Espero que les guste tanto a mí, ojala en la vida real pudiera ser así y saber con certeza que todos los que amaste vienen a buscarte al final.

"Para vos abuelo, espero que cuando te fuiste los que amaste te hayan venido a buscar." Micaela.

Invierno otra vez by Sidny

Puso la pava al fuego y salió al patio. Miró el cielo nublado tratando de que el viento no se lleve su chal, luchó con él por un par de minutos hasta que al fin logró vencerlo. Hasta ella llegó el recuerdo del día en que su madre se lo había dado; lo había estado tejiendo por dos semanas sin parar, en ese entonces el color era de un azul brillante e incluso le había puesto su colonia preferida. Lo había encontrado arriba de la cama el día de su cumpleaños al despertarse.Miró el color apagado del chal, ahora era casi gris, en muchos lados tenía remiendos ya que pronto cumpliría los cincuenta años.

"Los dos estamos igual- pensó- el tiempo nos ha desgastado y ahora solo somos el recuerdo de los que una vez habíamos sido".

Caminó por el parque mirando las plantas, se acercó a algunas y les sacó las hojas mustias. Cuando se dio vuelta para regresar miró la casa, era la misma casa en la que tanto tiempo antes había entrado como la flamante esposa de Pedro Achaval. Los dos jóvenes y llenos de vida; en ese entonces era una casita preciosa, pequeña pero perfecta para ellos dos.

Con los años llegó la habitación para los chicos, la cucha para el perro (porque los chicos necesitaban un amigo); pasaron los quince de Silvia y los dieciocho de Ernesto, el primer novio, el primer trabajo, la facultad y de repente, casi sin darse cuenta estaban ellos dos solos de nuevo.

Los chicos se casaron y se alejaron, vinieron los nietos que llenaron con sus risas el silencio que se había adueñado de la casa. Edificaron el cuartito del fondo para las herramientas de Pedro y para que tenga un lugar donde trabajar, el lavadero vino después ya que no era una jovencita para lavar agachada.

"La pava- recordó- ya debe de estar pitando". Cuando entró a la cocina parecía una máquina de vapor; apagó el fuego y preparó el mate.

Encendió el televisor para escuchar los chismes de los famosos y que esas voces metálicas llenaran el silencio.Cuando le estaba poniendo la yerba al mate, lo levantó entre sus manos y lo miró. El dibujo del ciervo todavía estaba allí, grabado en la madera, casi desdibujado por el uso.

"El último viaje a Bariloche- pensó nostálgica- este mate lo compramos en Colonia Suiza, Pedro se enamoro del dibujo del ciervo"

Miró por la ventana, afuera caía la tarde cada día un poco más temprano. Podía ver como el viento azotaba las pocas hojas que habían resistido el paso del otoño.

"Otra vez invierno, como lo odio-pensó-; me empiezan a molestar los huesos, me cuesta salir de la cama por las mañanas. Me quedo casi todo el tiempo adentro tejiendo innumerables bufandas para mis nietos y bisnietos"

"Ayy! Pedrito hace tanto que me dejaste, este año Perla la mas chica de Silvia cumple quince años y es tan linda como vos lo pronosticaste "

El viento comenzó a aullar y ella se estremeció mientras aumentaba el sonido del televisor tratando de no pensar en lo que le había pasado la semana pasada.

Estaba acostada leyendo un libro sobre la virgen desatanudos cuando comenzó a oler la colonia que usaba Pedro, esa misma colonia que le había regalado en su primer aniversario y luego se había convertido en un hábito entre ellos.

-Pedro ¿ya volviste?- le había preguntado a la casa vacía, sin recordar que el había muerto ocho años antes.

Esa había sido la primera vez que lo había sentido cerca de ella y cada vez era mas frecuente. Sentía el olor al tabaco de su pipa al volver del supermercado o encontraba la televisión encendida cuando ella sabía perfectamente bien que la había apagado al salir. Incluso unos días después de eso se despertó a la mañana con la sensación de que alguien estaba acostado al lado de ella y hubiera jurado que escuchó la voz de Pedro que le susurraba:

-Ya casi es hora.

Se incorporó de la cama presurosa e increpó a la habitación vacía.

- ¿Para que? Contéstame ¿Para que es casi la hora?

Se autoconvenció de que había sido un sueño, la misma clase de sueño igual al centenar que había tenido con él, pero dudaba, sobre todo a la noche dudaba; porque cuando después del desayuno volvió para tender la cama encontró la almohada de al lado hundida en el centro como si alguien se hubiera apoyado.

También estaban las voces que escuchaba a la noche cuando estaba a costada en su cama, insomne, al principio había creído que era su imaginación pero cada día las escuchaba mas definidas, ayer incluso hubiera jurado que escuchaba las voces de sus padres y de Pedro, riéndose. Entonces había encendido la radio para poder apagarlas.

Por supuesto que entendía que quizás era su mente que cansada le jugaba bromas pesadas, pero eso era durante el día, durante la noche era todo mucho mas difícil. Ni se le ocurría contarle a Silvia, es que es tan pesada con sus "Cuídate " y "no hagas esto o aquello". Y Ernesto estaba siempre tan ocupado con su trabajo que a ella le daba pena molestarlo con sus historias.

El teléfono comenzó a sonar y se levantó para atenderlo.

-Hola ma!- le dijo la Silvia.

-Hola Hijita! ¿Cómo estas?¿y los chicos?

-Todos bien, la Regi esta con catarro, pero Seba la llevó al medico y es solo un resfrío. Así que no te preocupes tu bisnietita esta muy bien. Te llamaba para saber si queres que te lleve algo mañana.

-No, Silvi, ya preparé un tuco para chuparse los dedos.

-Bueno entonces te veo mañana.

-Hasta mañana.

Al día siguiente se levantó y se puso uno de los suéteres que había comprado cuando estuvo en Mar del Plata. Se miró al espejo y se preocupó cuando vio que había una viejita que la miraba desde allí, observó las arrugas, el pelo corto y casi blanco, la piel muy pálida y transparente; y se preguntó que había sido de la joven que había conquistado el corazón de Pedro tantos años antes.

Los chicos llegaron puntuales como siempre y con ellos la casa se llenó de vida; ella ya tenía listos los fideos por lo que se sentaron a comer.

Ella casi se atraganta cuando Ernesto le comentó como al pasar:

-Anoche soñé con papá- ella dejó el tenedor y bebió un gran sorbo de jugo.

-¿Qué soñaste?- le preguntó con la voz ronca.

-Él venía a casa a tomar mate mientras escuchábamos el partido de River, estaba tan lindo y rozagante. En el entretiempo se iba porque te tenía que ir a buscar no se adonde y vos lo estabas esperando.

En ese momento estuvo a punto de contarles todas las cosas que le habían estado pasando pero Perla tiró la gaseosa y el momento pasó.

Después del postre, cuando todos estaban con el café ellos tres se escabulleron a su habitación. Sacó un anillo que había dentro del primer cajón de su mesita de luz y lo sostuvo dentro de su mano, estaba tan frío al tacto.

Miró el compañero que estaba en su dedoy por primera vez desde que Pedro se lo puso en la Iglesia se lo sacó. Cuando se los dio, uno a cada uno, ellos se quedaron mudos.

-Vamos no es para tanto, quiero que los tengan ustedes.

Por un segundo le pareció verlos como cuando eran chicos, a Luisa con el flequillo y dos colitas, a Ernesto con los anteojos y su camiseta de River; cuando pestañeó la imagen se desvaneció.

Luego de que todos se fueron se puso a limpiar ya que el comedor era un chiquero, lavó los platos mientras afuera caía la noche.Escuchó las voces de todos los que alguna vez amó que la llamaban desde el patio.Abrió la puerta y los vio allí esperándola, estaba Pedro, sus padres, su hermano Roberto que había muerto ahogado en el mar, atrás de ellos sus tíos y tías, sus abuelos.

Sus ojos se llenaron de lágrimas y su corazón comenzó a latir alocadamente. Pedro se adelantó y estiró la mano hacia ella:

-¿Estas lista?- le preguntó.

Observó los rostros de los que amaba, ellos estaban allí tal como ella los recordaba.

-Estoy lista.

Alargó la mano y cuando tocó la de Pedro por un instante sintió un agudo dolor en el pecho. Él la atrajo hacia él y la abrazó, todos la rodearon y en sus voces se percibía la alegría; cuando él la soltó ella se miró y se dio cuenta que volvía a ser la joven de 18 años a la cual él le había propuesto matrimonio.

Él viento comenzó a soplar de nuevo y ella se dio cuenta que los levantaba como si fueran hojas secas y los llevaba lejos de la casa; miró hacia abajo por última vez y vio con melancolía a la viejita que descansaba en el piso.

Los otros comenzaron a cantar y antes de perderse en ese canto pensó:

"Gracias a dios...es invierno otra vez"

Fin