Silencio

º º º

Las gentiles manos recorren su cuerpo. Despacio, buscando los lugares más sensibles de su piel.

Han encontrado muchos ya. Y la figura recostada sobre la cama cierra los ojos y se muerde los labios para no emitir sonido alguno que traicione lo que siente.

Quiere gritar, y su agonizante orgullo se aferra a la vida. No quiere sentirse débil ante la persona dueña de esas manos que saben toda cicatriz t detalle de su cuerpo, a pesar de que no es la única vez que sucede esto.

Las manos, después de una eternidad, se retiran, y sus ojos se abren para observar a aquella persona que tantas veces ha realizado el mismo ritual.

Ojos claros se encuentran con unos oscuros.

- Esto no puede seguir sucediendo, Gabriel…

El joven siente sus mejillas arder de vergüenza y evita el contacto visual con su mejor amigo, Luis.

- ¡No puedes dejar que él continúe haciéndote esto!

Gabriel se incorpora, aún en silencio, ignorando la multitud de heridas dejadas por los golpes de cinturón recibidos de su padre, quien había vuelto ebrio a casa aquella noche.

- Gabriel… - Llama Luis – No quiero despertar un día y enterarme que él ha terminado matándote.

Gabriel no dice nada. No es necesario. A pesar de su rostro inclinado, oculto, el temblor en sus hombros lo dice todo.

En silencio, Luis observa, sin saber qué hacer.

Y Gabriel llora. En silencio.

Aún en silencio…