EL ARTISTA DE LA MUERTE

por

ZarK

--I--

El Asesino entró por la puerta del frente usando la llave que estaba escondida en la maseta junto a la puerta. Al entrar, encendió la luz, la cual reveló el recibidor. Afuera, la oscuridad y el silencio reinaban, la mayoría de la gente en la ciudad de Monterrey dormía.

El Asesino miró con desprecio las paredes vacías. Su nombre era Leonardo Carvaggio. O al menos, ese era su nombre artístico. Su nombre real no importaba, ese había quedado en el pasado, totalmente olvidado y enterrado en algún lugar de su mente.

Caminó hacia el siguiente cuarto, seguro de si mismo, y encendió la luz del comedor. Miró a su alrededor y sintió un deseo de vomitar. La mesa y los sillones no combinaban. Los sillones eran rústicos mientras que la mesa era plegable, de plástico. ¿Qué clase de persona compraba una mesa de plástico para unos sillones de madera? Las paredes eran color blanco y no tenían ni un triste cuadro, no había absolutamente nada que las adornara, como si fuera una casa abandonada.

Leonardo crujió los dientes. Sintió un repentino deseo de llenar toda la casa de gasolina y prenderle fuego, pero resistió el impulso. Él era un creador, no un destructor.

Aunque algunas veces, para poder crear, algo debe morir.

Como hoy.

Caminó unos cuantos pasos y encendió el interruptor del siguiente cuarto. Pudo ver la cocina, muy sencilla, con una alacena y un refrigerador. Una mesita redonda y dos sillas estaban solitarias en medio del cuarto. Solamente. Ni siquiera había cuadros de frutas, o velas aromatizantes, o nada. Miró hacia arriba. Lo único bueno de este cuarto era el foco. La luz. Y él era un intérprete de la luz, un artista capaz de expresar la belleza de la luz impregnándola sobre un lienzo.

Leonardo caminó por un pasillo hasta llegar a la puerta. Dentro, esperaba su obra de arte. Cerró los ojos y respiró hondo. Tenía que estar completamente relajado y concentrado en su trabajo por hacer. No quería cometer error alguno. Por suerte, la experiencia le había enseñado perfección. Un artista siempre lucha por llegar a la perfección.

Sacó de su bolsillo unos guantes de látex y se los colocó en ambas manos cuidadosamente. Luego sacó un botecito metálico, como un spray de desodorante. Lo agitó bien, como siempre lo hacía antes de usarlo. Leonardo abrió rápidamente la puerta y encendió el foco. Caminó hacia la cama, y como previsto, la víctima—o como el prefería decirlo, su obra de arte—, se despertó. Los ojos de ella se abrieron como si acabara de ver su abuelo vivo de nuevo, recién salidito de la tumba.

Ella inhaló aire fuertemente, pero antes de que gritara, Leonardo la roció con el botecito y el cloroformo hizo efecto casi instantáneamente. La mujer tosió, como ahogándose, y se desplomó de nuevo en la cama.

Leonardo Carvaggio sonrió.

De la mochila que llevaba en su espalda sacó un maletín con pinturas. Lo colocó en la cama junto a ella y de adentro sacó un set de brochas de diferentes tamaños y grosores.

Sacó un botecito de pintura blanca y otro de pintura negra. Miró a su obra de arte: tez clara, cabello café lacio. Era bonita, aunque no una modelo. De todas formas, su cara era perfecta. Su piel era lisa y sin imperfecciones, sus labios delgados al igual que su nariz. Le dio un escalofrío al pensar en lo hermoso que todo resultaría. Cerró los ojos por unos cinco minutos, concentrándose. Respiró hondo varias veces y movió la cabeza en forma circular para relajar los músculos del cuello. Luego ejercitó los hombros, después los brazos, por último las muñecas y dedos.

Cuando abrió los ojos, comenzó su obra de arte.

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NOTA: Admito que es un capítulo bastante corto, pero espero que los haya dejado picados. Pronto tendré el CapítuloDos. Esta va a ser una historia corta, y es la primera vez que publico aquí un cuento policiaco (de hecho, es la primera vez que escribo una historia policiaca) :P

¡Espero leer sus comentarios!

--ZarK--