-¿Por qué hace tanto frío, mami?- El pequeño estaba al lado de su madre, le tiraba de la falda con angustia...

-Tranquila señora, no se preocupe, salga un momento, por favor.

-¿Mami? Mírame anda... Está oscuro, ¿Verdad? Por qué no enciendes la luz, mami?

-Dios mio, ayúdame, ayúdame, ayúdame, por favor, necesito que me ayudes...- La madre del niño estaba sentada, y él no se separaba de ella.

-Mamá, no me vayas a dejar sólo, abrázame anda...

La madre no miraba a su hijo, no le hacía caso, sólo pensaba en él...

-Ayúdale señor, ayúdale, sálvalo- Oraba y pedía sin cesar, era demasiada su angustia.

-Mami, ¡Pero si estoy aquí!- Se abrazó a su madre, y ésta sintió un escalofrío y dejó de rezar. Miró hacía la puerta, que se abrió en ese justo momento.

-Lo siento, lo hemos perdido...- El doctor, con lágrimas en los ojos, se dio la vuelta y volvió a entrar en el quirófano, no sabía que más decir.

La madre del pequeño comenzó a llorar, desconsolada, frenética, histérica.

-¿Mami? ¿Por qué lloras? Estoy contigo, aquí, nunca te abandonaré, ¿Sabes?

La madre sollozó...

-Mi pequeño, has... ¡Muerto!

Se sumió en un llanto todavía más desesperado, sin saber que su hijito, su niño, realmente estaba a su lado y siempre lo estaría...

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Es un tanto depresivo, lo sé, para qué negarlo. Pero me gustó la idea, la escribí en una servilleta, y aquí está. Dejen review si les gusta, y si no, también.