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No queda mas que la tinta derramada
y uno que otro poema firmado con tinta sangre,
ésa sangre que mana de las venas
y que se derramó serena
tras la muerte de el ultimo poeta
que ésta tierra carente de prodigios
tuvo a bien dar a conocer.
¿Que cómo fue su muerte?
No sabría decirles.
Yo solamente lo encontre tendido en su escritorio
con la pluma en la mano derecha
y con un arma en la izquierda.
Una poesía debajo de su cara
y una firma roja que decía "te amo".
Se han llevado el cuerpo inerte del poeta
y ha quedado descubierta
aquélla última obra:
"amor, ingrato deseo que llena mis entrañas de sueños,
has provocado mi ira, mi muerte,
has provocado que me aleje de ella",
versos que me lastiman el alma...
Versos llenos de coraje, odio y rencor;
de aquél sentimiento que sentía mío
y que ahora me resulta tan ajeno a mí.
Se ha llevado al poeta mas que el amor
ésa mujer.
Ésa mujer le quito la vida al poeta.
Y viene el recuerdo de aquél último verso
cuando la veo llorar falsamente al profeta de la palabra no sacra,
¡y a mi boca asoma una conjura
y me prometo vengar la muerte de mi amigo, del poeta!
Pero no puedo vengarlo,
por que lo mato la vida y no el amor,
ni siquiera puedo culpar a ésa maldita mujer que lo hizo sufrir.
Tengo que calmarme las ganas de ser por el...
tengo que vivir, mientras muere en su tumba color gris.
Murió el poeta,
murió el amigo...
murió desalmado.
Murió llorando.