
Elizabeth estaba desesperada por encontrar piso, y acabo viviendo con cuatro hombres, a cada cual peor. Pero sin duda, entre la escala de capullos destacaba como Rey de los Cretinos el amargado, déspota y narcisista de Garrett Strauss, un auténtico imbécil. Elizabeth no lo sabía al llamar a aquel número, pero después de irse a vivir allí su vida daría un vuelco de 180 grados.
Rated: Fiction T - Spanish - Romance/Humor - Chapters: 10 - Words: 61,335 - Reviews: 46 - Favs: 18 - Follows: 14 - Updated: 04-28-13 - Published: 01-05-13 - id: 3089463
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Disclaimer: Todos los personajes me pertenecen, la historia también, y su reproducción sin mi permiso es ilegal porque la he registrado en el ISBN.
MChaser me preguntó en el capítulo anterior si tenía actores/cantantes pensados para mis personajes. Bueno, la respuesta es yes. Hace tres años no, pero ahora sí. Esa es la suerte de la vida xD Bien, éste sería el "casting" inicial. Irán saliendo más personajes a lo largo de la historia y cuando lo hagan diré que actor/cantante/modelo me imagino ¿vale?
Elizabeth - Barbara Palvin.
Garrett - Garrett Hedlund
(cuando inicié ésta historia no conocía a éste actor, así que el hecho de que se llamase como Garrett y tuviese unas características físicas muy parecidas a como me imaginaba yo al personaje pues me convenció xD)
Spike - Colin O'donoghue
(pero con los ojos verdes, que el actor los tiene azules)
Harry - Ben Barnes
(Con el pelo corto eeehhh)
Kevin - Chace Crawford
(Yo dije que se parecía a Nate de Gossip Girl así que... just in!)
Daniel - Ian Somerhalder
Lana - Ashley Greene.
Melanie - Marloes Horst
una vez más gracias por vuestro apoyo. Y si queréis preguntarme algo sobre la historia o lo que sea estoy abierta a preguntas :)
"Cómo Agua y Aceite"
4-Melanie Bucket:
Kevin había sido el primero en desistir de su lucha frente a la habitación de Elizabeth para que ésta saliese y les diese el mando a distancia, porque, tras un buen rato, se dio cuenta de que el partido ya habría finalizado, así que decidió marcharse a su habitación y navegar un rato por internet. Spike, por su parte, se había quedado viendo la Mtv; le interesaban los programas que estaban haciendo y no tenía necesidad de cambiar de canal, por lo que se acostó en el sofá con un paquete de patatas fritas y una cerveza, disfrutando de la tranquilidad de la tarde. Seguir cara a la puerta de Elizabeth era un gasto de enrgía innecesario, y dado que la casa entera se había sumido en el silencio -algo que no pasaba usualmente- se dispuso a disfrutar de él abiertamente.
Pero no pudo hacerlo durante mucho tiempo. Garrett entró a los pocos minutos por la puerta, echando humo por la nariz y con cara de muy pocos amigos. Spike conocía aquel gesto, era el que siempre ponía cuando en su mente se sucedían imágenes sádicas sobre él mismo matando a alguna de las millones de personas a las que odiaba. Al ver que el policía se dirigía directamente hacia el cuarto de Elizabeth, Spike dedujo que la paz había terminado.
Garrett intentó abrir la puerta de la chica sin ningún éxito, ya que estaba cerrada por dentro, así que comenzó a aporrearla con todas sus fuerzas, haciendo vibrar, incluso, la madera. Spike levantó levemente la cabeza y lo observó durante unos instantes.
—Si rompes la puerta la pagas tú —Le dijo con tranquilidad—. Yo no pienso hacerme responsable de tus destrozos.
—¡Cállate idiota! —Bramó Garrett sin girarse, pegando a la puerta cada vez con más fuerza— ¡Sal de ahí dentro ahora! ¡Sal de ahí ya!
Spike suspiró y volvió su vista hacia la televisión, no valía la pena inmiscuirse cuando Garrett tenía alguno de sus ataques, aunque se mantuvo atento, sabía cuales podían ser las consecuencias de todo aquello y no quería que nadie terminase herido, y menos sabiendo que Elizabeth no era de las que se quedaban calladas, precisamente.
Elizabeth abrió la puerta y se quedó mirando a Garrett extrañada, luego dirigió su vista hacia donde estaba Spike y volvió de nuevo a mirar al policía.
—¿Qué quieres? —Preguntó frunciendo el ceño— Suponía que eran los otros dos pidiéndome el mando.
Garrett hizo caso omiso a su pregunta, estaba demasiado enfadado para prestarle atención.
—¿¡Pero quien te has creído que eres para tocar algo de mi propiedad! ?—Bramó Garrett poniéndose a su altura y mirándola desde arriba, pues el era varios centímetros más alto que ella— ¡Dámela ahora!
La chica se cruzó de brazos y arqueó una ceja, mirando fijamente a su compañero de piso antes de contestar.
—Strauss, ¿alguna vez te han hablado del Yoga? Va muy bien para el estrés —Comentó con calma—. Deberías probarlo, así no parecerías un enfermo mental enloquecido.
Garrett se pasó la mano por la cara, recordándose una y otra vez que ella era una mujer, y que no podía hacerle nada por esa misma razón.
Hubiera deseado con todas sus fuerzas que fuese alguno de sus compañeros chicos para poder calmarse dándole un buen puñetazo, pero le ponía de los nervios no poder descargar su furia contra ella, por no quedar como un asqueroso misógino y maltratador. Pero a pesar de todo, tenía unos principios, y por mucho que le deseara lo peor a Elizabeth, iba en contra de su moral levantarle la mano a una mujer, así que se limitó a empujarla hacia un lado y entrar en su habitación, revolviéndolo todo.
La muchacha se volteó furiosa. ¿Quién se creía que era ese idiota para meterse en su cuarto? ¡Le estaba fisgoneando las cosas! ¡A ella! Entró y fue hacia él, empujándolo con todas sus fuerzas y haciendo que se voltease.
—¡Eres un maldito lunático! —Chilló la chica— ¿Es que no te han enseñado educación pedazo de imbécil? ¡No puedes entrar en habitaciones ajenas estúpido!
—¿Yo mal educado? ¿¡Yo!? —Garret estaba rojo de la ira. Aquello ya era el colmo. Primero esa inepta le robaba y ahora encima le insultaba de nuevo. Comenzaba a cansarse de todas sus impertinencias y tenía la sensación de que el día menos pensado, en un arranque, cogería sus cosas y las arrojaría por la ventana — ¡Eres tú la que me ha cogido algo sin permiso! ¡Tú! ¡Tú eres la maleducada a la que no le pagaron un colegio decente! Sabía que eras retrasada, pero no pensaba que lo eras tanto.
Spike, que escuchaba invasivo los gritos, se acercó al televisor e intentó subir el volumen; el programa de música de la Mtv era uno de sus favoritos, y no quería que aquellos dos se lo estropeasen. A demás, ahora salía Beyonce y, aunque no le agradaba mucho su música, la cantante en sí le gustaba bastante. Garrett y Elizabeth no paraban de gritar, Spike pensó que eran un par de pesados, así no había forma de centrarse en lo que estaba viendo. Menudo par de idiotas sin consideración, él nunca les daba problemas si estaban durmiendo o estudiando.
Mientras, los otros dos seguían enzarzados en su pelea y, realmente, tampoco tenían muy claro por qué habían comenzado a gritarse. PArecía como si hubiesen entrado en una especie de círculo vicioso del que no podían salir. Garrett había empezado con sus malas formas, Elizabeth le había seguido la corriente, y ahora ninguno de los dos estaba dispuesto a dejarse vencer por el otro.
—¡Yo no te he cogido nada tuyo! —Gritó la chica, cada vez más enfadada— ¡Eres un maldito arrogante y un idiota! Antes de apropiarme de algo tuyo me corto la mano no sea que se me contagie algo de tu gilipollez, imbécil.
—No mientas, se perfectamente que el idiota de Hoffman ha estado aquí y te ha dado mi pistola —Dijo el chico entre dientes, mirándola con odio.
Y entonces Elizabeth cayó en la cuenta. Se había olvidado completamente de la pistola, en realidad, se había olvidado de todo excepto de que, por alguna razón ajena a ella, quería saber algo mas del compañero de trabajo de Garrett.
Elizabeth se llevó la mano a la sien. "Mierda" pensó, ese cretino de Garrett tenía razón, y lo último que ella deseaba en este mundo era sufrir la humillación de tener que admitir su error y tener que aguantar la estúpida sonrisa triunfante de aquel idiota. Ella era orgullosa, y si no fuera porque se trataba de un arma, y ella odiaba las armas, nunca hubiese admitido su falta. Pero al ser un objeto que podía llegar a ser mortal, decidió ceder. Además sabía de sobra que Garrett era un capullo irrespetuoso, y en cuanto ella se despistase entraría de nuevo en la habitación para rebuscar entre sus cosas. Así que no le quedaba más remedio; tendría que tragarse su orgullo, por más que aquello le doliese en el alma.
Se encaminó hacia la mesilla de noche que había al lado de su cama, con la cabeza bien alta, y le dio a Garrett la bolsa de papel marrón que hacía un par de horas le había entregado Daniel. Su mirada no denotaba vergüenza, se obligó a sí misma a mirarlo orgullosa e impasible, era una cuestión de principios.
—Ahí tienes —Dijo con frialdad, sin mirarlo—. Tu estúpida arma.
Garrett abrió la bolsa y observó su adorada Glock. Una media sonrisa de superioridad se dibujó en su cara. Miró a Elizabeth y su sonrisa se ensanchó.
—¿Así que no la tenías, verdad? —Garret emitió una risa despectiva— La próxima vez que sientas el impulso desenfrenado por poseer una parte de mí, aguántate, no me gusta que contaminen mis cosas.
La chica apretó los puños y lo miró directamente a sus ojos azules, sonriéndole con sorna.
—No me he molestando en tocar tu asquerosa pistola, Strauss, así que si pretendías hacer de ella un objeto de culto por tu clarísima atracción hacia mi persona, que sepas que no tiene valor alguno.
—Sólo eres un mero parásito en este piso —Musitó el joven entre dientes, mirándola muy fijamente—. Ya veremos cuanto dura tu estúpida plaga.
—Todo lo que tardes en marcharte de aquí, porque yo no pienso moverme —Replicó ella, desafiante— Y ¿sabes? No se si te das cuenta de que soy mujer.
—Sí ¿Y qué con eso?
—Que cuando tu vas, yo ya he vuelto dos veces, ventaja femenina —Elizabeth sonrió con superioridad—. Ya veremos quien tiene que marcharse finalmente.
El policía frunció el ceño, le ponía de los nervios que aquella cría estúpida se atreviese a chotearse de él con aquella guasa tan descarada. Cada vez que ella le decía algo parecido, le contestaba con aquel desparpajo o le contradecía como si tuviese el mismo nivel mental que él, Garrett sentía ganas de estamparle la cabeza contra el suelo, y tenía que hacer uso de todas sus fuerzas para no dejarse llevar por sus impulsos.
—Eres una inútil —Garret rió nuevamente con desprecio—. Al contrario que tú, yo soy una persona madura y no tengo tiempo para estúpidas competiciones de poder. Y menos con una tarada mental.
La chica frunció el ceño y lo empujó hacia fuera de su habitación.
—Ojala te mueras, estúpido —Siseó con odio.
—¿Ves? Ya estamos de acuerdo en algo, nos deseamos el mismo destino.
Las mejillas de Elizabeth se pusieron rojas de la furia.
—¡Que te den, capullo! —Y le cerró la puerta de la habitación en las narices, dando un sonoro portazo.
—¡No te atrevas a dejarme con la palabra en la boca! —Bramó él desde fuera, dando golpes a la puerta. Pero tras no conseguir reacción por parte de ella, desistió de su tarea.
Malhumorado, sacó su pistola de la bolsa, la inspeccionó cuidadosamente para asegurarse de que la mema de Elizabeth no le había causado ningún mal, y se la guardó en la funda que llevaba en el cinturón. Se dirigió hacia su cuarto y cerró la puerta con tanta fuerza que hasta Harry se asustó y salió fuera.
—¿Pero que narices pasa? —Preguntó el chico.
Spike, que miraba tranquilamente la televisión, no se molestó en voltearse.
—Elizabeth tenía la pistola de Garrett —Explicó, llevándose la botella de cerveza a la boca, con calma, y dándole un trago, sin apartar le vista de la pantalla.
Harry puso una mueca y dirigió su mirada hacia la habitación de Garrett.
—¿Y no se han matado? —Preguntó sin dejar de mirar la puerta, la cual juraría que incluso temblaba del golpe.
—No, todavía no —Contestó Spike, sin perder su compostura relajada y su gesto indiferente—. Pero no tardarán mucho.
Harry era un muchacho aplicado, lo había sido siempre. Pertenecía al grupo de personas tranquilas que siempre intentaban ser objetivos y no perder los nervios, pero cuando se trataba del estudio, todos sus libros de autoayuda y relajación resultaban totalmente inútiles.
A mediados de noviembre ya estaba agobiado con un sin fin de trabajos y exámenes. Le quedaban dos años para graduarse y pasar el examen que debía hacer para poder cursar la especialidad; y Neurología, la rama de cirugía que quería cogerse, era la que más nota pedía para poder entrar. Y él estaba hecho un manojo de nervios. Además, en un par de años entraría a hacer prácticas en algún hospital, y él en lo práctico no resaltaba mucho. El compañerismo no se le daba especialmente bien, no tenía un don de gentes demasiado desarrollado y el tener que enfrentarse a un hospital en ebullición le aterraba. Todos aquellos pensamientos solían aflorar de su interior cuando estaba cara a los libros y su tiempo de estudio se veía truncado por aquel odioso sistema nervioso suyo que siempre lo traicionaba.
Y por si fuera poco, tenía que ayudar a los inútiles amigos de Kevin a pasar las materias. Y a Kevin, porque todos ellos estaban mucho más preocupados en los deportes que en su carrera universitaria.
La parte positiva de dar clases a un grupo de deportistas sin interés en lo académico era que sacaba bastante dinero, y así no tenía que buscarse un trabajo a parte y podía repasar algunas materias a la hora de explicárselas a los otros.
Aquella mañana había llegado temprano a clase y tras un par de asignaturas, había tenido que explicarle algunos ejercicios de química a Carter Morgan, la estrella del equipo de fútbol, el cual era muy bueno regateando, pero un verdadero lastre en las fórmulas.
Había sido duro, pero valía la pena soportar a aquel idiota durante hora y media a cambio de cincuenta dólares. Un buen negocio.
Se dispuso a buscar un par de libros sobre neurología, hacía tiempo que había comenzado a empaparse sobre el tema, le gustaba estar preparado. A Harry le gustaba nutrirse de información y cultura. Tenía interés por las cosas, por aprender y por llenar su cerebro de conocimientos, y si éstos estaban relacionados con aquello a lo que deseaba dedicar su vida, entonces su interés natural se incrementaba.
Se paseó por los pasillos de la biblioteca hasta encontrar lo que estaba buscando, una vez localizado el libro, subió una pequeña escalera para llegar al estante mas alto y poder cogerlo. Al bajar, se topó con la peor de las sorpresas.
—Bucket —Afirmó Harry poniendo una mueca de asco.
Melanie Bucket era una de esas chicas insoportablemente superficiales, capitana de las animadoras, una niña de papá sin mucho cerebro en cima y con un exceso de sadismo, frialdad y ambición que lograban ganarse el desprecio de cualquier ser humano con un mínimo de principios. Eran del mismo pueblo, se conocían desde el instituto y habían tenido la mala suerte de coincidir en la misma universidad.
Melanie y él nunca se habían hablado hasta noveno curso, ella era una chica popular y sin muchas luces que él despreciaba; y él uno de los miembros del club de ciencias, alguien a quien no valía la pena prestar atención. Pero cuando Harry comenzó a salir con una de las amigas de Melanie, Lucy Reid, la primera se puso hecha una furia, alegando que era inaudito que una de sus mejores amigas estuviese con un empollón como él, declarándole la guerra al chico.
Y la mala relación había durado hasta entonces.
La muchacha lo miró de arriba abajo, con su habitual y desesperante caída de ojos, y respiró profundamente.
—Smith —Dijo con una nota despectiva en la voz— ¿Qué tal te va todo?
La chica sonrió y Harry frunció el ceño, cada vez que Melanie Bucket sonreía así, alguna catástrofe estaba a punto de suceder. Quería algo, y él lo sabía. Melanie no le sonreía, Melanie no le preguntaba por su estado y, por descontado, Melanie no solía hablarle jamás, y si lo miraba alguna vez era solo para dirigirle alguna de sus muecas de desdén.
—¿Qué quieres? —Inquirió él a la defensiva.
—Smith, cualquiera diría que estás pensando mal de mí —Respondió la chica fingiendo estar dolida—. Con el tiempo que hace que nos conocemos.
Harry rodó los ojos, aquello tenía que ser una especie de broma.
—¿Qué quieres? —Repitió en el mismo tono.
Melanie sonrió con nerviosismo y se acercó a él, peinando su pelo rubio con su mano derecha. Se contoneaba, moviendo sus caderas con soltura. Melanie era alta, esbelta y rubia. Todo piernas, decían algunos, y Harry también lo pensaba: la largaria de sus piernas era invérsamente proporcional al tamaño de su cerebro, algo que no dejaba en muy buen lugar a su inteligencia. Melanie parecía intentar adoptar la pose que utilizaba para camelarse a los jugadores de fútbol, pero de Harry sólo consiguió sacar una mueca de hastío.
—Tu y yo nos conocemos desde hace tiempo…¿verdad?
Harry enarcó una ceja y la miró con desconfianza, aquella voz melosa y sus movimientos e indicaban que la chica estaba tramando algo en aquella maléfica mente rubia. ¿Qué querría aquella estúpida ahora? Nada bueno, eso seguro.
—Verás… tengo... —La muchacha respiró hondo, parecía que se estuviese dejando la vida en decir aquello— Tengo un problema... —Lo miró a los ojos— Tengo un uno en química.
El muchacho alzó las cejas sorprendido e intentó reprimir, sin éxito, una sonora carcajada. Melanie frunció el ceño, furibunda.
—¡No tiene ninguna gracia idiota! —Exclamó bastante ofendida.
Harry siguió riendo abiertamente. Después de pasarse media vida despreciándolo por preocuparse por sus estudios en lugar de estar pendiente de vanalidades estúpidas de adolescentes, por no ser un joven egocéntrico que solo sabía mirarse a los espejos; y por no estar, según ella, "a su altura". Ahora, paradójicamente, le estaba pidiendo ayuda, tenía la necesidad de recurrír a él. Melanie Bucket le estaba confesando a Harry Smith que había sacado la peor nota posible en una asignatura de la universidad, evidentemente para pedirle ayuda, no había que ser muy agudo para deducirlo. Y él, sin poder ni querer hacer nada por evitarlo, reía de buena gana. Se reía de ella, de su desgracia e intentaba, inconscientemente, hacerle pagar con aquella burla todos los años de desprecio que ella le había dedicado.
Harry no pudo más que reír y disfrutar de aquel momento, seguramente uno de los más placenteros de su vida, regocijándose con cada arruga que le salía a la chica en el entrecejo.
—¿Me vas a ayudar o no? —Preguntó ella perdiendo la paciencia.
—¿Y… y por qué debería… debería ayudarte yo? —Harry no podía dejar de reír.
Melanie ahogó un grito de histeria, aquello la superaba totalmente, definitivamente había renunciado a su dignidad para siempre. Tener que rebajarse a pedirle ayuda a Smith era lo último, pero le fue imposible encontrar a otra persona mejor, y todos sus amigos le habían recomendado encararse ante él. Todo su orgullo, sus principios y lo demás a la basura, y aquel friki desgraciado no paraba de reírse. Sintió bullir de furia su sangre y las mejillas algo acaloradas, no estaba dispuesta a sufrir tal humillación.
—Eres…¡Eres un marginado social estúpido! —Le espetó y se dio la vuelta para marcharse.
—Así no vas a conseguir nada —Le advirtió el chico, que pese a seguir sonriendo había logrado controlar su risa.
La muchacha se volteó, puso las manos en sus caderas y lo miró con el ceño fruncido.
—¿Entonces…?
—Tendrás que pedírmelo por favor —Harry estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano para no volver a reír.
Melanie lo miró con odio, para ella rebajarse a algo así era demasiado. Harry no había sido foco de burlas en el instituto por parte de otros alumnos, pero siempre había sido un bicho raro más preocupado por sus notas que por su vida social y ese bicho raro se había atrevido a intentar formar parte de su grupo social saliendo con una de sus mejores amigas. Por tanto, ella tuvo que encargarse personalmente de poner a ese bicho raro en su lugar, aunque por ello quedase como alguien sín corazón. Por eso mismo, tener ahora que recurrir a él era, sin duda, algo fruto de la más grande de las desesperaciones, era humillante, en su totalidad, pero no podía pedírselo a nadie más. Todo fuese por aprobar la materia.
Intentó calmarse, necesitaba aprobar aquella materia, Melanie se estaba haciendo adulta y pese a su inmadurez nata comprendía que habían cosas más importantes que el orgullo o las peleas de instituto, una de ellas era pasar de curso. Así que no le quedaba más remedio.
Respiró hondo y se preparó para hacer algo que nunca, ni en sus peores pesadillas, habría imaginado hacer.
—Por favor, ¿podrías darme clases de química? —Musitó a regañadientes, diciendo muy lentamente las palabras, como si se las estuviesen arrancando de la boca.
—¿Cómo has dicho? —Preguntó el chico, divertido— No te he escuchado bien.
—He dicho…—Melanie tragó saliva y habló más alto— Que si podrías darme clases de química, lo necesito. Por favor —Añadió al final.
Harry se la quedó mirando, le divertía mucho todo aquello, ella se había pasado una buena parte de su adolescencia (y de su estancia universitaria) haciéndole la vida imposible por razones desconocidas e injustificadas, y ahora él tenía el poder de devolvérselas todas juntas. Pero Harry Smith no era de esos, en el fondo era una buena persona, alguien con demasiada conciéncia. Además, podría planear una venganza mejor si le daba clases particulares.
—Está bien —Dijo finalmente—. Pero no te saldrá barato.
—Tengo dinero de sobra —Repuso la chica como si fuese una obviedad.
—Tengo un hueco los viernes por la noche.
—¿¡Los viernes!? —Melanie se alarmó— Sabes, la gente con vida social sale los viernes.
—Pero esa gente con vida social aprueba química —Replicó el muchacho con calma—. Aunque si no quieres puedes buscarte otro tutor, por mí no hay…
—Está bien —Dijo resignada— ¿A qué hora?
—A las nueve, de nueve a diez y media.
En realidad Harry tenía un par de horas libres los jueves, pero le apetecía frustrar los planes de Bucket de salir los viernes, aunque solo fuera por divertirse viendo su cara de fastidio.
—De acuerdo.
Melanie suspiró y se dio la vuelta, alejándose por el pasillo de la biblioteca.
—¿Sabes dónde vivo? —Preguntó Harry alzando la voz para que lo oyera.
Ella se volteó un instante y asintió con la cabeza.
—Todos los deportistas lo saben.
Y dicho esto último, Melanie Bucket desapareció en la distancia. Harry sabía que ella había tenido más de una relación con las estrellas deportivas de la universidad, a Bucket le perdían los deportistas, así que supuso que se le preguntaría a cualquiera de ellos.
Hubiera dado lo que fuera por tener aquella oportunidad de vengarse en el instituto, cuando ella se dedicaba a torturarlo y humillarlo contínuamente, y aunque ahora se consideraba un joven maduro, la tentación de darle un escarmiento a Melanie Bucket le resultaba demasiado agradable, de hecho, llevaba mucho tiempo esperando una oportunidad así.
Sonrió para sí y dejó el libro que había cogido en un estante arbitrario. Tenía algunas cosas en las que pensar, al fín de cuentas aquél día era jueves, y el siguiente sería viernes.
Garrett irrumpió en el despacho de Daniel Hoffman y le dio un empujón, estaba bastante furioso. Sin molestarse en llamar ni en saludar, e dio un golpe al escritorio de su compañero de trabajo, haciendo que éste se sobresaltase.
—¡Eh!, ¿pero que haces? —Se quejó Daniel—. Strauss, se que tienes ápices de violencia preocupantes, pero hay otras formas de dar los buenos días.
—¿Por qué tuviste que darme mi pistola a esa… a esa…?
—¿A Elizabeth? —Preguntó el hombre.
—¡No la llames por su nombre! —Bramó Garret— Es el enemigo, Hoffman, no lo olvides.
Hoffman puso los ojos en blanco y se sentó sobre la mesa de su escritorio, acababa de sacarse un buen vaso de café, de esos de máquina, y estaba removiéndolo con una cucharilla de plástico. Garrett solía ponerse echo una furia siempre que algo se salía de su milimetrada estructura del universo, y no era la primera vez que tenía que lidiar con él en ese estado. La clave era, sencillamente, mantener la calma. Dos no discuten si uno no quiere.
—Estás fuera de tí ¿Quieres una tila? —Le preguntó con amabilidad, esbozando una sonrisa afable.
—¡Deja de tratarme como si sufriera una enfermedad de retraso mental! —Chilló— ¡Esa mocosa idiota ha tocado mi pistola! ¡Mi pistola!
—Yo he tocado tu pistola; nuestra jefa ha tocado tu pistola; hasta un violador tocó una vez tu pistola.
Hoffman le hablaba como si él estuviese loco, y aquello le reventaba. No estaba loco, era Hoffman el que resultaba ser un auténtico imbécil. Le había repetido hasta la saciedad que no toleraba a su nueva compañera de piso, y el muy cretino le daba a ella su pistola. ¿Tan difícil era buscar a Harry y dársela a él? Incluso al memo de Diderot, él le resultaba más tolerable que la idiota de Elizabeth.
—¡Eso no tiene importancia! Esa parásita infernal no puede tocar mis cosas... ¡No puede invadir mi espacio y tocar mis cosas!
—¿Seguro que no quieres una tila? —Insistió Daniel, dándole un sorbo a su café.
—¡No quiero una estúpida tila! —Garrett respiró profundamente intentando calmarse—. Necesito practicar tiro...
Anunció finalmente. Agujerear un trozo de madera solía relajarlo bastante en sus días de mayor estrés.
Se dirigió a la puerta del despacho para salir de allí, no sin antes girarse y mirar nuevamente a Hoffman.
—Mantente alejado de esa… de esa…
—¿De Elizabeth? —Los ojos grises de Daniel tenían un brillo divertido, parecía disfrutar con aquella situación.
—¿Elizabeth? —Inquirió Garrett frunciendo aún mas el ceño— ¿Desde cuando te das tantas confianzas con ella?
—Ella me dijo que la podía llamar así —Contestó su compañero encogiéndose de hombros.
—Te lo advierto... —Dijo Garrett señalando a Hoffman con el dedo índice—. No te acerques a ella, no es de fiar.
—¡Por favor Strauss! —Hoffman dejó su vaso de café en cima de la mesa —No me vengas con tus pataletas infantiles ¿de acuerdo? En primer lugar; soy lo suficientemente mayorcito como para hacer lo que me de la gana, y en segundo lugar; tu no eres quien para decirme con quien puedo o no puedo estar.
Garret se lo quedó mirando fijamente, con los ojos entornados. No era muy bueno con la empatía, pero la antropología era uno de sus temas predilectos, y los especímenes masculinos de su especie no se diferenciaban de cualquier otro macho animal. Una idea cruzó rápido por su mente y no dudó en acusar a Hoffman al instante.
—¿Te gusta, verdad? —Dijo más como una acusación que como una pregunta— Claro… eso es lo que pasa ¡Te gusta!
—Es guapa, no lo niego, está bastante bien físicamente y para aguantarte tiene que tener personalidad —Contestó con suavidad—. Aunque no la conozco lo suficiente para decidir si me gusta o no.
—¡Esa zorra os ha echado algo a todos, un malefício o algo!
—Strauss, eres ateo, tu no crees en lo sobrenatural —Le recordó su compañero con calma.
—¡Cállate! —Le espetó—. Ella no puede gustarte.
—¿Por qué? ¿A caso le gusta a alguno de tus amigos? Si es así no quisiera meterme… me caen bastante bien.
—Pues claro que no, son idiotas pero no tanto.Y no son mis amigos —Puntualizó.
—¿A caso te gusta a tí? —Daniel hizo aquella última pregunta con bastante interés.
Garrett lo miró a los ojos y se quedó estático durante unos instantes, la pregunta le había pillado totalmente por sorpresa. Al cabo, cuando logró reaccionar, optó por sonreír con cinismo y soltar una carcajada.
—Por favor, yo, al contrario que tú y los retrasados de mis compañeros de piso, tengo gusto.
—Entonces no hay ningún problema —Hoffman sonrió—. Estaba pensando en ir a verla y pedirle una cita, para conocernos mejor.
—¡No puedes hacer eso!
—No te gusta...
—¡Pues claro que no me gusta! ¿¡Me ves con cara de sentirme atraído por las mocosas insolentes, maleducadas y sin cerebro!?
—Entonces no tienes por qué tener ningún tipo de opinión en éste asunto —Hoffman se acercó al perchero que había al lado de la puerta de su despacho, cogió la chaqueta y se la puso—. A demás, sólo quiero conocerla, después ya decidiré si voy en serio o no —Sonrió de lado mirando a Garrett—. Nos vemos luego Strauss.
Y Daniel Hoffman salió por la puerta, cerrándola tras de sí, y dejando a su compañero parado, con la vista fija en el lugar por donde había salido, fulminándolo con la mirada.
Primero se colaba en su casa, luego le quitaba la pistola y ahora, si ese imbécil de Hoffman salía con ella, tendría que aguantarla también en el trabajo. Le dio una patada al escritorio, haciendo que algunas cosas cayeran de él, y salió de la habitación hecho una furia. Infinitamente más enfadado que al entrar.
Elizabeth acababa de sufrir una de las insoportables clases de Historia de la Medicina. La historia siempre se le había dado bien en el instituto, nunca había tenido problemas en sacar aquella asignatura, a diferencia de algunas otras, pero por alguna razón la que correspondía al campo de la medicina se le hacía insufrible.
Fue directa a beber agua, necesitaba despertarse un poco, casi se había dormido durante la clase y eso que no tenía sueño. Mientras sacaba una botella de agua de una de las máquinas que habían colocadas en los pasillos de toda la universidad, sonó su teléfono móvil. Lo cogió rápidamente y se lo llevó a la oreja.
—¿Diga?
Pero del móvil solo se oyeron algunos sollozos. La muchacha se extrañó y preocupó a la vez.
—¿Diga? ¿Quién és? —Insistió.
Otra vez la misma respiración agitada y los mismos sollozos.
—¿Hay alguien ahí? —Comenzaba a preocuparse de verdad, si era una broma estúpida no tenía ninguna gracia.
—¿Lizzie?
Era la voz de Lana, que estaba bastante quebrada. A la chica le dio un vuelco el corazón al escuchar a su mejor amiga en tales condiciones.
—¿Lana? ¿Qué pasa, estás bien? ¿Por qué no llamas desde tu número? —Preguntó atropelladamente, bastante preocupada.
—Tengo que… tenemos que… —Lana se echó a llorar desde el otro lado del aparato—¡Josh me ha dejado! —Exclamó rompiendo en un sonoro berrinche— Me he ido de casa.
Elizabeth suspiró aliviada, por un momento se le habían pasado todo tipo de imágenes desagradables de su amiga en algún tipo de lío escabroso. Al menos era algo solucionable y relativamente sin mucha importancia.
—¿Lizzie estás ahí? —Preguntó su amiga, cuya voz parecía bastante afectada— ¿Qué puedo hacer? ¿Qué voy a hacer ahora? ¿¡Que va a ser de mi vida!?
Lizzie decidió actuar antes de que su mejor amiga se pusiese melodramática y comenzase a romper cosas y a gritar frente al piso que compartía con Josh. Porque Lana era muy capaz de eso y de mas cosas.
—Está bien, tranquilízate —Y se apresuró a añadir—. Respira hondo e intenta calmarte. Te quiero en mi piso en veinte minutos, yo voy para allá.
—¡No tardes! —Dijo su amiga a través del teléfono, volviendo a estallar de nuevo, comenzando a llorar sin parar— Por favor.
—Que no, que no tardo, que voy ya mismo. Hasta ahora.
Colgó el teléfono y cerró los ojos, genial, tendría que comprar quilos de helado y asegurarse de que no hiciesen en la televisión ninguna posible película excesivamente lacrimosa. No le molestaba apoyar a su amiga en un momento así, pero Lana era la reina del drama, y ante la humillación que le suponía ser dejada por su novio de dos años, aquello podía convertirse en un espectáculo poco agradable.
Ahora estaba en la primera fase: Depresión post-ruptura. Al menos no había pasado a la psicótico-agresiva, por ahora, porque aquella implicaría el peligro de la vida de Josh.
Aún le quedaban varias clases, pero tendría que saltárselas. Se encaminó hacia la puerta de salida, pensando en cómo lograría que Lana se quedase en el piso unos días sin que aquel idiota de Garret metiese su nariz de por medio, o sus quejas. Algo se le ocurriría, o si no se acabarían matando, aunque habían estado a punto ya varias veces.
Continuará...
Cuando leí éste capítulo antes de colgarlo, me acordé de Melanie. No sabía que la había introducido tan pronto, pero me alegré de reencontrarme con ella. Era un personaje que me gustaba mucho xD
¿Qué os ha parecido?
Dejarme un review es gratis, no cuesta nada. Así que ya sabéis... xD
Gracias por lee :)
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