PROLOGO

sin fecha...

Hoy lo último de compasión humana que habitaba en mí murió...

Yo ya no sé la razón de esta lucha, solo sé que nací y crecí

con ella, que me ha separado de cuanto ser he amado, que me

ha confinado a vivir entre las chatarras donde aún puedo

alimentarme, que me ha obligado a separar madres de sus hijos,

que me ha hecho el ser que puede jugar con la vida de cientos,

de miles de seres...

Hace tiempo tal demostración de fuerza estaba restringida

para todos, a excepción de fenómenos, ahora es tan común ver

gente así...

Al principio creí que esta guerra no me alcanzaría, estupido

de mí, que sabiendo que cada día que despertaba había un

planeta menos o un sistema planetario menos, inclusive

galaxias enteras desaparecían...

No, tiempos atrás situciones así eran desesperantes, te podían

llevar al suicidio, ahora, era algo de todos los días; y es

que, por cada planeta que desaparecía, aparecían 10 nuevos.

Aún así, lo que comenzo como una guerra sin fin, parecía estar

llegando a su término.

Primero, nacían, crecían, entrenaban, se enlistaban, asistían a

la guerra, y era rara la persona que sobrevivía a su primera

batalla...

Pero al día siguiente de su desceso, ese gran banco de datos, de

sus PROPIOS datos alojados allí en los grandes laboratorios, se

encargaban de que vuelva a vivir, tal y como era, como si nunca

hubiera muerto...

Y nunca se conformaban con que tal cosa pase, cada día surgían

guerreros más fuertes, cada día moría más gente, cada día era

más difícil revivirlos...

Ahora, los pocos que quedan, que no pasan del millón, tienen el

poder suficiente para destruír un planeta ellos solos...

Siempre hubo gente que podía destruír un planeta entero, pero

nunca tantos...

Los científicos de cada bando son el único eslabón que une la

guerra y la vida, sin ellos todos se destruirían y no volverían

a vivir...

Como todos, crecí y me enlisté y ahora soy un militar de primer

rango, la mano derecha del mando supremo.

Escondí lo único que me quedaba y lo que más quería por meses,

un día una batalla cerca de donde se escondía me hizo caer en cuenta

que ningún lugar era seguro, y que lo más seguro era mantenerlo a

mi lado; si... MANTENERLA a mi lado...

Anoche en una gran batalla sostenida entre 5 contra 5, poder

equivalente a 12 millones por lado, cegaron la vida de lo que más he

amado; después de la batalla y por fín ahora, he decidido unirme a

ese bajo y ruín sentimiento que ha alimentado esta guerra desde que

se inició... EL ODIO Y LA VENGANZA SIN LIMITES

Y he entendido por fin el juramento por tantos hecho antes de mí...

¡y no he de decansar hasta ver muertos a los reponsables de la

muerte de mi amada!, ¡NO IMPORTA EL PRECIO!

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SIGUIENTE CAPÍTULO: EL FUEGO COMIENZA A ARDER