"Vita" 07/09/2005

Abrió los ojos y la oscuridad penetró en su alma.

Yacía acostado boca arriba. Torpemente, intentó sentarse, pero su cabeza golpeó contra algo que estaba sobre él. Llevó sus manos hacia esa zona, comprobando que parecía madera. Hizo fuerza hacia arriba, pero no logró que se moviera.

¿Dónde se encontraba?

No escuchaba nada, la música que hasta hacía poco había deleitado sus oídos, esa melodía al son de la que había estado bailando... Aquel delicioso vals se había esfumado.

¿Y Vita? ¿Estaba con él? Susurró su nombre, pero no obtuvo respuesta. Los recuerdos de la joven aliviaron su incertidumbre. Estaba tan hermosa con aquel elegante vestido lila... Recordaba sus manos entrelazadas y los ojos de todos los invitados sobre ellos. Aquella dama que daba sentido a su vida, por la que tanto había luchado.

Tenía los ojos abiertos y sus pupilas se dilataban, absorbiendo toda la oscuridad, intentando alcanzar a identificar el lugar donde parecía estar atrapado.

Una vez más intentó levantar lo que supuso sería una tapa, pero fue en vano. Palpando despacio a su alrededor comprobó que aquel recinto estaba acolchado. Se llevó las manos al cuello y pecho. Enseguida reconoció su esmoquin.

¿Qué significaba todo aquello?

Intentó recordar lo último que había sucedido, pero lo único que alcanzaba a distinguir eran gritos y luego un profundo silencio. El mismo que en esos momentos le permitía escuchar los acelerados latidos de su corazón y su respiración agitada.

Intentó levantar hacia arriba las piernas pero el espacio era escaso y no le fue posible. Necesitaba salir de allí sin perder más tiempo.

Sentía el calor acariciar cada poro de su piel y con el aumento de la temperatura incrementaba su desesperación.

"Ayuda" dijo en voz alta, temiendo que el aire comenzara a faltarle. "Ayuda, por favor..." dijo una vez más, aumentando el volumen de su voz.

Pero nadie lo escuchaba.

Lanzó los puños contra la tapa y comenzó a pegar puñetazos, cada vez con más fuerza, elevando a su vez la intensidad de sus gritos, sintiendo como el espacio que le rodeaba parecía hacerse cada vez más pequeño, más estrecho... Inmensamente sofocante.

"¡Por favor! ¿Alguien está ahí? ¡Necesito ayuda...! ¡¡¡Ayuda!!"

El silencio engullía su voz.

Repentinamente un recuerdo irrumpió en su memoria. La voz de su prometida: "Amor, no te vayas, no me dejes... Ahora no, no" Los resuellos de la muchacha estallaban en su mente. No lograba comprender bien lo que sucedía.

De pronto, una mueca impactó en su rostro. El miedo, el pánico, el horror... inundaron cada molécula de su ser.

Su respiración se agitó aún más, sentía que el aire le faltaba, el calor lo ahogaba.

Comenzó a arañar la madera con todas sus fuerzas, gritando palabras sin sentido, cerrando los ojos con fuerza.

Una y otra vez repetía la misma acción. Sentía como sus manos comenzaban a sangrar, como sus uñas se desgastaban y se rompían. Durante horas no hizo otra cosa, el tiempo dejó de existir para él, ya no tenía importancia, lo único que deseaba era respirar, escapar.

Dejó de sentir el dolor el instante en el que comprendió que ya era demasiado tarde.

Nadie lo escucharía allí. Nadie estaría cerca de ese cementerio.

¿Cuánto tiempo llevaba allí? ¿Cuantas horas, o tal vez días? Todos lo estarían intentando olvidar, incluso ella.

¿Y por qué había despertado? ¿Por qué sufría aquel injusto castigo? ¿Cómo era posible que no se hubieran dado cuenta de que no estaba muerto... antes de enterrarlo?

Sin fuerzas ya, intentó abrir la tapa de nuevo sabiendo que no iba a conseguirlo.

Se revolvía, sudaba, lloraba, gritaba, pataleaba... Notaba como sus brazos se entumecían ante el esfuerzo, el aire cada vez se hacía más escaso, más espeso e irreal.

Sin esperanza finalmente y dispuesto a asumir su destino, cerró los ojos.

No había nada que hacer. Lo había intentado, y ni siquiera el recuerdo de Vita había conseguido fortalecerlo para continuar luchando por algo imposible de conseguir... Qué ironía. Pensar en ella no le daría la vida...

Despacio se sumió en un sueño soporífero... del que nunca volvió a despertar, dejando escapar una vida que ya se había creído perdida.