SOY COMO UN DESIERTO

Gritando tú nombre en este desierto de sueños

Abro los ojos y no te encuentro,

Grito a todo pulmón y no me escuchas

La oscuridad irrumpe dentro de mi mundo,

Opaca el sentimiento confundiendo todo lo que hay dentro.

Esta soledad sabe a veneno, bien servido en una botella de vino fermentado con el paso de los años.

Sin quererlo mis ojos te buscan, mi corazón te busca pero lo único que queda es polvo.

Estiro mi mano y no puedo alcanzarte.

¿Que hacer de mí, frenada ante tanto desconcierto?

Por una sinfonía que solo yo parezco escuchar.

Por algo que solo yo puedo ver.

Por imágenes desvanecidas y deprimentes que mis años de olvido han tratado de pintar, sin lograr más que escribir tu nombre en colores pastel.

Inyectaste amor en otro tiempo,

Sangre a mis venas,

Dulce intoxicación a mi cabeza.

Te fuiste sin despedida,

¡Ángel! un cielo más azul te llamo.

Partiste harto de mis sombras,

de aquellos matices oscuros que inundan mi cielo.

Te fuiste a esa claridad sin saber,

que para poderla apreciar necesitabas de mi oscuridad,

tanto como yo necesito de tu ponzoñoso veneno,

de tu mas mortífera arma nuclear llamada olvido.

Sin quererlo la sed de mis labios ansia un último beso que solo yo puedo sentir.

Mis manos parecen tantear las yemas de tus dedos, pero todo es un reflejo, difuminado en aguas en las que me ahogo.

En aquellas rosas ya solo quedan espinas,

en aquellas tardes veraniegas solo queda lluvia (lagrimas del cielo al que yo no pertenezco.)

En este desierto de sueños… ahora solo hay pesadillas que llevan tu nombre en letra mayúscula.

Recuerdo aquellas noches en que corría de ti,

Ahora lo único de lo que puedo correr es de tu recuerdo (Siempre correré sin llegar a mi meta).

Mi voz te llama,

Mis ojos te buscan,

Mi corazón te grita,

mi alma te anhela.

¿Cómo hacer para huir contigo a esa claridad celeste?

Enséñame a huir de mí, a seguir corriendo ya no de tu recuerdo sino de mi misma.

Lamento los errores, maldigo tu belleza, detesto tus ojos negro carbón que jamás he de volver a mirar.

Odio tu inexistencia, tu partida repentina, tu desaparición.

Pero sobre todo maldigo a los recuerdos (maldigo a mi memoria),

Maldigo a este estupido amor clavado en el centro vital de mi cuerpo.

Es una yaga que desparrama mi sangre, dejándome vulnerable,

Permitiendo que todos sean capaces de ver lo que hay dentro (y me inquieto por ellos, que al mirar no encontraran mas que negros sentimientos.)

Simple, inexplicable, inexacto son palabras que te describen a la perfección,

Tienes todas las características para ser arte.

Para ser mi obra favorita, mi verso más poético, mi canción más recitada, mi poema más entero, mi prosa resonante, mi novela favorita.

¿Pero que ha sido de ti? ¿Qué has hecho de mí?

En esta deplorable condición me encuentro,

Te volviste epifanía, ilusión, mentira…

Aire desvanecido en la primavera,

Hoja otoñal colada en mi ventana,

Lluvia de abril postrada hasta mi puerta.

¿Y que hay de mi; tu mas añorado defecto?

¿Qué hay de mi; tu más oscuro secreto?

¿Qué hay de mí?

De mí ya no hay nada, soy como un desierto…

De mí ya no hay nada desde aquella calurosa tarde en que partiste.

Ahora estoy desintegrada, deshidratada, olvidada, parada en medio de mi propia pesadilla a la que amo,

Bailando a un ritmo discordante,

Lacerando mí corazón con tantas emociones,

Torturándome con el mas bello y oscuro de mis recuerdos; tu.