La historia de Lara

2 Actividades de riesgo
Lara corría todo lo que sus piernas le permitían hacia la casa de Cristina. Se encontró con ella en una panadería cercana al instituto.
-Ei, ¿por qué corres?- preguntó Cristina al verla pasar a toda pastilla. Lara se detuvo en seco y miró a su compañera.
-¿Qué haces? Son ya y media, llegamos supertarde- Cristina miró a la jadeante chica no sabiendo si Lara hablaba en serio o no -es a las nueve en punto, no a las ocho y media- dijo y Lara se llevó las manos a la cabeza al darse cuenta de su error.
-Ya me extrañaba a mí que hubiéramos quedado tan tarde- dijo Lara respirando Hondo para que su respiración se volviera normal.
Fueron a casa de Cristina, pues esta aún tenía que hacerse los bocadillos. Lara entró por primera vez en toda su vida en casa de Cristina, era curioso que en más de ocho años que pasó en la ciudad no hubiera pisado nunca esa casa y que nunca hubiera salido con Cristina y que en menos de una semana ya estuviera quedando con la chica.
-Ven, vamos a la cocina- la invitó Cristina. Lara se quedó mirando un momento un portarretratos antes de seguir a su compañera.
-Oye, Cristina, ¿qué ha pasado con Cristina Semitiel? Semi, como todos la llamaban. Cuando me fue erais como uña y carne.
-Lo que pasó es que una puerta pilló el dedo.- Cristina, al ver la cara de incomprensión de Lara, se explicó- Si, la uña y el dedo no se separan del todo, pero acaban mal parados. Semi se fue al instituto los Albares después de que comenzara a juntarse con gente un tanto rara- simulo que esnifaba algo y Lara comprendió.
-Ya veo- fue lo único que alcanzó a decir la chica.
Una vez Cristina se hizo los bocadillos, salieron a la calle, donde empezaba a chispear. Tras hablarlo un momento, decidieron ir de todas formas al punto de reunión para ver si la actividad seguía en pie.
Cuando llegaron, no había ni una sola persona frente al colegio de las monjas, y seguí chispeando.
Esperaron apoyadas en un muro hasta que alguien diera señales de vida. Dos chicas, más jóvenes que ellas, llegaron a su misma acera y se quedaron un poco apartadas de ellas, bajo un toldo para refugiarse del agua.
Cristina y Lara ya estaban pensando en irse cuando un hombre llegó corriendo bajo la débil lluvia.
-¿Venís para la actividad?- preguntó, y Cristina y Lara asintieron. El hombre también preguntó a las otras chicas si iban a la actividad, y estas asintieron- Bien, pues venir allí enfrente- dijo señalando una tienda en la acera de enfrente.
Las cuatro chicas siguieron al hombre hasta el escaparate de un local. En el porche del establecimiento había dos chicos en los que Lara casi no se fijó. Cristina y Lara se apoyaron en el escaparate.
-¿Cómo os llamáis?- preguntó el hombre, y conforme le iban diciendo su nombre, él buscaba en un enorme fajón de folios su autorización.
-Somos muchos ¿no?- dijo irónicamente Lara, y el monitor le sonrió.
-Supongo que la lluvia habrá hecho pensárselo a más de uno.
-Jo, debemos ser tontos, porque nosotros no nos lo hemos pensado- bromeó alguien. Lara se giró para ver al que lo había dicho y se encontró con Francisco Javier que la saludó con la mano.
-Y nosotras medio tontas, puesto que lo hemos pensado un poco- le contestó Lara antes de ir hasta donde estaba Cristina.
-Parece que te llevas muy bien con FJ- dijo la chica dándole un codazo.
-No digas tonterías. Solo nos hemos cruzado un par de veces y somos cordiales.
Estuvieron esperando durante otros veinte minutos a ver si aparecía alguien, pero solo aparecieron seis personas más.
-Los que no hayan venido, tiempo han tenido- dijo otro monitor invitando a las chicas a subir a una furgoneta mientras que los chicos se montaban en otra.
Así, separados por sexos, los llevaron hasta donde se encontraba la ermita de la ciudad, en lo alto de un monte llamado "la Atalaya" que era el pico más alto de Cieza.
Los dejaron desayunar mientras los monitores preparaban el tiro con arco y el rappel. Una vez estuvo todo montado, los llamaron a todos para hacer dos grupos.
Eran doce personas, así que se dividirían en dos grupos de seis, que resultaron estar hechos de antemano puesto que seis de ellos no se querían separar en ningún momento. Así, Lara y Cristina quedaron con las dos chicas que habían llegado más o menos puntuales y con Francisco Javier y con su amigo Ángel. Los dos chicos decidieron que hacer primero: el rappel.
Mientras esperaban a que todo estuviera listo para bajar, Francisco Javier y Ángel se rifaban quien iba a descender primero. Cristina y una de las chicas habían decidido no bajar.
-Oye, ¿y por qué no bajo yo primero?- preguntó Lara, cansada de intentar convencer a su compañera para que hiciera rappel sin obtener ningún resultado.
-¿Has bajado alguna vez?- preguntó Ángel mirándola.
-Pues por lo que he oído de vuestra conversación, más que los dos juntos- contestó Lara con una sonrisa burlona.
-¿Qué pasa? ¿Tienes un rocodromo en tu casa?- cuestionó Ángel mientras su amigo permanecía callado mirando a Lara con curiosidad.
-No, pero he estado bastante tiempo en Nueva Zelanda, y por si no lo sabías, la llaman Las Islas de la Aventura. Si te gusta el riesgo, ese es tu destino.
-¿Y a ti te gusta el riesgo?- preguntó Ángel.
-No está mal, cuando la adrenalina sube... - no acabó la frase puesto que uno de los monitores cogió a Francisco Javier y lo ayudo a ponerse el arnés.
-Prefiero que un tío baje primero- le explicó a Lara como disculpándose- si acaba estampado porque me he equivocado al poner las cuerdas, prefiero que sea mi sobrino a que seas tú.
-De acuerdo- aceptó Lara y miró como el chico bajaba por la pared.
Cuando Francisco Javier tocó suelo, Lara se puso el arnés y se lo ajustó ella sola. Tomás, el monitor que estaba arriba aseguró a Lara y dio un sonoro grito para que el que estaba abajo, sujetara la cuerda.
Lara se deslizó por la pared como una auténtica profesional, hasta que de pronto, en la mitad de la pared, se frenó en seco. El brusco frenazo hizo que las piernas se le resbalaran de la roca y que su espalda fuera a dar contra la pared.
-Oh- fue lo único que alcanzó a decir ante la sorpresa.
-¿Qué ha pasado?- preguntó Tomás a su compañero de abajo- ¿Por qué la has frenado así?
-Yo no he sido- informó Daniel mirando angustiado a la chica- ¿estás bien? ¿Te has frenado tú?- interrogó.
-¡No!- contestó Lara aferrándose con ambas manos a la cuerda,- no he sido yo- aclaró.
-¿Pero estás bien?
-No estoy mal- confesó.
-Respira hondo antes de poner derecha ¿vale?
Lara hizo lo que el monitor el decía y con mucho cuidado fue poniéndose recta, muy consciente del suelo y las piedras al que podía caer. Suspiró aliviada cuando se puso paralela a la pared.
-¿Intento deslizarme otra vez?- preguntó Lara a alguno de los dos monitores.
-Si, trata de seguir bajando- le indicó Daniel, y Lara intentó descender, pero no se movió ni un centímetro.
-¡No puedo seguir bajando!- informó tras unos segundo de forcejeos.
-Mira a ver si puedes saber que es. Tomás ¿la tienes segura?- preguntó Daniel.
-Si. Contestó el hombre desde arriba mientras asomaba al borde para ver a la chica allí colgada.- Mira a ver si una cuerda blanca con rallas azules pasa por el primer mosquetón.
-Si... no... ¿a qué llamas blanco?- preguntó Lara.
-¿¡Cómo que a qué llamo blanco!? Pues al color de la leche, al del papel, el de la cara que se me va a poner como te caigas, ¿es blanco o no?- apremió Tomas.
-Pues es blanca, pero tiene un mate de color mierda; y no hay ninguna raya azul.
-¡Me he equivocado de cuerda!- gritó Tomas horrorizado.
-¿CÓMO?- Daniel estaba espantado- ¿Cómo que te has equivocado?- preguntó casi gritando.
-La he atado a mi- contestó.
-¿Y cómo es que no te has caído tú?- preguntó Daniel cuya voz cada vez se asemejaba más a la de un pito.
-Porque estoy atado a un árbol.
-¿Entonces estás seguro?- preguntó Daniel.
-Si.
-Menos mal- Daniel suspiró un poco aliviado.
-Oye ¡que yo sigo aquí colgada a la mitad!- dijo Lara- ¿me podéis bajar o no?
-¿Tomás?- preguntó Daniel, y su amigo tardó en contestar.
-No te podemos bajar porque para que puedas descender, he de soltar uno de los cabos y suelte el que suelte te caes.
-Vale, pues aquí me quedo- contestó Lara cruzándose de brazos.
-Tranquila. Tal vez no te podamos bajar, pero tú puedes subir- dijo Tomás, y Lara miró la parte de la cara que podía ver en lo alto.
-¿Escalar?
-Si.- Lara miró la pared, era un tramo bastante difícil, puesto que la roca hacia una curvatura hacia fuera, lo que haría muy difícil el ascenso.
-¿Hay otra opción?- preguntó la chica.
-No- contestó Daniel,- yo te aconsejaré ¿vale? Y pase lo que pase, no te pongas nerviosa, Tomás te tienes desde arriba, no te vas a caer ¿vale?
Lara asintió y respirando hondo se dio la vuelta hasta quedar pegada a la pared. Tanteó con sus manos las piedras que había sobre su cabeza para buscar un buen agarre mientras intentaba despejar su mente de todos los miedos que la atacaban. Encontró una pequeña brecha donde podía meter los dedos, después halló una buena repisa para el pie derecho y comenzó a ascender.
Le faltaba tan solo un metro para llegar arriba cuando al apoyar un pie sobre una roca, esta cedió y la chica cayó todo lo que había subido. Algunas piedras cayeron sobre ella.
-LARA- gritaron todos al ver caer a la chica varios metros hasta detenerse en la mitad de la pared con una sacudida.
-¡Lara! ¿Estás bien?- preguntó Daniel al borde de un ataque.
-Mmm, si...- Lara se sujetó a las rocas como pudo y se pasó el dorso de la mano por la frente. Apretó los dientes y se miró la mano. Una roca le había hecho un corte en la frente, y este le sangraba.
-¡Volveré a subir!- dijo Laura decidida girándose para mirar a Daniel.
-¡Estás sangrando!- gritó horrorizado el monitor al verle la sangre en la frente. Parecía al borde de un ataque de nervios.
-No es nada. Volveré a subir.
Esta vez, Lara se fijó mucho más donde pisaba para no hacerlo en falso, y cuando cogió la mano que Francisco Javier le tendía, estaba sudorosa y los músculos le temblaban por la tensión.
En el último tramo el chico casi la cogió en peso y cogida como la tenía en un extraño abrazo casi la arrastró hasta que estuvieron a más de dos metros del borde. Tomás los separó y alzó a Lara en peso hasta ponerla de pie.
-¿Estás buen?- preguntó mirándola de arriba a bajo mientras le quitaba con rapidez los mosquetones y el arnés.
-Si, si, estoy bien- contestó Lara, pero Tomás siguió examinándola con la mirada hasta que dio con la herido en la frente. Le apartó el pelo de la herido y la miró con aprensión. A penas si se la tocó y Lara retrocedió dando un débil gemido.
-Vamos a curarte, anda- dijo Tomás y llevó a Lara hasta la furgoneta. Todos los siguieron salvo Francisco Javier y Ángel que se quedaron un poco atrás, ambos mirando el borde de la caida.
-Me apuesto todo lo que quieras a que tu no subes eso- dijo Ángel mirando lo que había escalado Lara. Le dio una palmada a su compañero ante de ir hacia la furgoneta.
Tomás sentó a Lara en el borde del maletero de la furgoneta y cogió el botiquín de los primeros auxilios. Vertió un poco de agua oxigenada en un algodón y trató de acercar el algodón a la herida de la chica, pero la mano le temblaba, y cuando rozó la herida de Lara, esta soltó un gemido de dolor.
-¿Hay alguien a quien no le tiemblen las manos?- preguntó Tomás a los que se habían congregado a su alrededor. Cristina mostró sus manos que temblaban compulsivamente por el miedo que había pasado cuando Lara había caído.
-A mi no me tiemblan- se ofreció Francisco Javier y cogió el algodón que Tomás le tendía. El chico se quitó la braga que llevaba en el cuello y se la dio a Lara- recógete el pelo con esto- le pidió, y la chica se puso con sumo cuidado la braga. El chico le cogió la barbilla con delicadeza e hizo que Lara mirara hacia arriba para así poder ver mejor lo que hacía.
Daniel llegó a su lado jadeante tras haber subido la empinada pendiente corriendo.
-Vamos al hospital- dijo entre bocanada y bocanada.
-¿Al hospital? ¿Para qué?- preguntó asustada Lara ¿se habría hecho otra herido a parte de la de la frente? Pero ella no sentía ninguna otra...
-Para que te cosa la brecha.
-¿Brecha?- inquirió la chica poniéndose tensa. Francisco Javier se metió en la conversación.
-No es una brecha, tan solo es un corte, Daniel- dijo el chico- y ya está desinfectada- dejó el algodón a un lado y puso sobre la herida una tirita- no es nada, o eso parece.
-¿Te duele?- preguntó Daniel mirando a Lara a los ojos- si te duele podemos llevarte a tu casa o...
-Apenas si me duele- le interrumpió Lara.
-¿Y tus padres no te dirán nada? No serán hipocondríacos- interrogó el monitor.
-Me preguntarán que me ha pasado, pero ya está. Una vez me desollejé parte del muslo y apenas si le dieron importancia porque ya me habían curado, y aquí también me han curado ¿no?
Tras hablarlo un momento, los monitores decidieron seguir con la actividad, aunque pusieron mucho más espero en que nada saliera mal, y para bajar a cualquiera por el rappel tardaban varios minutos asegurándose de que todo estuviera bien.
A ambos monitores les sorprendió que Lara quisiera volver a bajar.
Se pasaron toda la mañana allí alternando el tiro con arco y el rappel, y Lara descubrió de que le sonaba Francisco Javier. Tenía que tener una memoria asombrosa para recordarlo, pero él había estado en el mismo grupo que ella cuando cuatro años atrás habían hecho con la concejalía de juventud una yincana de ciudad. Lara lo reconoció porque al chico le daban ataques de locura y se ponía a correr como Heidi por la pradera. Lara recordaba que se había fijado en el chico, aparte de porque estaba en su equipo, porque era bastante guapo.
Después de comer y de hacer la tirolina, decidieron volver al pueblo, otra vez separados por sexos en las furgonetas. Cristina y Lara ya se disponían a irse, cuando alguien llegó corriendo detrás de ella.
-Ei, Lara- se giraron y vieron a FJ y a Ángel correr detrás de ellas.
-¿Si?
-Que te llevas mi braga- dijo Francisco Javier con una sonrisa.
-Oh, es cierto- la chica se quitó la braga de la cabeza y se la tendió al chico. Se le había olvidado por completo que la llevaba.
-Oye, ¿tenéis móvil?- preguntó el chico poniéndose la braga con una mano y sacando el móvil con la otra.
-Si- dijeron ambas chicas a la vez y sacaron sus móviles de sus carteras.
-¿Desde cuando tienes la tarjeta de memoria del móvil?- preguntó Lara como quien no quiere la cosa. Francisco Javier la miró antes de contestar.
-Pues no sé. Me parece que hace cuatro años que no la cambio. Soy tan gandul que no me apetece copiar todos los números muchas veces- dijo con una picara sonrisa.
-¡Entonces tienes mi numero!- dijo contenta Lara- Espera que te doy un toque a ver si lo tienes- la chica buscó en su agenda el nombre de "FJ Yinc" (de yincana) y dio para llamar. Tardó unos segundo en contactar, y el nombre que apareció en la pantalla del teléfono del chico, la hizo estremecerse: "L tía plasta d yinc".
Lara miró muy dolida el nombre con que el chico la había guardado en su agenda tiempo atrás.
-¡Tengo... tengo que irme!- dijo de pronto guardándose el móvil- me acabo de acordar que quedé con mi padre para...- el cerebro de la chica no pensaba tan rápido, así que se repitió- ¡Me tengo que ir!- dijo, y echó a correr sin dejar tiempo a FJ para que reaccionara y pudiera decir algo.