
Ema y Dain deberán atravesar el Mictlán en busca de aquello que más aman mientras son perseguidos por un anciano brujo que desea conseguir el alma de Ema a como de lugar. Ella descubrirá que más allá de la ciudad y la tecnología, existe un mundo antiguo lleno de criaturas mitológicas y dioses que se enfrentan en la búsqueda de la Flor que puede cambiar su futuro y el mundo...
Rated: Fiction T - Spanish - Fantasy - Chapters: 4 - Words: 11,185 - Reviews: 1 - Follows: 1 - Updated: 01-25-13 - Published: 01-24-13 - id: 3095124
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En sus sueños, Ema podía escuchar gritar a su hermana y recordaba cosas de la noche anterior. Entonces abrió los ojos, no estaba asustada ni alterada, por un segundo pensó que todo había sido una pesadilla, que había despertado en casa, pero no era así. Pronto se dio cuenta de que no estaba allí, levantó su cabeza y pudo ver una mecedora, una mesa de madera y muchos trastes por toda la habitación, estaba acostada en un catre así que se levanto de un brinco, ahora asustada y confundida se quedó parada en medio de aquella sala vacía.
Entró una anciana, de muy corta estatura y cabello largo canoso recogido en una trenza, sus faldas blancas estaban decoradas con bordados de flores y objetos de colores vivos y en su mano llevaba una canasta con algunos pescados y algas. La anciana la vio y le ofreció una sonrisa, puso las cosas en la mesa, se quitó su rebozo y llenó una calentadera de agua y la puso en el fuego, luego se sentó en la mecedora junto a la mesa y miró fijamente a Ema.
- Me alegra que estés bien, pequeña. Estábamos preocupados por ti.- Dijo la anciana tranquilamente mientras encendía una pipa.
- ¿Preocupados? ¿Quiénes? - Se extrañó al no ver a nadie más en la casa - ¿En dónde estoy?
- Estas en mi casa, claro está. Mi hijo te encontró tirada en la orilla de la playa. Él fue a buscar algunas medicinas para ti, estás herida ¿Te diste cuenta? – Le decía la anciana mientras apuntaba con su pipa hacia su pierna izquierda. – ¡Te diste un buen guamazo! – Y soltó una carcajada.
Ema se levantó un poco la falda y se vio la pierna, efectivamente tenía una herida, estaba cubierta por algas atadas a forma de venda y en su brazo izquierdo tenía algunos rasguños.
La anciana la invitó a la mesa, se levantó y sirvió comida en silencio.
- Aun no contesta mi pregunta, señora – Le dijo Ema un poco molesta.
- Me llamo Eney, no señora.
Cuando la anciana se disponía a sentarse de nuevo, entró un muchacho joven, no muy alto, su cara era angulosa y tenía las cejas pobladas en forma de triángulo. Vestía un pantalón oscuro y una camisa de mangas largas.
- ¡Hola, Ema! – La saludó, sus ojos tenían algo muy curioso, uno era de color miel y el otro era negro como su cabello, a Ema le dio la impresión de que ya lo había visto.
- ¿Cómo sabes mi nombre? – Se sorprendió al darse cuenta que ella no lo había mencionado aún. El muchacho se detuvo en seco sorprendido también.
- ¿No se lo has dicho, anciana? – Rezongó mientras ponía algunas cosas que traía consigo en la mesa.
- ¡Acaba de despertar! No tuve tiempo aún. Pero ya que tanta prisa tienes, ¿Por qué no se lo dices tú? – dijo tranquila y agregó unas hierbas a la calentadera.
Ema aprovechó aquel descuido para salir de la casa, esquivó al muchacho y se apresuró a correr lo más rápido que pudo, no se había alejado mucho cuando se dio cuenta que afuera no había mucho a donde ir, al frente estaba el mar, sentía la arena caliente en sus pies descalzos y detrás estaba un muro de rocas de gran altura, no se veía señales de vida en todo el horizonte. La casita aquella era lo único que había alrededor. El sol estaba alto, el cielo despejado y hacía calor. El muchacho salió detrás de ella.
- A menos que seas una buena nadadora o tengas una balsa, no creo que puedas salir de aquí – Le dijo –. Es una isla, entra, no te haremos daño.
El joven le extendió la mano y Ema dudó un segundo, si entraba, no habría otra oportunidad de huir, luego pensó que era ridículo, estaba siendo paranoica. Tomó la mano del muchacho, entraron en la casa y se sentaron a la mesa junto a la anciana quien ya tenía listo el té.
- Éste es Dain, mi hijo – dijo la anciana, y bebió un trago de su bebida muy tranquilamente como si se tratara de alguna reunión familiar.
- Y ¿Dónde estoy? ¿Cómo llegue aquí? – Le peguntó mirando fijamente a Dain.
- Yo te traje, estaba regresando a casa y vi que estabas tirada a unos metros de la playa, herida – contestó – y tu nombre está grabado en el collar.
Ema se quedó pensando un poco. Si, en su collar estaba escrito su nombre, lo hizo en la escuela un día de aburrimiento pero…
- Estaba en casa con mi hermana y mis amigos ¿Qué pasó con ellos?
- No encontré a nadie más cerca, sólo a ti.
- ¿En casa? ¿No viniste aquí por tu cuenta?– le preguntó Eney.
- No.
- El golpe debió confundirla mamá, seguro venía en algún barco y naufragó, la llevaré a casa lo más pronto posible y…
- Ya les dije que no, estaba en mi casa – lo interrumpió Ema.
Nadie podía explicarse cómo había llegado a la playa. Así que la anciana sospechó de ella y decidió no hacer más preguntas. Ema suspiró profundamente, cruzó sus brazos en la mesa y recostó su cabeza en ella, el muchacho se quedó callado, la anciana que llevaba tiempo observando su taza de café la puso sobre la mesa cuidadosamente y se dirigió a su hijo.
- No puede ir a casa todavía, no hasta que sepa cómo encontró este lugar y pueda confiar en ella, tú la cuidarás Dain.
- ¿Qué? ¿Me va a detener aquí? – Reaccionó violentamente la joven – ¡No puede hacer eso!...
- ¿Yo? ¡No soy niñera! Si se queda se quedará a tu cargo entonces, madre – el joven reaccionó igual de violento – Yo tengo que ir con mi hermana y no puedo retrasarme…
- ¡Ah! Llévala con tu hermana entonces. Allí estará segura y no nos estorbará, también puede que el anciano Acat averigüe algo de ella.
Dain no estaba para nada feliz. Su cara reflejaba el berrinche infantil en persona. Hizo muecas mientras digería lo que su madre ordenó y exhaló profundamente…
- Muy bien – se dirigió a Ema -, pero tal vez lleve algo de tiempo, Espero que seas una mujer paciente.
- ¡No iré a ningún lado que no sea mi casa!
- ¡Entonces quédate aquí y muere de hambre! – Amenazó la anciana - yo dejaré la isla por la tarde y no volveré en un tiempo. Espero que sepas pescar.
Ema se sintió ofendida, ella no sabía pescar, sólo había comido pescado enlatado. Tampoco se podría construir un barco y escapar… No le quedó más remedio que aceptar.
- ¿Me llevará a casa?
- Cuando lo merezcas, sí.
Un momento después, Dain tenía todo listo para partir. Se despidió de su madre y salió con Ema, la anciana llamó a su hijo aparte y le dijo algo que Ema no pudo escuchar.
En el camino mientras caminaban por la playa Ema se sintió muy incómoda, ¿Cómo le había hecho para llegar a una isla sin darse cuenta? ¿Y qué tan lejos se encontraba de su hogar? Nadie pronunciaba una palabra. Parecían estar rodeando la isla sin sentido. Decidió que necesitaba saberlo todo si quería salir de allí.
- No me has dicho muchas cosas ¿sabes? – le dijo a Dain.
- ¿Qué quieres saber? Te hemos contado lo necesario, lo demás es cosa nuestra – le dijo con firmeza y un cambio notable en su voz.
Ema lo detuvo para poder mirar a los ojos al muchacho y asegurarse que no le mentía.
- Recuerdo que estaba en una casa, me desmayé y desperté sobre ésta arena… no entiendo.
Dain no sabía qué responder, la verdad es que él tampoco tenía idea de lo que sucedió, creyó que el golpe la habría confundido lo suficiente para que no cuestionara su historia pero no contaba con su terquedad.
- No puedo contarte mucho por ahora, no lo entenderías.
- ¿Por qué? ¿Tienen algo que ver con la Compañía? ¿Se esconden de ella?
- ¡No! Pero no creo que estés acostumbrada a ese tipo de cosas.
- ¡Pues demuéstrame que lo que dices es verdad y te creeré!
Dain se quedó callado y luego le preguntó.
- ¿Has visto una sirena?
Ema ignoró el último comentario de su compañero pensando que se estaba burlando de ella mientras aún trataba de imaginar la manera en que pudo llegar allí. Reanudó su marcha muy decepcionada, estaba totalmente desolado, a excepción de una roca bastante grande en medio del paisaje marino, no había un barco o nada que explique su travesía, ella miraba un punto en medio del agua cuando de entre las olas se asomó una carita y se escondió de nuevo, se talló los ojos pensando que no estaba viendo bien, volvió a enfocar su vista y aquel rostro volvió a asomarse, tímido.
- Tiene que ser una broma… - fue lo único que pudo salir de sus labios.
- Es ella – Dijo Dain y condujo a Ema al mar, hasta la roca que estaba en medio del agua y luego se subieron a ella, estaba llena de musgo y entorpecía el vaivén de las olas.
Del agua se asomó aquel rostro por tercera vez, era pálida de cabello castaño, sus ojos eran muy grandes y negros, tenía la nariz y labios pequeños, salió del agua y se sentó en la roca junto a ellos, su cabello tapaba sus hombros desnudos y desde su cintura se podía ver una enorme cola, justo como en los cuentos que su madre le contaba a su hermana, pero la cola de la Sirena no era de escamas sino de algo parecido a plumas de color plata y desde su nuca se dibujaba una línea de plumas azules muy largas que ondulaban al viento y jugaban con su cabello.
Ema se había quedado muda, no sabía que decir, quería hablarle pero tenía miedo de parecer una tonta si hablaba con alguien que tal vez no entendiera sus palabras. Jamás imaginó que vería a una sirena real frente a ella, era hermosa, ningún cuento que haya escuchado le hacía justicia a la majestuosidad de su presencia. Su cola se balanceaba elegantemente con el viento al igual que su cabello.
- Ella es Musme – se dirigió Dain a Ema – Y ella es Ema – se dirigió a la Sirena.
- ¿Por qué la traes contigo?
- Es una amiga, sólo quería te conociera.
Musme observaba a los ojos con detalle a la chica asustada e intercambiaba miradas con el muchacho.
- Es muy bonita… – la sirena se quedó muda unos segundos y continuó – Debo irme – dijo a prisa y se despidió. Se alejó rápidamente con un aletazo.
Dain llevó a Ema a la orilla y luego se dirigió a ella muy serio.
- Debes disculparla, es un poco paranoica.
- Yo… ¿Por qué se despidió tan pronto?
- E…es porque no encuentra las palabras adecuadas, Le he enseñado un poco el español pero le es difícil… Discúlpame por traerte, ella es muy importante para mí.
- ¿Por qué?
- Es una vieja amiga ¡Olvídalo! Solo te llevaré con mi hermana. Promete que no dirás nada.
- Lo prometo. Pero ahora has cambiado tu tono conmigo, ¿Ya no te molesto?
Él suspiró profundo y confesó.
- Musme sabe muy bien leer los ojos. Ella sabe cuándo puedes confiar en alguien, y te aprobó. Así que creo que volverás a casa pronto, por eso quería que la vieras,
- ¿Y eso es todo? ¿No escondes algo más?
- Pues… La verdad es que después de verte en el festival me dispuse a volver aquí para tratar de hablar con Musme, regresaba a la orilla cuando te vi tirada allí. No sé cómo lo hiciste, no sé cómo llegaste aquí sola. Le mentí a mi madre porque no quiero preocuparla, pensará que la Compañía te envió a espiar y ella no te hubiera dejado viva.
- ¡Yo sabía que te había visto en algún lugar…! – Había recordado el truco de la mariposa en el festival. Era él, estaba segura – ¿Nos estabas siguiendo?
- ¡Oh no!, quiero encontrar la Flor de la Luna eso es todo…
- ¿La qué?
- Flor de Luna, ¿No sabes qué es? Bueno te lo contaré… cuando lleguemos.
- ¿Falta mucho?
- Cuatro días. Hay que tomar el bote más adelante y remar dos días – Dain se veía feliz de molestar a la muchacha – luego caminaremos un día y escalaremos otro.
- ¡Ay no! No me digas eso, ¿No hay otra forma?
- ¿Le temes a las alturas?
- ¿Qué, tienes un avión? – se burló Ema – Si es así, adelante.
- Entonces estas lista.
- ¿Lista para qué?
Pero no terminó de decir aquello cuando comenzó a soplar un viento fuerte y frío alrededor de ellos, entonces los pies de Dain comenzaron a deformarse en patas enormes y pesadas, se hundieron bastante en aquella arena, su cuerpo comenzó a cubrirse de pelo blanco y grueso. Éste era más largo en su lomo que en el resto del cuerpo, La criatura medía cerca de tres metros de altura, su cola era pesada y de su lomo salían algunas plumas oscuras y sus ojos se pusieron de un color casi blanco, sólo se distinguía sus pupilas. Ella no se asustó, pero si se sorprendió de aquello, jamás en su vida imaginó que podría ver algo así. La criatura se agachó para permitir que Ema se subiera, ella no estaba muy segura, sí le temía a las alturas y no sabía cómo agarrarse, él insistió, así que recogió un poco su falda y agarró el pelo de su lomo para sostenerse y cuando lo hizo, Dain despegó del suelo, en un segundo ambos estaban volando sobre el mar. Ema gritaba con horror que se detuviera, pero parecía que Dain estaba disfrutando el hacerla sufrir.
Al cabo de un rato Ema perdió su miedo y comenzó a disfrutar de aquel viaje, era un paisaje hermoso, el viento en su rostro y el mar en el horizonte, los peces salían a saludar dando saltos fuera del agua, así que Dain bajó un poco y con sus patas golpeó el agua. Por un segundo Ema se olvido de todo y se aferró con fuerza a él, no quería volver a tierra…
Por la tarde, cuando el sol se estaba despidiendo avistaron tierra firme, habían dejado la isla atrás y se encontraban en Ameyali, a primera vista daba la sensación de estar deshabitado.
El suelo era rocoso, seco y sin vida, uno que otro árbol seco se levantaba cada tanto. Enormes montañas desnudas se levantaban por todo el lugar dejando espacios escondidos entre ellas. Allí vivía Tabahgi, hermana de Dain quien estaba al cuidado de su anciano suegro mientras su esposo cumplía su deber militar en la Compañía.
Cuando Dain aterrizó cayó rendido al suelo quejándose mientras volvía a ser humano, parecía ser un cambio doloroso.
- ¿Qué pasa?
- Sólo me quedaré un segundo en el suelo ¿está bien?
Dain estaba acurrucado y apenas respiraba, no estaba acostumbrado a viajar por mucho tiempo en esa forma y ya lo había hecho dos veces en un par de días, no había podido recuperarse adecuadamente. Ema sólo podía sentarse junto a él a esperar que pasara…
- Mi hermana vive cerca, detrás de las rocas – señaló un momento después mientras se ponía de pie y guio a Ema al lugar indicado.
Tal como él dijo, detrás de aquellas rocas se podían ver pequeñas casas construidas de ramas y troncos rodeando a una un poco más grande, redonda y más alta, Dain se dirigió a aquella, seguido de Ema. Las casas tenían las puertas abiertas, no eran más que habitaciones, unas incluso tenían hasta cinco camas en el suelo. Había mujeres llevando leña y ropa en canastas, vestían con vestidos largos de manta adornados con una faja de tela a la cintura y collares de oro. Nadie se extrañó de ver a los visitantes e incluso una pequeña saludo desde lejos a Dain mientras entraban a la casa del centro.
Adentro faltaba luz, había varios fuegos al centro de la habitación en un hoyo que servía para cocinar y donde tenían varias ollas hirviendo. En el techo se apreciaba un enorme hueco por donde salía el humo y había mujeres preparando alimentos para todos. Dain se acercó a una de ellas.
- ¿Dónde está mi hermana?
- Hola niño, gracias por saludar. Está en casa con su suegro, se ha puesto enfermo de nuevo. No creo que la libre esta vez - susurró
- Iré a verla entonces.
- Come primero – levantó la voz -, seguro vienes cansado y mira a la niña que traes, tiene cara de hambre. Siéntense, les traeré algo mientras la cena está lista.
Ema no se ofendió del comentario y agradeció eternamente aquel alimento, no había probado nada desde anoche. La mujer no dejó salir a Dain y los sentó en dos troncos frente a una mesa. Puso dos tazas de una bebida caliente en ella y un caldo con algas que no lucía nada mal con aquella hambre.
- Bienvenida seas pequeña. Aquí todas son bien recibidas – dijo sonriente y melosa la mujer rayando en lo hosco - ¿Cuál es tu nombre?
- Soy Ema – titubeó
- Te ves fuerte, seguro serás de gran ayuda con las labores…
Pero antes de que la mujer pudiera continuar de hablar fue interrumpida por Dain.
- ¡Hermana! – gritó y se levantó de su lugar para acercarse a la mujer que acababa de entrar y quien le correspondió con un abrazo.
- Dain, me da mucho gusto verte, ¿Cómo está mi madre?
- Ella está bien, cada día te extraña más.
Ambos se abrazaron de nuevo con ternura, Ema enrojeció un poco y giró la mirada hacia la mesa. La mujer y Dain tomaron asiento junto a ella.
- Es mi hermana, Tabahgi y ella es Ema, es una amiga.
- Es un placer – le dijo la muchacha con una sonrisa, era muy bonita, de rostro jovial y mirada dulce. Tenía el cabello oscuro y recogido en una trenza acomodada en su hombro y su vestimenta era igual al resto de las mujeres, luego se dirigió a Dain más seria - Mi padre está enfermo de nuevo, mandé a Momok con un mensaje para Aleb pero no creo que venga pronto.
- Escucha Tabahgi, vine aquí porque necesito hablar con él. Estuve en el Plomo y creo que la flor puede estar allí y Calli también lo sabe.
- ¿Por qué?
- Porque envió un ejército para allá, eran cientos, los vi cuando volvía. Tal vez planee atacar la ciudad o algo. Seguro tu esposo estará allí.
- Entonces debes estar tranquilo, si él la encuentra no dejará que nada malo le suceda y la traerá a nosotros.
- Yo… lamento decirlo pero no sé de parte de quien está tu esposo.
Pronto se volvió obvio para Ema lo que sucedía. Dain no confiaba en Aleb, él era parte del ejército Nauya, trabajaba para Calli, la mujer que buscaba la flor que Dain trataban de proteger. Pensó entonces en la razón por la cual Eney no había mencionado a su hija cuando estuvo en su casa, probablemente se sentía traicionada por ella, por casarse con Aleb.
Tabahgi se sintió ofendida pero sabía que los motivos eran justificados. Trató de desviar el tema…
- ¿Te quedarás con nosotras, Ema?
- Si, solo unos días… espero.
- Muy bien. Prepararé a papá para recibirlos, esperen aquí.
Y salió molesta en dirección a la casa junto a ellos, Dain entristeció y Ema se sintió incómoda, paso un tiempo sin que nadie hablara, las mujeres continuaban trayendo platos de comida y bebidas calientes al mismo tiempo que los niños entraban a comer también. Cuando terminaron comenzaron a levantar todo y abandonar la cocina. Ema decidió entonces hacer un poco de plática para pasar el tiempo.
- ¿Sabes? He escuchado que todos buscan ésta flor pero, no se aún a que se refieren…
Siendo Dain tan perspicaz, ésta pregunta le hubiera parecido extraña e incluso sospechosa, pocos sabían la verdad de la Flor de Luna, él se lo había contado sólo a una persona, a Jatziri, la mujer que amaba. Pero Musme le dijo que podía confiar en Ema, que al igual que Jatziri no lo traicionaría y sentía que Ema era tan fiel como ella.
- Te lo diré pero no debes contarle a nadie, y me refiero a nadie… - repitió para dejarlo en claro, por si las dudas.
Las mujeres ya habían dejado la habitación y era seguro contarle lo sucedido.
- Lo de la Flor es una metáfora, no es en realidad una flor lo que buscamos, es una mujer, bueno si es una flor pero es una mujer ¿Me explico?
- En realidad no… no lo comprendo – contestó Ema confundida.
- Mi padre te verá ahora – interrumpió Tabahgi a su hermano mientras tomaba asiento – yo me quedaré con Ema, ve.
Dain se levantó de su lugar y salió de la cocina. Tabahgi tomó asiento junto a Ema.
- ¿Tienes poco tiempo de conocerlo? – preguntó sirviéndose té.
- Algo así – contestó sin estar segura.
- Pues te recomiendo que no te confíes mucho de él. Es algo estúpido, no piensa las cosas y te puede meter en problemas, aunque sea mi hermano no lo defenderé.
Eso le pareció algo difícil de digerir a Ema, ella jamás hablaría así de Anel, aunque hasta ahora no había encontrado mucha fraternidad entre sus nuevos amigos…
- Dain te estaba contando la historia ¿Cierto? - Tabahgi continuó... - Se trata de una leyenda muy antigua, sólo unos cuantos la recordamos…
'' Había una familia donde el padre sólo podía alimentar a sus hijos de lo que la tierra le daba. Un día la lluvia se sintió triste y sola. Sentía que algo le faltaba y dejó de caer. La tierra se secó. Todo el pueblo suplicó a Acat, Señor de la lluvia por agua, pero él no escuchaba. Las familias poco a poco comenzaron a sufrir hambres. El anciano mantuvo a sus hijos con mucho esfuerzo y trabajo. Todos los días salía a buscar agua para regar sus cultivos… Cuando los hijos crecieron se marcharon y abandonaron a sus padres, fueron malvados y los ancianos se quedaron solos y tristes. La Luna que los observaba en el cielo se sintió conmovida por su fortuna y brotó del suelo una hermosa flor de pétalos blancos que les hiciera compañía, cuando los ancianos la vieron se sintieron afortunados y al acercarse descubrieron que la flor estaba cerrada y entre sus pétalos ocultaba una hermosa bebé, morena de piel y cabello como la noche. En ese momento la lluvia cayó del cielo como regalo, pero no lo hizo de nuevo. Por eso nombraron a la niña Yunuen, significa ''Flor pura bajo la lluvia''. Cuando la niña cumplió quince años y vio que la lluvia seguía triste, tomó una mariposa y la besó, luego la soltó esperando que su regalo fuera recibido. El señor de la Lluvia se sintió tan feliz que la lluvia comenzó a caer de nuevo en abundancia. Dicen que si le susurras un deseo a una mariposa, ella se lo dirá a Tláloc y se cumplirá.
- Es una historia hermosa, la había escuchado pero era algo diferente. Y ¿Qué pasó con ella? ¿Por qué la buscan?
- Ella sólo desapareció, nadie sabe cómo o porqué. La lluvia dejó de caer de nuevo, así que Tláloc vino a la tierra a buscarla, la buscó hasta que envejeció, pero no la ha encontrado.
- ¿Sigue vivo?
- Sí. La Luna le dijo que ella seguía viva pero su cuerpo no, su alma necesita ser despertada. La lluvia depende de la felicidad de Tláloc, y Yunuen le da esa felicidad por eso es importante que la encontremos, la gente está muriendo de hambre porque ya nada se da en la tierra…
- Lo sé. ¿Pero qué tiene que ver Calli y la Compañía en todo esto?
- Calli tiene un acuerdo con ellos, ella les da las armas y a cambio ellos buscan la Flor…
- ¿Y ella qué gana?
Tabahgi fue interrumpida en ese momento por Dain, quien le pidió a Ema que lo acompañara a conocer al anciano suegro de su hermana, Acat. Ella aceptó y se levantó de la mesa, era muy noche ya y los niños estaban en sus camas dormidos, las mujeres cerraban las puertas y apagaban las lámparas. Guiaron a Ema a una de las casas, dentro había una cama donde se encontraba un anciano. Se veía delgado y canoso, sus ojos eran casi blancos y carnosos, por la ceguera que conlleva la vejez. Estaba recargado en almohadas intentando mantenerse sentado, los jóvenes se sentaron a su alrededor: Tabahgi a sus pies, Dain a su izquierda y Ema a su derecha.
- Esta es la mujer… - le dijo Dain con respeto – ella viene de Kanau y se quedará aquí. Es algo terca pero es buena.
Ema se sintió ofendida, pero sus pensamientos fueron interrumpidos cuando el anciano comenzó a temblar y a jadear, Tabahgi se apresuró a ayudarlo y le dio un poco de agua pero el anciano la rechazó y susurró un nombre…
- Yu…nu…en… Yunuen – mientras apuntaba con su temblorosa mano a la muchacha.
Tabahgi no lo entendió y miró a Ema extrañada, había alterado al anciano quien trataba de incorporase, suspiraba fuerte y repetía el nombre una y otra vez. Dain decidió sacar a la muchacha deprisa y la llevó a la habitación de su hermana mientras Tabahgi recostó a su padre y cuando se tranquilizó regresó con Dain y Ema.
- ¿¡Quién eres!? – le preguntó enojada mientras le tomaba del brazo con violencia.
- ¡Déjala en paz! – separó Dain a su hermana de Ema quien había comenzado a llorar y no sabía qué hacer.
- Él jamás se había puesto así, ella lo alteró – gritaba y señalaba - ¿Por qué la trajiste?
- ¡Apareció en la playa, quería que tu padre me lo explicara, y me pidió verla! – le contestó a gritos.
Ambos comenzaron a discutir acaloradamente en alguna lengua que Ema no entendía. Tabahgi la señalaba y gritaba cada vez más fuerte.
Súbitamente un ruido de agua cayendo envolvió el lugar y dejó a los hermanos callados…
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