Una historia de San Valentín

Iba caminado hacia la casa de su novia un joven de alrededor de 20 años por las calles londinenses. Estaba decidido, esa noche le pediría matrimonio, estaba seguro de que aceptaría, después de todo era San Valentín.

Eran aproximadamente las 8 de la noche y estaba muy oscuro. Antes de llegar a su destino tenía que pasar por un par de callejones solitarios, así que apresuró el paso; entonces oyó un ruido detrás de él, se detuvo unos momentos y caminó más rápido. Tomándolo por sorpresa, sintió que alguien le jalaba y le tapaba la boca con una mano tan fría que habría jurado que le pertenecía a un muerto; trató de soltarse pero el individuo era demasiado fuerte, cerró los ojos y trató de gritar pero apenas él se escuchaba, fue golpeado fuertemente contra un muro, al recuperarse del impacto pudo ver a su agresor, era un individuo de edad madura cualquiera que le viese habría dicho que era una persona normal a pesar de su peculiar palidez, sin embargo, había algo en él que le hacía sudar frío. El joven comenzó a respirar rápida y vigorosamente, esta vez con los ojos muy abiertos, el agresor hizo una señal de silencio al llevarse un dedo a sus labios, entonces se inclinó lentamente hacia el cuello del joven y sintió cómo su fría boca hacía contacto, se sentía como un asqueroso beso, cerró fuertemente sus ojos y trató en vano de no pensar en ello, entonces empezó a sentir que le arrebataban la fuerza, sintió frío y, más que nada, por primera vez en su vida, sintió miedo; comenzó a ver todo negro y perdió el conocimiento.

Se levantó y abrió los ojos de golpe con un respiro vigoroso y sudor en la frente. Ese sueño... otra vez... pensó.

- No se agite, Sr. William... ya despertó- le dijo sonriendo una enfermera mientras revisaba el electrocardiograma que estaba a su lado, cerró su libreta y volteó a verle de nuevo - Trate de relajarse, en unos momentos llegará el Doctor.

Lentamente se acostó de nuevo mientras la enfermera salía ¿Estaba en el hospital? ¿De nuevo?... Tenía que quitarse esa costumbre de andar por los parques hasta quedarse dormido, era muy peligroso, la gente nocturna que se lo encontraba le creía muerto; la mayoría de las veces se despertaba y desaparecía antes de que algo como esto pasara, había sido la 4ª vez en los últimos 5 años, sin contar las 70 muertes que había cometido antes de tener a su compañero, quien por cierto le ayudaba en éstas ocasiones. De algún modo se las arreglaba para descomponer el electrocardiograma y que así pareciera que le latía el corazón. Su aliado no le reclamaba pero le advertía que si se descuidaba podría despertar con la luz del sol o más bien que no despertaría. Pero simplemente no podía evitar esos paseos, caminar pensando hasta cansarse y quedarse dormido, después de todo, había visto cómo su casi esposa se casó con otro y cómo murió enferma, además de ver la muerte de sus amigos y familia dejándolo solo con su triste inmortalidad. Sus pensamientos fueron interrumpidos por un hombre bien parecido con gafas y bata blanca al entrar bruscamente al cuarto, sin verle se dirigió al aparato junto a él comparando algunos datos con una libreta.

- ¿Qué día es?- preguntó William, asegurándose de que aún era la misma noche.

- 14 de febrero- contestó fríamente - Sr. William, me temo que el electrocardiograma se ha descompuesto, la enfermera que lo atiende me informó que hace algunos momentos usted se levantó un tanto... exaltado y el aparato no registró tal cambio de velocidad en los latidos de su corazón; le tomaré el pulso sólo para asegurarme que se encuentra bien.

William se hizo para atrás y trató de distraer un poco al Doctor- ¿Se encuentra bien? Lo noto algo molesto.

El Doctor se acercó a William y le tomó el brazo... suspiró y se lo soltó - Nada, es solo... bueno, ésta iba a ser una noche especial ¿sabe? Le iba a pedir matrimonio a mi novia y recibí una llamada para venir y atenderle- de nuevo tomó su muñeca mientras veía su reloj de mano, empezó a fruncir el entrecejo, tomó su estetoscopio - ¿Le molestaría descubrirse el pecho?- Así lo hizo William.

...Y bueno, tenía que hacerlo de nuevo, no es que le molestara deshacerse de un mortal... simplemente no era su estilo. - Lo siento- dijo en voz baja.

- No se preocupe, no es su culpa- contestó.

- No me refería a eso- Antes de que el Doctor pudiera reaccionar, William le sujetó del cuello, se inclinó hacia este y empezó a succionar toda la sangre; cuando decidió que ya era suficiente, soltó al Doctor y cayó en el suelo como roca; entonces pensó... Dejó escapar una breve risa por la nariz - ¿Y porqué no?- dijo con una sonrisa maliciosa.

Tomó de nuevo al Doctor y por el mismo orificio donde le había succionado la sangre le inyectó un poco de la suya.

Fin