Eileen y James se conocían desde niños, al igual que sus madres y sus padres, y toda su familia, ya que vivían en el pequeño pueblo de Areth

Areth era un lugar pequeño y acogedor, rodeado de hermosas montañas que en invierno se cubrían con un manto blanco y en primavera rebosaban de colores. La gente era pacífica y amable, hogareña y familiar, aunque eso no quiere decir que de vez en cuando pudiera haber alguna disputa entre ellos. La mayoría de la gente vivía de la agricultura y la ganadería, aunque con el transcurso del tiempo algunas familias se movieron a la ciudad de Meeiren para encontrar otro tipo de trabajos. Entre estas familias que emigraron se encontraban las de Eileen y James.

Pero a pesar de ello ambos niños siguieron siendo los mejores amigos que jamás uno pudiera imaginar.

Eileen era una gran estudiante y ayudaba a James en los estudios ya que era bastante vago y le costaba empezar. James siempre protegía a Eileen cuando algún niño se metía con ella porque siempre estaba estudiando, y allí estaba su amiga para curarle las heridas con todo el amor del mundo.

Se hicieron adolescentes, pero ambos seguían siendo amigos. Eileen estuvo consolando a James cuando este se declaró a una chica y le rechazó, le secaba las lagrimas mientras le decía que él era un chico muy especial y no debía dejarse tumbar por chicas como aquellas. James acompañó al baile a Eileen para que no fuera sola, diciéndole al oído que era la más bella de toda la fiesta y que él era el afortunado por tenerla a su lado.

James fue el primer beso de Eileen, y Eileen el primer beso de James. Ambos sentían algo más que amistad por el otro, y dejaron que su amor les llevara a ambos de la mano.

Y si cuando eran amigos se querían el uno al otro como a nadie en este mundo, cuando fueron novios ese amor era indescriptible. Aunque por desgracia todo lo hermoso se acaba.

James le rompió el corazón a Eileen, temiendo acabar mal con ella y perder su amistad, Eileen lo comprendió perfectamente, pero creyó morir cuando él se alejó de ella.

Sus vidas continuaron como siempre, lo único que cambió fue aquella amistad, ya que aunque era casi la misma, había algo extraño. Él la seguía queriendo y su corazón aun temblaba cuando rozaba su piel, ella le seguía queriendo y su alma aun se alegraba cuando le oía hablar.

Cumplieron los 23 y ambos se independizaron del hogar familiar, pero aun así mantenían su amistad. Eileen adoraba a los niños pequeños, por eso comenzó a trabajar en una guardería. James siempre había amado los animales, eran su debilidad, por eso encontró un trabajo de veterinario que era perfecto para él.

Al cabo de un año la guardería de Eileen cerró ya que la dueña había muerto y los hijos no querían hacerse cargo de ella. Al contárselo a su madre, esta le propuso que le pidiera trabajo a su tía, que aun estaba en el pueblo. Había montado una guardería, y le iba estupendamente ya que últimamente habían muchos niños. Llamó a su tía y ella aceptó encantada que su sobrina trabajara con ella.

Cuando llamó a James para contarle que se iba, este le contó que también marchaba al pueblo. Sus padres habían muerto y le pidieron como ultimo favor que regresara al pueblo, para cuidar los terrenos y animales que le habían dejado en herencia.

Ambos marcharon juntos al pueblo, y ambos se pusieron a vivir juntos. Eileen no disponía de ninguna casa en el pueblo, ya que la de sus padres había sido vendida en un momento de dificultad económica, pero James si que gozaba de una casa en herencia, por eso no permitió que su amiga buscara hogar en otra parte. ¿Con quien iba a vivir mejor que con él?

Eileen enseguida se adaptó a su nuevo trabajo, aquellos infantes eran adorables, su tía le comentó que desde hacía un par de años muchísimas jóvenes parejas habían decido hacer de Areth su hogar, y que gracias a ello había podido montar la guardería.

James se lo pasaba en grande cuidando a sus animales, como también ayudando a curar a los demás animales del pueblo. Cuando algún perro o gato, vaca o caballo, o cualquier animal se ponía enfermo todo el mundo acudía a James. Al cabo de unos meses y con el apoyo de Eileen montó una clínica veterinaria.

Y la vida de ambos era feliz, tenían un trabajo que les gustaba, una casa donde vivir y comida todos los días, además estaban bien de salud, pero lo más importante de todo era que estaban juntos, como había sido desde siempre.

Llevaban casi un año en el pueblo, y a pesar de que pretendientes no faltaron a ambos jóvenes, la verdad es que ninguno de los dos estaba muy interesado en tener pareja. ¿La razón? Nadie la sabia, quizás ni siquiera ellos.

Su convivencia era perfecta, aunque los dos trabajaban se repartían las faenas por igual. Por las mañanas James se encargaba de hacer la comida, ya que salía más temprano de trabajar y por las noches era el turno de Eileen de preparar la cena.

Una de esas noches la joven comenzó a preparar la cena, esa noche haría algo especial ya que hacía un año justo que habían comenzado a vivir juntos. Al principio le había parecido una tontería celebrar que llevaban un año en el pueblo viviendo juntos, pero después pensó que había que disfrutar de la vida, de que todo les iba bien y brindar porque aquel bienestar siguiera durante mucho tiempo. Así que ni corta ni perezosa, nada más salir de trabajar se encaminó al mercado a comprar hermosas lechugas y rojos tomates, además de un poco de carne y por ultimo pasar a la pastelería a comprar unos deliciosos pasteles de chocolate.

La tarde se le pasó rápidamente preparando la cena, así que después de poner la mesa decidió sentarse un ratito en el sofá a ver la tele.

Pasaron apenas unos minutos cuando se quedó dormida, la verdad es que últimamente no daba abasto con lo niños, además muchos estaban constipados y por lógica se lo habían pegado a ella.

Eran las nueve de la noche cuando James llegó a casa, pero no llegó solo, pues una mujer rubia, bastante atractiva le acompañaba.

Cuando entró en el salón se quedó sorprendido al ver la hermosa mesa que Eileen había preparado, y se sorprendió aun más cuando la vio tumbada en el sofá, tapada hasta arriba y profundamente dormida.

-No me habías dicho que tenias novia.

La mujer rubia habló, su voz sonaba áspera y enfadada.

-No es mi novia, es mi amiga. Por favor siéntate mientras la llevo a la cama.

Esta se sentó en la primera silla que vio, cruzando piernas y brazos y con un gesto agrio en su cara.

-Eileen, despierta...te has quedado dormida.....

-Ummf...-dijo desperezándose- Hola James...que tarde has venido...he preparado una cena especial...hoy hace un año que vivimos juntos....

-Ostras...es verdad...no me acordaba, lo siento Eileen...

-Ey, ¿por qué pones esa cara? No pasa nada....

Antes de que terminara la frase, una tos proveniente del fondo de la habitación le llamó la atención y al dirigir su mirada pudo ver a un mujer rubia sentada. Comprendió enseguida lo que sucedía y su rostro se tornó rojo.

-Oh...vaya...bueno...no pasa nada...lo celebraremos otro día...yo me voy a dormir y os dejo solos...la cena está en el horno si eso...

-No, Eileen...te has pasado la tarde entera cocinando, la culpa es mía por no avisarte, quédate con nosotros.

Otra tos volvió a escucharse en la sala. Ambos amigos volvieron sus caras para mirar a la rubia, que ahora les sonreía con una falsa dulzura.

Eileen miró a los ojos a James y le acarició lentamente la mejilla.

-No pasa nada de verdad, ya lo celebraremos otro día.

Acto seguido se levantó del sofá y se dirigió a su habitación, cerrando tras de sí la puerta.

Sabía que aquello no tenía que dolerle, que al fin y al cabo él ya no era su novio, ahora eran los mejores amigos....pero aun así sentía un pequeño pinchazo en su corazón.

Se tumbó en la cama, mirando hacia el techo, intentando no pensar en nada. Desde su habitación podía escuchar la conversación que mantenían las dos personas que había en la salita.

-Uf, menos mal que se ha ido la pesada esa, de verdad, podrías haberme dicho que vivías con una tía y hubiéramos ido a mi piso...así tendríamos mas intimidad.

La rubia se acercaba sensualmente a James que aun seguía de pie, mirando la puerta por donde había desaparecido Eileen. Al notar el contacto de aquella mujer dio un respingo y la miró fijamente a los ojos.

-Te lo pediré por favor, no oses llamar pesada a mi amiga.

-Uy, pero si es verdad, además algo patética por celebrar que lleváis viviendo juntos un año....ni que fuerais pareja.

Mientras hablaba, se acercaba aun más al cuerpo de James, rozando con sus dedos el pecho de este.

-Te lo he pedido por favor, no insultes a mi amiga y segundo-dijo cogiendola de la mano que lo acariciaba- no quiero tener ninguna clase de intimidad contigo, te ruego que te marches.

La rubia miró con odio a James, pero no dijo absolutamente nada, cogió su bolso y su abrigo y se marchó dando un sonoro portazo.

El joven se sentó en el sofá, pensado en lo sucedido. Se estaba engañando a sí mismo, y desde hacía varios meses. Al principio no pasaba nada, pero con el paso del tiempo comenzó a mirar a Eileen con otros ojos. En su mente pasaban imágenes, como cuando se quedaba embelesado mirándola mientras dormía, o como se le escapaba una sonrisa al verla canturreando mientras preparaba la comida, o como corría a él con lagrimas en los ojos en cuanto se hacia alguna herida, o como la querían los niños cuando alguna vez había ido a recogerla al trabajo.

Siempre había querido a Eileen, desde que eran niños, y ese sentimiento de cariño poco a poco se había ido transformando en amor, dando paso a aquel hermoso noviazgo que aun recordaba en su mente. Y aun a pesar de haberlo dejado con ella, e intentar por todos los medios borrar el amor que le profesaba, o por lo menos ocultarlo, le había sido imposible. En ese año que había pasado con ella se estaba dando cuenta de lo mucho que la quería, y de que era la persona con quien deseaba pasar el resto de su vida.

Se levantó del sofá para dirigirse al cuarto de Eileen, tocó suavemente la puerta y la entreabrió un poco.

-¿Puedo entrar princesa?

Una sonrisa se dibujó en su cara, adoraba cuando James la llamaba así, se sentía especial, ella era su princesa y solo suya.

-Claro James, pasa.

Se recostó en la cama, esperando a que el joven entrara y se sentara a su lado. Había escuchado toda la conversación, y como la había defendido delante de aquella mujer rubia, que por lo que había deducido quería con James algo más que hablar.

-Yo....siento no haberte avisado, pero lo que siento aun más es no haberme acordado...

-James, de veras, no pasa nada, no importa.

Una sonrisa. Adoraba esa dulce sonrisa, aquella que siempre adornaba sus hermosos labios, aquella que conseguía hacerle pensar en que todo saldría bien, aquella que ella solía utilizar de pequeña para librarse de un castigo cuando habían hecho algo malo, aquella dulce sonrisa después del primer beso.

-Si que importa princesa, te has pasado toda la tarde cocinando, y preparando la mesa...lo siento...

-¿Sabes? Siempre adoré la forma en que me llamabas así, princesa, y como después solías darme un tierno beso...

Una lagrima, una solitaria lagrima comenzaba a recorrer su rostro, bajando por su mejilla, acariciando sus labios, muriendo en su cuello.

Antes de que Eileen pudiera decir algo más sintió la mano de James rozando su mejilla, limpiando el rastro de lagrimas, obligándola a que le mirara a los ojos. Y antes de poder decir nada los labios del joven se unieron a los suyos en un ligero beso, apenas un roce, pero tan lleno de sentido como el más profundo de los besos.

Ambos se volvieron a mirar a los ojos, diciéndose con sus miradas mucho más de lo que podrían decir con palabras.

Poco a poco volvieron a unir sus labios, dejándose llevar por aquel amor que los unía casi desde el momento en que nacieron. Al principio el suave roce fue profundizándose más, a medida que las manos de uno se posaban en el cuerpo del otro, intentando estrechar aun más el espacio que quedaba entre ambos.

James agarraba fuertemente de la cintura a Eileen, mientras ella acariciaba con sus manos la nuca del joven. Cuando la falta de aire les exigió la separación volvieron a mirarse a los ojos, irradiando pasión y amor.

-Te quiero James. Siempre te he querido y jamás podré dejar de hacerlo.

-Yo también te quiero princesa, y jamás volveré a dejarte escapar.

James besó dulcemente la frente de Eileen, para después recostarse en la cama e invitar a la joven a que durmiera entre sus brazos. Apenas pasaron unos minutos y ambos jóvenes quedaron profundamente dormidos, acunados por la suave luz de la luna que entraba por la ventana.

Bueno, este es mi primer fic original, sacado de un sueño que tuve hace tiempo, espero que os guste.