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¿Por qué todos mis logros se volvieron rutina?, ¡Oh, no lo sé!, pero quisiera saberlo, porque no me gusta hallar la paz en la calma; prefiero buscar la guerra, para nunca pensar en lo que no debo.
Sólo sé que durante mi vida nada la logrado saciarme, mi cuerpo y alma siempre exigen más... y yo, tengo miedo de conformarme.
Aplasto el clavel blanco que traigo en mi palma, quisiera que su color fuera rojo, pero no se puede, porque estoy en un velorio; es el funeral de mi hijo.
Respiro con inseguridad y me aseguro de acomodar los lentes oscuros que portan mi rostro, no quiero que la sociedad vea mi expresión, podrían creer que soy una madre desnaturalizada... quien sabe, tal vez lo sea.
¿Qué si porqué murió?, ¡No me lo pregunten!, no lo sé con precisión, dicen que lo atropellaron, yo estaba jugando un importante partido de golf en esos momentos.
Veo y siento un ambiente pálido y triste, estoy en el templo, diciéndole a mi niño el último adios; sé que estoy en misa, pero no rezo, no quiero despedirme de Sergio, porque las despedidas, también son rutinas.
Muchas personas se acercan a mí para darme el pésame "Lo sentimos, Gloria" me dicen con seriedad, yo asiento y les doy las gracias, tal vez no de corazón, pero sí de educación. Me gusta saber que los conocidos no me olvidan, con eso es suficiente.
Ahora estoy en el panteón, frente a su tumba, la tierra cubre su ataúd, entonces arrojo el clavel que traía hacia donde yace su pequeño cuerpo... ¡No sé que me pasa!, siento que mis ojos se llenan de lágrimas, pero no voy a llorar por él, sólo le pediré perdón por no ser quien debí. Mi ex-esposo me mira con nostalgia, sabe que también debe implorarle disculpas a Sergio.
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Tengo 40 años creyendo vivir, pero no lo he logrado, posiblemente no encontré el significado correcto a los conceptos de felicidad y vida, no sé lo que es respirar con facilidad; quisiera relajarme, liberarme y ser como las demás mujeres... me gustaría no darle tanta importancia al pasado, a mi empresa, o a mi vida social; ¡Quiero aprender a abrir mi corazón!, pero no lo haré, ya que sólo así me sentiré única.
Trato de dormir, ha sido un día muy pesado, pero no puedo hacerlo, mi alma quiere desobedecer a mi cuerpo. Mi espíritu quiere llorar, ser débil y embriagarse; sin embargo, yo no obedezco sólo al alma, siempre busco un equilibrio entre mis dos yo.
Escucho que la puerta se abre.
- Mamá... - es la voz de mi hija la que habló - ¿Estás despierta?
Sí, lo estoy, pero no deseo contestarle, no voy a consolarla.
Valeria se acerca a mí, con timidez. Se hinca a mi lado y acaricia mi cabello con sus delicadas manos.
- Tengo mucho miedo - susurra con gracia infantil - no quiero morir como mi hermano... ¡No sin saber si me quieres!, porque, en verdad lo ignoro.
Se levanta y sale del cuarto, dejándome con unos remordimientos enormes. Pero no es mi culpa, no sé como dirigirme a ella, como hablarle y expresarle mis sentimientos; nunca me interesó. Lo lamento, no le diré nada, ella debe saber si la amo, es su deber de hija.
Me levanto de la cama sin pensar en detener la humedad de mis ojos, corro al auto y subo en él.
Me voy a cualquier bar de Guadalajara a expresar mi dolor, a evitar esconderlo... ¡Romperé la rutina de mis pensamientos!, porque por primera vez en mucho tiempo, desobedeceré el odioso equilibrio que me rige en cuerpo y alma.
Autora: CieloCriss
Notas: Ésta es la primera historia original que me atreví a publicar, espero me den su opinión y me dejen un review, sólo así podré mejorar.