La Fabrica Cap 18 -Fernando

Mauricio no dejaba de estremecerse en sollozos que, viniendo de ese muchacho tan fuerte, hacían el dolor más intenso, cualquiera que fuese.

-Andy, Andy, soy yo, Fernando… -La cara de ella acusaba incomprensión.

-¿Oíste todas la noticias? No fue ni la mitad de lo que pasó. Yo, te hablé ¿recuerdas? Ese mero día, quería escuchar tu voz por última vez. Yo era el infiltrado y tenia que sacar unos documentos de la oficina de Stancovich. Casi lo logro. Tenía ya listo documentos después de esperar una semana para descifrar la contraseña. Los imprimí y me vieron, registraron el historial de la computadora y el jefe solo vio el titulo de los papeles supo todo. Yo estaba escondido en esa misma oficina, esperé a que se fueran, y luego corrí por mi vida. Pero me habían emboscado. Corrí por varios pasillos, evidentemente no sabían nada hasta ese momento, porque los guardias de mas abajo me dejaron correr. O tal vez sí lo sabían y por eso me dejaban pasar; para huir ellos mismos... Yo fingía que iba al estacionamiento subterráneo y me desvié cuando los perdí de vista, hasta un pasillo que guiaba a nuestro subterráneo. Luego lo olí. Habían soltado el ácido. La única manera en la que no queda evidencia alguna de asesinato. Y no era la primera vez, habíamos perdido ya a un compañero de este modo, solo que la prensa nunca se enteró. Corrí con todas mis fuerzas. Corrí, cerrando todas las puertas que pasaba en un desesperado esfuerzo por detener al mar. El gas me estaba ahogando pero no dejé de correr hasta la puerta secreta. Ya la veía, estaba a unos metros de mí. Comencé a gritar el código de voz para que me dejara entrar y en eso la puerta atrás de mí comenzó a astillarse. Yo me pegué a la puerta del subterráneo, y el ácido comenzó a entrar, por abajo, carcomiendo en segundos la puerta hacia arriba. Pisé el ácido y comencé a saltar. Mis zapatos humearon por dos segundos y desaparecieron... mis pies siguieron... El censor de la puerta me negaba el acceso debido a los gases tóxicos que ya había en el aire y que me estaban quemando los pulmones. Yo repetí los códigos una y otra vez, luego oí que mis compañeros de adentro estaban diciendo los suyos. Pero fue demasiado tarde. La puerta de atrás se rompió por el peso de tres metros de ácido y la ola de ácido me cubrió. El ardor pudo más que yo y perdí el conocimiento. Ya después supe que la puerta se abrió, después de todo y los del grupo me sacaron del ácido, usando trajes especiales, pues ya sabíamos lo que iba a pasar. Estaba todo quemado y había respirado vapores venenosos. Hicieron todo lo posible por salvarme. El doctor aquí presente se quedó como cuatro días sin dormir. Me hicieron transplantes de la piel, muchos, porque mi organismo no los aceptaba. Hasta que quedé así: Mauricio, como oía que me llamabas aunque quebraba mi corazón saber que no soy yo ahora, ahora soy él. No sabía si me podrías querer ahora que ya no me parezco al Fernando de antes. ¿Po…po…podrías querer a esta persona, que te ama con todo el corazón? Yo… – y Mauricio tuvo que interrumpirse porque Andrea asentía fuertemente mientras que grandes gotas salían de sus ojos.

-¿Entonces…? ¿Aun quieres casarte conmigo?

-Grraro.

Logró decir ella queriendo decir: claro.

-¿Entonces me perdonas? ¿Perdonas qué no te dijera quien era y…? -Otra vez se detuvo él, pues ella había levantado el brazo enyesado y puesto sus dedos sobre sus labios, callándolo.

-Creo que te amo. –susurró él estremeciéndose.

-Gió camgien. (Yo también.)

Fin

Mil Gracias a todos los lectores que hicieron de esta novela una posibilidad.

Karen: ¡Hey! ¡Gracias por alentarme a escribir! ¡Te quiero mucho!

Dany Mej: Bueno, aunque nunca escribiste review, mil gracias por decirme lo que pensabas, ¡espero que leas el siguiente!

Jaimie: ¡Qué pena que ya no te pudiste conectar tan seguido! ¡Espero que por lo menos alcances a leer esto!

Elvira O: ¡Hola, Señora! ¡Muchas gracias por leer! ¡Y perdón por nunca subir capítulos!

Perlita: ¡Jejeje, perdón por cambiar el orden de los capítulos! Pero de ese modo que leíste primero no me gustó tanto... ¡gracias por leer!

Avances del Próximo tomo: La Red

S.A.G.M. se complace en presentar,

un avance de

el segundo tomo de la novela La Fabrica:

a continuación,

La Red

(Óptimus)

(6 Meses después.)

Fernando entró a la sala de rehabilitación, y se tomó un segundo para observar. Las cuatro áreas de colchón estaban ocupadas; niños y ancianos en los primeros dos, adolescentes y adultos en el otro par y todo tipo de gente en el área de los aparatos. Sacó su gafete de visitante y se lo prendió en la camisa mientras se iba a la parte trasera, saludando a uno que otro conocido. Llegó a la zona de la alberca y se asomó con picardía. Allí estaba Andrea, haciendo unos ejercicios raros que consistían en subirse a un colchón inflado que sostenía su terapeuta. Los primeros intentos fueron en vano, pues cada vez que subía el pie, resbalaba con mucho estrépito, y muchas risas.

-¡Vamos Andy! ¡Tú puedes hacerlo! – le gritó

Andrea emergió del agua y lo saludó con la mano. Luego lo intentó otra vez.

-¡Bien! –Dijo él saltando, olvidando a todos los inválidos que lo observaban. Ella le lanzó un puñetazo de triunfo al aire luego lo miró inquisitivamente.

-¿Pasa algo?

-Tenemos que habar. ¿A qué horas acabas?

-En 10 minutos.

-Te espero a fuera. –dijo retirándose antes de que viniera la señorita a decirle que se le había acabado su tiempo. Se salió y esperó impaciente en la puerta. Miró al cielo falso que había en el techo y admiró las nubes hábilmente dibujadas. Luego se sentó en las incomodas bancas de afuera. A los pocos segundos se paró, caminó de un lado a otro y se tropezó con un masetero. Volteó a todos lados, pero nadie le reclamó nada, levantó el jarro de barro y metió la tierra luego recogió las hijas y plantas artificiales y las colocó con cuidado. Eran plantas caras, casi parecían naturales. Pero no olían ni morían.

Estaba en el complejo subterráneo. El Subterráneo verdadero, como todos lo llamaban. Las hostilidades de Rusia eran ahora declaradas. Para defenderse, se había creado un ejército clandestino que varios países unían en secreto, mientras que la diplomacia parecía aceptar todas las propuestas que hacía el nuevo Zar. Una especie de izquierda. Había una sede subterránea, parecida a un bunker, en cada país, gobernada por algún jefe militar y aun no había un jefe general mundial. Cada país se movía independientemente, aunque todos estaban avisados, la comunicación era buena. Pero el tiempo pasaba y se acercaba la hora de dar el golpe unido, pero aun no se había asignado el Comandante en Jefe.

La puerta se abrió automáticamente y Andrea rodó afuera.

-¿Esperas a alguien? –Le dijo interrumpiendo su pensamiento.

-¿Tienes hambre?

-¡Estoy famélica!

-Vamos a la cafetería, hoy hay mariscos, si no me equivoco.

Fernando se puso atrás de ella y la empujó con suavidad. Se metieron al primer pasillo que encontraron y siguieron las señales en cada esquina. Era como una calle, con semáforos y todo, aunque lo único que pasaba por allí eran bicicletas y una especie de tranvía. Aun tenían que ver los mapas porque no estaban familiarizados por completo en el enorme subterráneo.

Pronto llegaron al lugar y pasaron unos minutos buscando la rampa.

-No te apures, puedo ir con mis muletas. –aseguró ella. Él se las pasó y ella renqueó hasta la mesa, mientras que él la seguía con la silla doblada.

Un sonriente mesero joven les tomó el pedido.

-Pizza con espagueti y soda por favor.

-Oye, ¿no veníamos a comer mariscos?

-Es que no tengo ganas…

-También pizza con soda por favor. –dijo él con una mueca de fingido fastidio.

-No tienes que hacer eso... si tú quieres mariscos...

-Descuida. –Dijo él. –Estoy jugando.-

-Oye, ¿es cierto que Mónica y Edmundo traen algo? -Le preguntó él mientras esperaban la comida.

Andrea miró a todos lados y se inclinó conspiracionalmente hacia él.

-Pues, no estoy segura, Moni dice que no, pero yo creo... –Andrea metió el aire de repente y se puso blanca como papel. Fernando (aka Mauricio) Se levantó de golpe tirando la silla y se paró al lado de ella sacudiéndola y dándole cachetaditas.

-Andy! ¿Qué te pasa? ¡Andy, respóndeme!

Por toda respuesta ella levantó un dedo tembloroso hacia la fila que estaba en la caja. Allí estaba un joven alto de pelo café peinado hacia un lado, de ojos color verde: Daniel Hurtado. Andrea se desvaneció.

Poco a poco se fue despertando, se encontró en una salita privada del restaurante.

-Fernando, realmente tengo que internarme en un hospital siquiatrico, te juro que la persona que estaba allí era el fantasma de Dany, y no es la primera vez que lo veo, también lo vi allá en la Fabrica. –dijo Andrea acaloradamente incorporándose en el sillón.

-Andy, -dijo Fernando misteriosamente, -Creo que es hora de decirte algo.

Continuará...

¡Ronaldo Entrenó Valientemente Intentando Eclipsar a William franco!