Los lobos comenzaron a aullar. La luna estaba más llena que nunca y ningún sonido habitaba el aire de aquella noche, iluminada sólo por ella. Unos pasos agitados rompían los sonidos del silencio, tropezando, cayendo, rompiendo ramas... Otros pasos más se oyeron después; acallando a los lobos, los gritos de personas.

El primer corredor parecía escapar de los segundos, pero ¿por qué?, ¿por qué perseguir a un fugitivo a esas horas de la noche? ¿Qué habría hecho que les urgía tanto atraparlo? Sobre todo esa noche, porque la realeza tenía fiesta y los soldados debían estar en palacio. Los pasos se detuvieron. El sol lentamente ganó terreno a la luna y el canto de los lobos fue sustituido por las aves.

En el pueblo oculto detrás del bosque, se rumoraba que Alexander, un joven del pueblo, había sido visto robando el Corazón de la Luna. ¿Pero porque un plebeyo quería esa joya? No la podría vender ya que en toda la comarca sabían que era una joya real y a el que fuera encontrado con ella le cortarían las manos por ladrón. Por eso era tan importante capturarlo esa noche. Alexander sabía algo que nadie más sabía sobre el Corazón de la luna. Sólo la familia real de la comarca conocía el secreto de la joya que brillaba como un trozo de luna llena.

Todos estaban muy sorprendidos por los atentados contra los dos tesoros del rey, dudaban que hubieran sido cometidos por Alexander. Él era un muy buen hombre y un joven intachable. Su reputación le precedía siempre para bien y, también era muy guapo- Todas las chicas del pueblo querían casarse con él. Realmente era incomprensible que lo buscaran por robar el Corazón de la Luna que seguramente brillaba en el cuello de la princesa Sophie. Era bien sabido que la princesa era el tesoro más preciado del rey, así que el que se atreviera siquiera a mirarla sin su consentimiento, sería cruelmente castigado, nadie pensaba en posar sus ojos en ella y menos en tocarla para quitarle el collar.

Alexander manejaba un negocio muy exitoso en el pueblo. Se encargaba de las decoraciones de las casas, esos detalles que hacen a una casa más bonita de lo que era. Incluso le vendía a palacio las decoraciones más exquisitas: cortinas de encajes, tapetes de la india, jarrones de porcelana china, pinturas de los autores de moda, muebles de maderas finas... ¿cómo alguien con tanto dinero iba a robar la joya?

La gente del pueblo estaba asombrada ya que Alexander pasaba la mayor parte del tiempo escogiendo la decoración del castillo, porque él creía que debía ser un castillo hermoso para poder acoger el más precioso adorno que él había visto, a la princesa Sophie.

Sophie era la dueña del Corazón de la Luna. Su hermoso pelo café ondulado que llegaba hasta su cintura, su piel era suave, sus ojos esmeraldas habían conquistado el corazón de casi cualquiera que la mirara, así ocurrió con el joven comerciante. Pero Alexander había conseguido mucho mas que mirarla, él había descubierto también el alma hermosa de una joven princesa, que fue lo que terminó de enamorarlo. Por estas razones el rey era muy celoso de ella.

En uno de sus cumpleaños el rey le regalo el Corazón de la Luna, que en el cuello de la princesa lucia hermoso. También le dijo a su hija que esa joya significaba amor, y que sólo aceptaría que se la entregase a quien ella realmente amara. En el fondo el rey sabía que la princesita nunca regalaría una joya que él mismo rey le hubiera entregado y de este modo él la tendría por siempre. Pero ahora Alexander tenía la joya y el rey tendría que dejar ir a su hija con el que tuviera la joya.

El hambiente en el pueblo era tenso, porque los pueblerinos sabían que si en el castillo se decía que Alexander era el ladrón, lo era, y lo atraparían tarde o temprano y lo harían pagar, no había nada que hacer al respecto. Lo que nadie sabía es que Alexander no había robado nada. Se la habían regalado. Le regalaron el Corazón de la Luna. Él, claro no quería aceptarlo, pero estaba enamorado de la princesa y lo hacia muy feliz que Sophie estuviera enamorada de él. Alexander le prometió que estarían juntos, pero que no se llevaría la joya, porque era peligroso para ambos.

Sophie confiaba mucho en su padre, y sabía que él comprendería su amor y se lo dijo así a Alexander, no habría problemas en que el se llevara el Corazón de la Luna. No lo perseguirían. Terminando estas palabras, bajo la luna, blanca y llena de luz, en uno de los balcones repletos de flores por la fiesta de esa noche, Alexander beso a Sophie con ternura mientras la abrazaba.

El rey no pudo ser mas oportuno y atrapo a los jóvenes besándose, su vista se clavo en las manos de Alexander encontrando el Corazón de la Luna en ellas. Sin pensarlo Alexander salió corriendo al ver la mirada fúrica del rey, Sophie no escapo a la ira del rey y fue encerrada en la torre más alta del castillo.

La princesa Sophie lloró durante toda la noche porque de todas las personas que ella conocía, esperaba que su padre la entendiera mejor. Pero no fue así. La princesita se canso de llorar y lamentarse, no era, desde hacia mucho tiempo, una niña llorona; pero sus lagrimas no dejaban de salir. Nunca había sentido algo así y la pena de perderlo la obligaba a llorar. La torre estaba llena de libros viejos, los libros siempre tienen soluciones, pensó la princesa, y se puso a leer. Algunas lecturas realmente aliviaron su pena, mientras buscaba una solución.

La seguridad de la noche había desaparecido y el agotamiento logró que Alexander cayera dormido en el primer lugar que encontró, aun traía el Corazón de la Luna en su mano. El confort de la paja de su granero no le brindo la suficiente protección contra los soldados, que llegaron e interrumpieron su sueño. Alexander alcanzo a esconder la joya para que no se la quitaran. Los soldados lo llevaron a palacio y lo encerraron en un calabozo.

El rey subió a la torre para decirle a Sophie que habían capturado a Alexander pero que no traía la joya con él. Sophie aprovecho la oportunidad para decirle a su padre que ella había comprendido la lección y que hablaría con Alexander para que le dijese donde estaba la joya. El rey asombrado decidió darle la oportunidad a Sophie, después de todo ella jamás le había mentido.

Sophie salió de la torre y se dirigió al salón y de ahí a su habitación con un libro que llevaba bajo el brazo. Sophie leyó durante toda la tarde, mientras terminaba su plan. El rey creyó que ella aun estaba triste por lo sucedido así que no insistió en hablar con ella.

Ya entrada la tarde Sophie bajo al calabozo llevando el libro. A Sophie se le oprimió el corazón al ver a Alexander en el calabozo, tuvo que sacar fuerzas de donde pudo para no verse preocupada. Alexander se alegro mucho al ver a la princesa, a su princesa. Se alegro tanto que cuando Sophie entro a la celda la tomo entre sus brazos. Sophie se soltó inmediatamente, porque no era conveniente que les vieran abrazados. Le dijo al guardia que se fuera, que ella lo llamaría cuando hubiera terminado. El guardia se marchó. Sophie se aseguro que se encontraran solos; cuando estuvo segura, se acerco a Alexander y lo besó.

Al alejarse de Alexander le encontró una herida en su brazo. La princesita tomo su pañuelo bordado y limpio la herida dejando el pañuelo anudado en el brazo. La herida de Alexander reflejaba los malos tratos que había recibido, y por eso Sophie le pidió disculpas.

Todo el sufrimiento estaba apunto de terminar. Del libro que Sophie había encontrado en la torre, saco una hoja y luego recito unas palabras en latín que hicieron eco en los oídos de Alexander. Después le dio la hoja a Alexander y las instrucciones de que se quedara mirando la hoja fijamente y que imaginara que cruzaba el portal que se había dibujado después de que ella había recitado aquellas palabras. Luego le pidió a Alexander el Corazón de la Luna. El joven se sentía extraño puesto que no podía creer que Sophie hubiera recurrido a la magia y menos que le pidiera la joya. Seguramente el rey no había aprobado nada, ¿habrá sido un castigo muy enérgico el que sufrió su amada? ¿Sería esa la única forma de escapar y estar juntos? Alexander decidió confiar en Sophie y le entrego la joya.

El celador vino por la princesa y el delincuente se quedo solo. Nunca había temido nada en su vida, pero ahora lo hacia; temía por Sophie y por él. Un tiempo paso mientras Alexander pensaba en esos detalles, el ruido de la cerradura de su celda lo distrajo. Los soldados habían vuelto con órdenes de prepararlo para la ahorca, así que lo amarraron, lo insultaron, le dijeron que iba a morir por ladrón, por pasarse de listo con la princesa.

Por órdenes de la princesa, su criada sería la encargada de llevar de comer a Alexander, la criada bajaba con la comida y escucho que los soldados preparaban al muchacho para la ahorca, corrió a decirle a su ama. A la princesa se le rompió el corazón al enterase de los planes de su padre. Ella pensaba en decirle lo que iba a hacer, como es que planeaba hacer su deseo realidad, pero con esas noticias eso ya no era posible. Sólo le quedaba pensar en el plan y que seria feliz con Alexander. Sophie se quedo imaginando esa vida feliz, en su habitación mirando hacia fuera al hermoso atardecer. Ya no sentía miedo ni tristeza, se lleno de tranquilidad pensando que pronto viviría libre de todas sus ataduras y etiquetas. Mientras Alexander pensaba en su celda en lo que sería el futuro con su princesa, como la cuidaría y la trataría como una persona y no como un adorno. Los colores del atardecer le tranquilizaron para poder poner en acción la idea de su querida princesa.

Al anochecer el rey entro a la habitación de su hija y se alarmo al ver manchas de sangre en la cama y suelo; al subir la mirada vio a un lobo. Era un lobo café que saltó hacia él. El rey observo de cerca sus ojos verdes, aterrorizado de lo que cruzaba por su mente, de nuevo el lobo saltó y se dirigió a los calabozos.

De los calabozos salieron muchos soldados corriendo y detrás de ellos un lobo negro, con una pata vendada por un pañuelo bordado. Los dos lobos se toparon en el salón y salieron corriendo del castillo. Muchos se dieron cuenta de que el lobo café traía algo en el cuello. Una cadena plateada con un diamante en forma de corazón.