— Santo Dios, es verdad, somos ellos, ¡no lo puedo creer! —Pero algo en el fondo de Melany le dijo que eso ya lo sabía desde que compro el prendedor. Y que todo lo que había hecho era para poder atraer a Diego. Pero parecía haber sido todo lo contrario porque Diego no se volvió a parar en el museo, lo que le partió el corazón a Melany.

La exposición fue todo un éxito, reunieron una excelente compendio de lo que había sido la historia de aquella ciudad en los 200 años que tenia de vida. Melany se tomo unas vacaciones, para poder desintoxicarse de la magia que había vivido, pero que parecía ahora tan falsa e inducida que no podía ser verdad. Se sentia desintoxicada. Ahora que estaba lejos de Diego no dejaba de extrañarlo y aunque se trataba de convencer de que todo se lo había inventado ella, con su gusto por las historias y claro con ayuda del relicario, no podía dejar de pensar, no, de sentir que un pedazo de ella se había ido con Diego.

A Melany no le gustaba mucho estar en el museo, le recordaba lo que pudo ser, se sentía demasiado triste y las vacaciones no habían surtido un efecto positivo sobre ella, al contrario. Ella sabía que su delirio por Diego lo tenía que dejar atras, pero la duda de lo que pudo ser le hacia sombra día a día en su trabajo en el museo. Un buen día la invitaron a una fiesta en la mansión del lago. Melany no tenia ganas de ir, pero sus amigas del trabajo la metieron en un vestido y la llevaron casi a la fuerza.

Habían arreglado el lugar con montones de foquitos que parecían luciérnagas, las mesas tenían unos centros preciosos con rosas color durazno y en el centro del jardín bailaban las parejas. Melany sintió una fuerte sensación de que ya había vivido eso, sólo que ahora estaba sola. Se levanto de la mesa donde estaba y se dirigió hacia el kiosco que estaba al lado del lago y por largo tiempo se quedo viendo el reflejo de la luna llena en el lago y como el viento acariciaba la superficie de este creando pequeñas olas.

— Perdóname... —dijo una voz— ...no quería creer, y se me olvido que el amor es mágico. —Termino de decir Diego.

— ¿Qué... qué haces aquí?... yo...no... —Diego le cerró los labios con su dedo.

— Creo que lo que debí haber echo desde que te encontré... —de la bolsa de su pantalón saco una cajita— ...la verdad no soy muy tradicional, pero espero que te guste. —Melany la abrió.

— Iv...Diego, esta preciosa...tu si sabes mantener una promesa...

—... Siempre juntos, mi princesa... —Diego le coloco el collar con un diamante en forma de rosa en el cuello. Suavemente Diego se acerco a Melany y la beso bajo la luna llena que iluminaba las aguas del lago.