Entre el viento y la lluvia eminente de la ciudad a mitad de la noche, se vislumbraba una pequeña figura que trataba inútilmente de protegerse del clima, su nombre era Pedro Rubio. Iba de paso, pero se le había hecho tarde en la cantina y ahora sufría las consecuencias.

Después de varios minutos de estar bajo la tortuosa lluvia, a lo lejos se atisbaba una puerta abierta; se apresuró a llegar a ella y a entrar. Se quitó un poco de agua que le estorbaba en el rostro y al subir la mirada, vio a dos jóvenes mujeres que le miraban dubitativas.

La casa parecía antigua, como de pueblo. A la entrada era visible un grisáceo patio sin techo, y un frondoso árbol en el centro que les protegía del calor primaveral y algo de las estrepitosas lluvias de verano. Alrededor de éste no había mucho espacio, sin embargo les permitía la estancia a un comedor austero de roble, toscamente trabajado, y dos muebles muy rústicos pero en buen estado. Se escondían entre las paredes, una que otra puerta que daba acceso a las recámaras y una a la cocina.

Al parecer las dos jóvenes estaban limpiando la mesa e interrumpieron su actividad cuando él entró. Para su sorpresa, una de ellas le sonrió y le dijo "Buenas noches, ¿buscaba a alguien?" "No, yo... es que estaba lloviendo, y vi la puerta abierta, y..." bajó la mirada y trató de acomodarse el cabello mojado. "Ah... puede pasar, si gusta" "¡Mariana!..." dijo la otra en tono de reproche, "¿Qué importa, Adriana? Que se quede hasta que termine la tormenta" su hermana simplemente se limitó, de mala gana, a seguir con su tarea. "¿Quiere sentarse, señor...?" "Pedro, Pedro Rubio, para servirle" "Mariana, y ella es mi hermana Adriana. Pase usted".

Ella le ofreció una silla del comedor y Pedro se dirigió hacia esta, pero antes de que pudiera sentarse, se escuchó un ruido en una de las habitaciones. "¿Qué fue eso?" preguntó el visitante. Las hermanas se quedaron calladas y viendo al vacío en la vana espera de algo más "¿Crees que sea...?" "¡No, ni lo digas!" y retomó su tarea con más ánimo "¿Qué?" Rubio preguntó algo confuso, mirándolas en espera de una respuesta que no llegaría hasta segundos después "El ánima que vive en esta casa. No sabemos mucho de ella, sólo que se deja ver en las noches lluviosas como ésta. Mi madre me había hablado de ella, pero nunca la había oído hasta hoy." Dijo Mariana como si fuese ameno. Pedro la miró con interés. "No digas tonterías, Mariana" dijo su hermana, aún limpiando la mancha imaginaria de la mesa "aquí no hay ningún fantasma. Vas a asustar a nuestro invitado" "Mientes, tú lo has visto, ¿no?" Evadió la pregunta como absorta en su trabajo. Mariana continuó "Mi madre nos contó que en una ocasión se quedó a dormir en ese cuarto y a mitad de la noche sintió que alguien se subía en su cama, pero volteó y no había nadie. Luego, mi hermano lo vio pasar por este mismo pasillo, sólo oímos cuando cayó desmayado..." "¡Basta!" dijo Adriana tirando el trapo al suelo "¡Basta ya, Mariana! Eso es cosa del Demonio y más te vale cerrar el pico" se persignó y la imitó su hermana, mientras agachaba la cabeza.

Lentamente, Mariana se sentó en una silla cerca de Pedro y le susurró "No le hagas caso, ella es muy miedosa" "¡¡Mariana, por Dios!!" ella se levantó de súbito "¡Mira qué hora es, hermana! Es más de media noche, no podemos dejar que nuestro invitado espere hasta las cinco de la mañana a que la lluvia cese. Dejémoslo dormir aquí, ¿sí?" Adriana suspiró hondo "Sí", dijo simplemente.

Su hermana sonrió como si le hubiesen permitido quedarse con un cachorro que acababa de encontrar en la calle "Sígueme" le dijo a su nuevo huésped. Él se levantó un poco impresionado por la plática e hizo como le indicaron. Mariana le señaló una puerta "Puedes dormir en este cuarto. ¡Ja ja! No te asustes, no pasará nada" dijo al ver la cara de Pedro ante la idea de dormir solo "Muchas gracias" se limitó a contestar con una voz átona y más bien con un poco de miedo.

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"¡AGGH!" Fue lo único que pudo decir Pedro al día siguiente. Se quedó acostado en el piso tratando de recordar dónde estaba. La noche anterior... recordaba que había quedado de verse con unos amigos en un antro del centro. Su último momento consciente fue que estaba encima de una mesa con una botella de tequila en la mano y todos en el lugar gritando "¡¡Fondo, fondo, fondo...!!". ¡Qué nochecita!... ahora, ¿dónde estaba?

Trató de levantarse lo más lentamente posible, abrió los ojos y en el suelo vio un papel, al parecer muy, muy viejo que extrañamente tenía escrito su nombre. Decía: "Sr. Rubio, ha surgido un verdadero imprevisto y nos tenemos que retirar. Intenté, pero me dijeron que no es posible llevarlo con nosotros. Se lo suplico, si alguien llega a preguntar por nosotros, diga que no sabe nada. Mis hermanos y yo le estaremos eternamente agradecidos." ¡Sí, ahora recordaba! Pero... pero no era posible, la casa parecía desierta desde décadas atrás, es decir, la única pintura de lo que quedaba de las paredes era del graffiti. Salió rápidamente del cuarto. Ya no había nada, ni siquiera estaba el árbol. pensó regresó para buscarla: ya no estaba . Salió de la casa tratando inútilmente de olvidar la pequeña aventura de ayer y le dijo al aire: "¡Qué nochecita!, ¡qué nochecita!"

N/A: Bueno, no me gustó el nombre del protagonista. Si tienen alguna sugerencia, ahí abajo le dan click y dejan un review ( Au revoir!