Horror en el casillero N° 5

Esta es la historia, digamos, de Jaime. Aunque nada de esto hubiera pasado sin ese casillero al que todos en la escuela temíamos: el casillero número cinco.

Hay varios rumores acerca de éste. Se cree que si llamas a la criatura cuando te encuentres dentro del casillero se abre una puerta oculta que desprende una luz hipnótica, así es como te atrae y te atrapa. Unos dicen que lo que sea que encuentre ahí adentro te aprisiona por puro sadismo hasta que mueras de hambre o de miedo. Otros dicen que te descuartiza y deja tu sangre regada y por eso huele tan raro. Sin embargo lo único cierto es que hace mucho tiempo, cuando recién llegaron los casilleros, a un niño llamado Louis de tercer grado de primaria se le asignó el número cinco.

Cuentan que en una ocasión, cuando Louis estaba ordenando su casillero por cuarta vez en el día, llegaron tres niños de sexto grado y encerraron al pobre Louis después de molestarlo y robarle sus lentes. A pesar de gritar y amenazar con acusarlos con la directora, los chicos no prestaron el mínimo interés en su advertencia y lo dejaron maldiciendo a los pasillos desiertos. Algunos niños de aquel entonces que estaban en los salones cercanos dicen que escucharon a Louis patear el casillero y gritar como desesperado, y aquí comienza la leyenda: los que se asomaron curiosos por los gritos dicen haber visto que los casilleros comenzaron a temblar, pararon en seco y después, poco a poco, del casillero emanó una luz blanca y cegadora que iluminó todo el pasillo hasta la salida, como un flash de cámara o un rayo… desde entonces no se le ha visto.
Aunque los profesores dicen que solamente se las arregló para desprender la puerta y liberarse, porque evidentemente los casilleros no son de muy buena calidad, pero nadie les cree.

Disculpen el desvarío pero la introducción era necesaria.

Jaime ciertamente no era el alumno más brillante de su clase como solía serlo Louis, de hecho era todo lo contrario. Esta era la segunda vez que tenía que repetir el quinto grado, talvez por eso se le asignó el casillero n° 5 (aquí hay dos opciones, una: que el director se estaba burlando de Jaime; y dos, que se lo asignaron como una advertencia de que si no aprobaba el curso su destino sería muy parecido al del desdichado Louis. Aunque yo apostaría por la primera). Jaime tampoco era la persona más amigable. De hecho le hacía bromas muy pesadas a cualquiera que no le agradara. Incluyéndome.

Hace algunas semanas había dado un discurso al salón del porqué ser niño es la mejor etapa de la vida y al siguiente día encontré copias por toda la escuela con mi rostro en lugar de la cabeza de Barney el dinosaurio. Todo ese tiempo escuché risitas furtivas por los pasillos y en el salón, hasta de mis amigos. No sabía qué hacer, estaba harto y enojado con todos pero sobretodo con Jaime, así es que se me ocurrió cómo vengarme.

Lo había planeado todo. Después del timbre de cambio de clases había un par de minutos para ir al casillero y tomar los libros correspondientes. En ese tiempo, en vez de ir a mi propio casillero, seguiría a Jaime hasta el suyo, se agacharía por sus libros y todo lo que tenía que hacer era empujarlo y cerrar el casillero con llave. En frente de toda la escuela... Era perfecto, era más que perfecto. Sería el héroe de todas sus víctimas e incluso, con un poco de suerte, la leyenda que rondaba por la escuela de generación en generación sería cierta y, talvez, sólo talvez, se quedaría ahí atrapado para siempre.

El timbre para el cambio de clases sonó, seguí a Jaime hasta su casillero, lo abrió, se inclinó para tomar los libros y… a partir de ese momento lo vi todo en cámara lenta. Sé que corrí y que fueron sólo unos segundos, pero así me pareció.

Quedé justo de frente a su ancha espalda. Lo empujé hacia su casillero con todo el frenesí acumulado de las veces que quise hacerle daño y rápidamente lo cerré. ¡Por fin lo había hecho! Sentí mi corazón palpitar rápidamente y una mezcla de incredulidad, alivio y ansiedad revueltas en el estómago, y fui feliz. Ni siquiera me importaron sus gritos amenazadores y casi no sentí las patadas que daba a la puerta del casillero. Salí de mi trance cuando me di cuenta de que todos se detuvieron para observar, así que corrí de nuevo para mezclarme con la multitud, a nadie pareció importarle. Los profesores, al ver el escándalo, llegaron intentando calmar un poco la situación, "¡¿Quién hizo esto?!","A su salón de clases, no hay nada que ver aquí…". Jaime golpeaba con desesperación la puerta del número 5. Entonces, este comenzó a moverse de una manera extraña, demasiado violenta para unas simples patadas de un niño de 5° grado. Todos nos callamos y ya nadie escuchó a Jaime. Una luz blanca y cegadora salió desde adentro del casillero que iluminó todo el pasillo, como un rayo. El tiempo se detuvo en seco, todos lo sentimos…

Con un estruendo salió disparado un niño, Jaime. Pero no era él. Vestía diferente, con unos pantalones arriba de la cintura que apenas le llegaban a los tobillos, dejando ver sus calcetines blancos que no combinaban en lo absoluto con sus prendas, con una camisa a cuadros y el cinturón tan apretado que parecía cortarle la circulación, con unos lentes de fondo de botella y armazón grueso y negro, con un peinado que sólo dejaba algunos cabellos libres en la parte posterior de la cabeza y con una línea divisoria de su peinado exactamente a la mitad.

Nos quedamos en silencio por unos instantes, tratando de entender lo que pasaba, hasta que una risilla en el fondo lo interrumpió. Poco a poco se le fueron uniendo. Todos, incluso los maestros presentes, formaban un coro de carcajadas y burlas dedicado al tipo que les hizo pasar, probablemente, el peor momento de su vida escolar. Todos excepto yo.

Días después del acontecimiento sobraba gente que le preguntaba qué había visto en el casillero. Él se limitaba a contestar con la mirada perdida y una voz átona: "Horror".