercer dibujo.
Ya estaba bastante resignada al resultado, pero aun así era algo que debía intentar, si mi familia realmente me daba la espalda, confirmaría que eran todos y cada uno de ellos. Supongo que en mi interior todavía guardaba un dejo de esperanza que me decía que quizás todavía había alguien que si podía quererme.
Llegue a su habitación y abrí la puerta en silencio, lo vi allí sentado en su escritorio seguramente haciendo los deberes del colegio. Mi hermano era así, una persona tranquila, independiente pero muy responsable, todavía me faltaba mucho para entender porque es que el había llegado a ser así, pero lo cierto era que me causaba una gran admiración. Él iba y venía por la casa solo, apenas si interactuaba con mis padres pero de todos modos sonreía amablemente cuando alguien le hablaba. Era como si no le temiera a la soledad.
— ¿Pasa algo Stella? –Di un respingo ya que no me percate que él me estaba mirando, me sorprendió todavía más la sincera preocupación que vi en sus ojos –
—Er...yo... — no podía expresar bien las palabras, al parecer el miedo que me provoco la visita a mi padre seguía fuertemente arraigado a mí ser. Al no poder hablar, decidí entrar y acercarme directamente a él. Cuando estuvimos frente a frente, simplemente tendí mi dibujo para que lo tomase si quería, no lo miraba a los ojos, no quería que esa expresión de amabilidad se tornara de enojo o molestia como había sucedido con mis padres.
— ¿Es para mí? – Pregunto suavemente y yo solo asentí – Muchas gracias, está muy bonito – dijo. Fue cuando me anime a verle a la cara y entonces vi una hermosa sonrisa que era distinta a las demás, pues no era solo de amabilidad sino de sincera felicidad. – Lo guardare aquí para que pueda verlo todos los días –me dijo y coloco el dibujo en uno de los folios transparentes de su carpeta.
No sabría decir si fue la emoción o que simplemente ya no podía contener las lágrimas por más tiempo, lo cierto fue que comencé a llorar desconsoladamente todo el miedo y el dolor que había sentido hasta entonces.
— ¿Qué ocurre? ¿Te duele algo? – mi hermano alarmado porque no entendía mi repentino llanto pero yo no estaba en condiciones de explicarle todo lo sucedido. Aun así me tomó en sus brazos sentándome sobre sus piernas para rodearme con un fuerte abrazo protector. Me acurruque contra su pecho sujetando su remera firmemente y me quede ahí un rato, hasta que las lágrimas dejaron de surcar mi rostro.
— Ya tranquila, todo estará bien, yo estoy contigo – me decía el suavemente mientras acariciaba mi cabello y me mecía levemente.
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