Esto es lo que fui

So many seeds have been sown in the field
And who could sprout up so blessedly, If I had died
I would have never felt sad at all
You will not hear me say I'm sorry
Where is the light, I wonder if it's weeping somewhere
Akira Yamaoka, "Room of angel"

La vida me ha sido negada.

La muerte no me está permitida.

¿Quién soy?

O, más bien, ¿qué soy?

Es una pregunta que siempre me haré; una pregunta de la que tal vez jamás tenga respuesta.

¿Alguna vez has sentido como si no estuvieras aquí aunque lo estés?

Lo sé, es una pregunta extraña y estúpida, debería sentirme avergonzada por pensarla.

Sin embargo… Esa pregunta tiene sentido para mí.

Desde que soy capaz de recordar me he sentido así. Jamás he sido totalmente parte de algo. He tenido una naturaleza enfermiza que me sirve como excusa para aparentar que soy débil aunque sea fuerte. He tenido un temperamento pasional que me permite aparentar ser fuerte aunque sea débil. Si. La naturaleza humana es confusa, o en todo caso, retorcida. ¿Es que soy humana? A veces lo dudo. Soy tan diferente. Tan extraña. Tan poco usual... Que casi resulto normal.

Nunca me he sentido parte de un grupo. Quienes son como yo a veces perciben que su entorno radica allá donde están las sombras, que la muerte es la única salida de su desgracia. La oscuridad es mi casa, siempre lo ha sido, es como un bálsamo para el dolor que causa todo en mí.

Me giro de pronto.

Allí esta. Frente a mí.

A quien más odio.

La he visto crecer día a día.
La veo fingir una sonrisa.
La veo llorar.
La veo amar.
La veo odiar.

Pero yo también odio. La odio a ella, la imagen frente a mí—el cristal.

Yo.

Mi reflejo. Una mentira que se ve en un espejo que no debería estar allí. Ver aquella imagen, mi imagen, me provoca nauseas.

Jamás he estado aquí.

¿Para qué estoy viva... si de todas maneras voy a morir?

Siempre me he mantenido reservada... aunque, alejada de las personas, sería más realista. Lo que siempre he sido... nada. Una sombra, un recuerdo, un reflejo... por eso odio los espejos. Dicen que los espejos reflejan tu alma. ¿Mi alma está muerta? ¿Consumida? ¿Acaso me odio?

Si. Si. Si. Y el saber esto solo me hace odiarme más.

¿Quién soy? Jamás lo he sabido... quizás nunca lo sepa. ¿Sería más adecuado preguntar que soy? Tal vez sí. Sin embargo, temo que eso tampoco llegare a saberlo. Lo real es que si he sentido que no estoy aquí, que en realidad este no es el lugar donde debería estar, si es que debería estar en algún lugar. Aunque parezca que me adapto bien al entorno nunca ha sido así. Las personas... hay quienes logran obtener un sincero afecto de mi parte, si, pero jamás me atrevería a expresarlo. ¿Por qué? No vale la pena. Los sentimientos cambian con suma facilidad. Y, hay quienes llegan a provocarme un odio enfermizo, que casi raya en la demencia.

Siempre he odiado. Aunque una vez estuve cerca de abrirme a los demás, de ser nuevamente feliz tal vez, pero todo cambio demasiado rápido. El accidente se produjo de manera extraña, con el paso del tiempo pensé que mi mente bloquearía aquellos recuerdos, pero aun veo, con terrible nitidez, todo lo que sucedió—o, al menos, la mayoría.

Eso me afecto. Quisiera hacerme invisible a veces. Que pensaran que soy estúpida e infantil y me dejaran en paz... pero no importa lo que haga, el frió raciocinio del que alguna vez me jacté sigue ahí. Para bien o para mal. Quiero mirar por una ventana cerrada, observar como toda la vida pasa de largo dejándome un lado, mirar sin ser mirada. Eso es lo que quiero.

Pero aquí no hay ventanas. Solo colchones blancos, en la pared blanca, una puerta blanca, con un cristal que me permite ver a lo que me he reducido... algo, ya ni siquiera alguien, ni la vaga sombra de lo que alguna vez fui...

La vida me ha sido negada, todo lo que ahora tengo es este cuarto blanco donde la oscuridad reina a veces y me ofrece un pobre consuelo.

La muerte no me está permitida, aunque sería un gesto de compasión dejarme morir, al parecer no tienen intenciones de dejarme hacerlo, mis brazos deseando desatarse de la extraña camisa que los ata detrás de mi espalda, quizás podría intentar suicidarme... pero no, están inmóviles y ya casi no tengo fuerzas para intentar liberarlos.

Me rindo, una vez más.

Y en este vasto cuarto solo quedamos yo... y mi reflejo también.


Pues, ¿personalidad disociada? Probablemente.

Ah, ¿qué les puedo decir? Obviamente no escribí esto cuando me sentía delirantemente feliz y siempre he tenido una facinación morbida por las crisis emocionales (¿mental breakdowns?).