Hola a todos aquellos que lean esta historia, antes de nada debo decir que esta historia no es mia, sino de una amiga. Dado que se liaba bastante con la forma de registrarse y subir capitulos, yo lo hago por ella, asique todas las felicitaciones (o tomatazos) deben ser dirigidos a ella. Ah por cierto su nombre es Veronica, conocida en estos lares como Dakichan

Esta historia trata de Shiori, una joven japonesa, que ya desde pequeña vive el maltrato fisico y psicologico de su padre.

Prólogo

Shiori permanecía sumergida bajo el agua que cubría la bañera hasta casi desbordarse de ella, le encantaba el contacto del agua en ella, se sentía totalmente transparente y los problemas se ahogaban, la soledad salia a flote como cuando expulsaba el aire en forma de burbuja y explotaba en la superficie. Permaneció bajo el agua hasta que no pudo aguantar más la respiración, escurrió su corto pelo oscuro mientras recuperaba el aire hinchando sus pulmones agitadamente y salió de la bañera, puso alrededor de su delgado y alto cuerpo una toalla color azul marino y se miró al espejo, rozó la clavícula izquierda, un hueso roto que estaba tardando demasiado años en curar, la cicatriz ya no era tan escandalosa pero aun dolía por dentro...
Recordó aquella paliza, en la que su padre aporreaba a su madre conta la pared y la insultaba, como las venas de sus sienes estaban encendidas y la rojez de su cara por el enfado y el alcohol, la pobre mujer luchando contra un hombre más grande que ella, un empuje fatal por las escaleras como otras veces. El sonido que oyó Shiori cuando cayó por las escaleras le hizo estremecerse, el golpe la dejó inmóvil al lado del pasillo, cayó como una muñeca rota, malgastada por los años, igual que cuando se rompía una maceta al caer desde un tercer piso, donde la tierra desparramada por los suelos era ahora la dulce sangre roja de su madre saliéndole por la boca y la nariz. La pobre mujer moría, el grito que pegó aquella vez la niña al ver el cuerpo inerte de su madre, hizo enfurecer a su padre, que no reaccionaba ante la inmovilidad de su mujer.
- Tu también quieres… tu madre es una inútil, y lógicamente tu eres una niña inútil- dijo con los ojos bien abiertos a la vez que le rompia la botella de ginebra en su cabeza.
La niña sentía escocer en su cabeza producto de un corte, veía chorrear en su cara la dichosa bebida y la sangre. Se asustó, nunca había llegado tan lejos, viendo como su padre retrocedía y avanzaba hacia ella como un loco, aun con media botella en la mano, avanzaba con largas zancadas hacia ella con la cara más encendida todavía, la agarró del cuello y la alzó asfixiándola
- Papa...me haces daño…grrr...suéltame
- Eres una niña estupida, 13 años de estupidez al igual que tu madre, puta, más que puta- de su boca salía un olor a alcohol que hizo que la joven tuviera una arcada
- ¡¡¡¡Mama ayudame!!!!
- Tu madre no vendrá ayudarte, porque si lo hace ¡¡¡la mato!!!
Empujó a la pobre joven contra la pared y esta cayó al suelo, de repente su padre empezó a pegarle patadas en el estomago, en la cara, mientras que la joven gritaba tapándose el rostro, medio acurrucada en el suelo. Después de que se cansara de pegarle, la agarró del pelo y empezó a estirar de ella, como hacían los vikingos con sus mujeres, y al arrastrarla por el pasillo y por las escaleras, pasó por encima del cuerpo frió de su madre. Pataleaba y gritaba, mientras aun la agarraba por los pelos, el dolor de cabeza de la pobre chica era tremendo, y el sabor de sangre en su boca la hacia agonizar mas, sus lagrimas hacian un cóctel de sangre y alcohol, llegaron a una salita de la casa y allí la tiró de golpe contra una mesa de cristal que se hizo añicos en su espalda
- Papa... ¿qué... te hecho yo?- entonces se levantó poniéndose la mano en el costado
- Ser hija de tu madre, y si no es mía no será de nadie y menos tu.
Se dirigió a un armario y saco un bate de béisbol, Shiori abrió los ojos, y echó a correr hacía la puerta gritando que algún vecino llamara a la policía, entonces su padre le pegó tal golpe con aquel objeto tan duro en el hombro que le rompió la clavícula y este hueso salió del cuerpo.
Lo ultimo que recordó de ese día, era ver su padre asustado en el suelo, pidiéndole perdón, lo que hacía siempre, después de ese suceso, estuvo varios días ingresada en el hospital con costillas rotas, el hombro dislocado y rotura de la clavícula, después de ahí Shiori hizo lo que su madre nunca pudo hacer por miedo, denunciar a su propio padre, llegar a tribunales y condenarlo a mantenerla y a un año de cárcel.
Se vio sola, ¿que haria ahora? ¿Que seria de ella? Tras discutir quien se quedaba con la hija de un maltratador asesino, sus abuelos maternos, que siempre la habían apoyado y en cierto modo sospechaban que su hija fuera siempre con gafas de sol, tapada hasta el cuello, y ahí estaban sus abuelos al lado de ella, su abuela le paso la mano por los hombro
-Vamos hija, vamos a casa