Añoranza

El día era caluroso.

Eso fue lo que pasó por la mente del joven de cabellos castaños recostado en el pasto bajo la sombra de un árbol.

El verano aún no llegaba con toda fuerza, pero por las tardes la temperatura ya empezaban a llegar por sobre los 35º celcius.

El cielo era de un azul celeste muy profundo y errantes nubes lo surcaban, brillando de in intenso blanco con la luz del sol. Una leve brisa soplaba, trayendo consigo el aroma de la tierra húmeda y el fresco del agua de la pequeña laguna artificial en el parque de la ciudad.

Un suspiro escapó de él y trato de retener un bostezo.

Odiaba las vacaciones de verano.

Había demasiado tiempo libre y muy poco que hacer.

Observó las hojas del árbol bajo el cual estaba recostado y trató de despejar su mente. No quería recordar. No quería pensar en la estupidez que había cometido.

Suspiró de nuevo y se incorporó, recargándose en el tronco del árbol.

"Es inútil," pensó "algún día tendré que enfrentarme con las consecuencia de mis errores".

Rebuscó entre sus memorias el recuerdo que tenía del incidente y sintió sus entrañas retorcerse desagradablemente. De solo pensar en lo que había hecho. Dios. ¡¿Pero que había estado pensando?!

Con una sonrisa un tanto amarga pensó en las razones por las cuales se había puesto la meta de buscar las agallas necesarias para hablar, por primera vez, con completa honestidad con su mejor amigo. Confesar sus miedos, compartir sus puntos de vista, discutir los planes de sus futuros, pensar en el día en que encontrarían el amor. Quería que su amistad no tuviera secretos.

Y entonces todo se vino abajo.

Suspiró con pesadumbre nuevamente y decidió emprender de nuevo el camino a casa. No había sabido nada de su amigo desde que salieron de vacaciones y aún así, antes de ello él le había estado evitando. Podía percibir la incomodidad de su amigo en su presencia y muchas veces sintió como si él desease decirle algo, pero a fin de cuentas el momento nunca llegó.

Lentamente su amigo lo fue distanciando.

Aislado.

Así terminaría de revelar su secreto. Había confiado y había terminado decepcionado. Había tenido la esperanza de que por la amistad que compartían él y su amigo podía confiar y revelar su alma sin ser rechazado después de ello.

Dios. Equivocarse dolía demasiado.

Estaba cansado, sólo quería llegar a casa, comer y meterse en la cama. Sentía un gran cansancio posado sobre sus hombros a pesar de que prácticamente había pasado toda la tarde haciendo nada. No importaba.

Sólo quería dormir.

El destino, al parecer, no le haría las cosas tan fácil nuevamente.

En la puerta de entrada de su casa, recargado sobre las rejas, estaba su amigo.

- Luis...

Una pequeña sonrisa algo forzada se posó sobre los labios de su amigo.

- ¿Qué haces aquí?

- Yo... - El chico desvió la mirada.

El chico suspiró y trató de pasar de largo.

- Gabriel, espera. - Úna mano se cerró alrededor de su muñeca, impidiéndole que se alejara más.

- ¿Qué es lo que quieres, Luis?

Silencio.

- Lo siento...

- ¿Qué?

- Lo siento. Me he portado como un idiota cuando en vez debía apoyarte. - Gabriel sintió parte del peso en su alma levantandose y el alivio que sintió deshizo un poco el nudo en sus adentros.

- Gracias.

Una pequeña sonrisa fue su contestación.

- Entonces... ¿nos vemos mañana? - Preguntó Luis.

- ¡Seguro! - Una sonrisa apareció sobre los labios de Gabriel.

Luis se dio la vuelta para marcharse y antes de que Gabirel cerrara la puerta de su casa, se volvió.

- Gabriel - Llamó. Cuando los ojos de su amigo se encontraron con los suyos, una sonrisa se apoderó de sus labios de nueva cuenta - Yo también...

Y se fue.

Gabriel se quedó largos instantes observando el camino por donde Luis se había marchado.

El sol hacía tiempo ya que había desaparecido tras el horizonte.

N/A: Probablemente escriba más de ellos, si uds. me entienden ;D.

Esta historia puede ser tomada cómo ligero shounen ai, si saben donde buscarlo y, la verdad, ellos me parecen muy lindos xDD.