Olvido

Now, after years serving demonic excess,
Exalting those whose god-passions send them mad,
I am stranded on a simpler shore, much less
Sumptuous, —a land permanently sad—
Genevieve Taggard, "Return of the Native"

Terminaré con los rescoldos de esperanza…

Nada quedara de la ilusión de sentir que su amor me alcanza, pues mentira fue. Y lo supe hasta hoy. Si tengo que hacerlo, arrancaré mi corazón, destruiré mi alma y enterraré su recuerdo en lo más recóndito de mi ser.

Las lágrimas quebraron aquel sentimiento, corrompiendo la sensación de amar; terminaron con la luz que ilumino mi firmamento—quemaron mis fuerzas y mi voluntad.

Lo olvidaré.

Sé que lo haré.

Lo olvidaré sabiendo que jamás sintió lo mismo que yo. Así será como lo haré. Lo recordaré como alguien importante, pero nada más; me mentiré a mí misma de ser necesario, creare castillos de latón sobre los cimientos de oro de los que él destruyo por diversión. Y pensaré que olvidando su última mirada, será como borre el sonido de su voz de barítono.

Ni siquiera la totalidad de la luz pudo hacerme ver la oscuridad dentro de él, aunque eso no es ninguna sorpresa: luz u oscuridad, ¿realmente importa cuando ambas son capaces de cegarte por completo? ¿De escocerte los ojos hasta que deseas arrancartelos de la cara?

Lágrimas.

Lluvia, deja morir a tus hijos en el suelo.

Se ha vuelto un demonio que atormenta mis sueños, los convierte en pesadillas ante el recuerdo de su sonrisa ladina y cruel, que una vez fuera dulce, aunque hasta pensar en él se ha vuelto amargo. Incluso mis recuerdos sobre él me remuerden la conciencia y me hunden en un vacío oscuro.

Culpas.

Qué contradicción tan impensable era; como mirar un santo a los ojos y encontrar el alma de un monstruo. Su disfraz era perfecto—aún lo es; todavía se resguarda tras su celestial mascara para ocultar el rastro de azufre que invariablemente lo sigue. Aunque no es esa su intención, tal vez nunca lo haya sido, pero nadie ha dicho nunca que la ceguera absuelva el pecado. Y ceguera debo llamarlo para justificarme a mí misma, mi propio deseo de no ver que había piedad y maldad en parte iguales tras una misma cara, tan solo bajo diferentes sonrisas.

Y estoy dispuesta a lavar sus culpas, a cubrir las manchas de sangre y la estela de corazones rotos y vidas sesgadas brutalmente que deja a su paso con un manto de plumas y risas asfixiadas por deseos cumplidos. Corregiré lo que ha hecho mal. Reconstruiré lo que él ha destruido. Soy quien vuelve sueños sus pesadillas. Y me odia. Me desprecia. Le repugno tanto como es posible.

Somos uno. Y no lo somos. Fuimos el equilibrio roto de un todo que se quiebra por momentos. El es mi oscuridad, yo soy su luz. El mundo siempre ha sido y siempre será así. No hay bien sin mal—no hay un "yo" sin un "él". Y él lo sabía.

Condenación.

Burló mis sentimientos y mi corazón. Doblego mi ser, amoldándome a sus deseos y caprichos. Recortó mis sueños como papel hasta que tuvieron la forma que él quería. Me dejo morir por momentos, tendiéndome una mano siempre fría cuando yacía agonizante en sus sulfuros.

Ambos somos nuestro propio infierno. Aguante sus carcajadas quemantes, los delirios de sus crímenes, la crueldad de su diversión, su desliz ante las tentaciones, el frío de su mirada y su sed de hacerme sufrir. Lo aguante. Y lo hice porque sé que él tuvo que soportarme a mí: la compasión que sentía, los sueños que una vez tuve, la debilidad que me rompía ante el dolor, buscando consuelo en él; mi sed de encontrar su propia redención. Tuvo que soportar mi mirada vacía para él, en la cual, si bien no brillaban la alegría y vitalidad de antaño, nunca pudo ver dolor, rencor u odio. Todo se resumía en piedad, una piedad que él encontraba tan dañina como yo encontraba de venenosas sus palabras.

Inconclusas estrellas que destiñen la oscuridad, extienden los colores de un arcoíris roto; el sonido de la cajita musical lentamente se desvanece, igual que el carrusel se apaga. Esa es nuestra historia; algo imposible y absurdo, como intentar atrapar entre tus brazos todos los petalos de todas las flores que se deshojan en primavera.

Me quedo con la agonía de la ausencia, tan diferente a la que causaba su resencia misma. Extraño sus insultos, sus insulsas caricias, as mórbidas palabras que decía a mi oído, el dolor que me causaban sus risas sarcásticas, sus burlas, su desprecio; porque era lo que único me unía a él.

Recuerdos.

Quisiera encontrar un modo de llamarle pero he olvidado como saborear su nombre, por más que ruede las sílabas dentro de mi boca, como si me supieran a sangre. Tampoco es que importe, si el nombre por el cual lo llamo ya no provoca ninguna respuesta en él. Ha renegadod e se nombre, de la misma manera en que ha dejado de ser quien yo creía que era... ¿O ha vuelto a ser quien se suponía que era? ¿Cómo he de llamar a alguien a quien no uno con su propio nombre?

Sin que me diera cuenta, cuando le entregué mi alma, cuando coloque mi destino en sus manos, cuando apoye mi cabeza en su hombro, pensando que alejaría los fantasmas grises que arrastraban sus cadenas desde las noches de mi infancia... Sin percatarme de ello, cuando se adueñó de mí y se hizo propietario de mi vida, en ese momento robó el último rescoldo de inocencia que me quedaba.

Pero necesite tiempo para darme cuenta de ello, para percatarme de que me había envuelto por mi voluntad en la red de mentiras y anhelos que habíamos tejido al unísono. Y en ese tiempo aprendí a caminar al ritmo de sus pasos, a acomodar mis preguntas a los monosílabos y burlas de sus respuestas, a tomar la forma de sus silencios, al igual que el agua toma la del recipiente que la contiene. Aprendí a llorar sin que se diera cuenta de ello. Y, algo mucho más triste: también aprendí que no le importaba que llorara.

Crueldad.

Recuerdo su mirada de indiferencia y desprecio cuando me veía llorar, siempre en un rincón donde pudiera apoyar mi cara contra la pared y sentir la fría piedra de su morada, donde las paredes silenciosas me dieran un apoyo que el deseaba negarme siempre. Era como si después de que se quitase su máscara, después de que comprendiera el brillo extraño de sus ojos, después de que me diera cuenta de su frialdad y sus maquinaciones, hubiera creado una barrera invisible entre ambos.

Pero también me di cuenta que se encontraba atrapado por esa barrera, nada percibía. Todo chocaba contra esa armadura: alegrías, tristezas, tempestades y estrellas. A diferencia mía, él ya no sufría, es verdad, pero tampoco era feliz. Y entonces, gradualmente, me di cuenta de que la barrera comenzaba a desaparecer, que sus sonrisas eran de nuevo cálidas. Tuve esperanza... si, aunque fuera ilógico, aunque aun lo sea, yo creía que podía llegar a amarme como yo lo amaba a él.

Sobra decir, no, he de decir que nunca pasó.

Siembra de recuerdos y cosecha de olvidos. ¿Con que nuevo conjuro he de borrar su nombre? Me forzare a recordar aunque me duela, que él nunca me quiso de verdad. Me obligare a decir que a su lado era solo una niña, que él ha huido lejos, donde ni mis sueños ni mis suplicas pueden alcanzarle. Él no me ama, nunca lo hizo, me repetiré eso hasta que lo crea. Me engañare a mí misma. Ya he sufrido suficiente por su causa y puedo mentirme si me da la gana.

Para olvidarlo, para olvidar el cariño que aún le tengo. Para aprender a no esperar nada de él, ni siquiera que devuelva aquello que me robo,nada más que el menudo soplo de esperanza e inocencia que me permitía sonreír con sinceridad y llorar para sacar el dolor dentro de mí.

Tal vez así pueda mirar las estrellas sin importar que destiñan la oscuridad en la que me enseño a vivir. Tal vez así pueda mirar el cielo sin intentar adivinar dónde está. Tal vez así deje de desear verlo de nuevo, pero hasta entonces viviré en esta soledad en la cual él me sumió. Me quedare sola, para plantar su recuerdo en el olvido, para matarlo en mi mente y olvidarlo. Y solo deseo que él sea feliz, aunque su felicidad me excluya por completo de su vida. Quisiera decirle que sin él mi vida perdió su significado pero solo se lo puedo decir a su recuerdo. Solo me queda esconderme tras la máscara de indiferencia impasible que uso, tras el sarcasmo y las burlas desmedidas que me enseño a entender, siempre detrás de las risas escandalosas y crueles que recuerdo de él, vivir de la esencia de su recuerdo, perderme en él por siempre, tratando de imitarle en todo.

Y cada vez que trato de botar su recuerdo a la basura, de quemar la parte de mi alma en la que imprimió su huella, es entonces que más lo recuerdo. Y sólo me queda esperar que haya sentido algo por mí, esperar u olvidarle; nada más que una esperanza posada sobre un atrio de cristal que se hace añidos ante la verdad más que obvio: no volverá, de la misma forma en que los recuerdos no se irán. Eso último, sin lugar a dudas, es lo peor del asunto.

¿Quiere irse? ¡Que se lleve su recuerdo! Si no le puedo tener a mi lado al menos que tome los cachivaches que sembró en mi memoria y se vaya con ellos, dejando limpia mi alma de sus culpas, del terror y sus burlas. Que parta llevándose consigo este dolor que me causa en su ausencia, los trastos viejos que dejo su crueldad, que borre toda sombra que haya plantado. ¡Que fuera como si no hubiera existido jamás!

Estoy ya harta, de escuchar en el susurro de todo, que el ruido y el silencio murmuren a mi oído constantemente su nombre, una y otra vez, hasta volverme loca. Y es ahora, cuando él se ha ido, que grito y me enfurezco, que me altero y pierdo los estribos; es ahora que aulló hasta quemar mi garganta, ahora y no cuando debía hacerlo. No lo hice ante sus burlas, ni ante sus torturas y ahora, que se las ha llevado, es cuando mi llanto es más amargo.

Las cosas que no regresaran no hay porque extrañarlas. Tal vez sí, pero no soy quien pueda olvidar fácilmente. Me aferraré a su recuerdo aunque no haga más que abrir la herida que dejó y que ha estado, tantas veces ya, cerca de cicatrizar.

El sufrimiento que estoy creando a cada paso, trayendo el dolor del pasado, me hace más débil, no me permite seguir adelante, me estanca en un pantano de oscuro cieno donde los despojos de las ilusiones han construido su propia morada de dolor, no me permite apreciar la alegría a mi alrededor ni crecer; el sufrimiento que me hace perder la esperanza en la vida, cierra la puerta a sanar mis heridas y me llena de miedo, vuelve intangible el presente y busca ahogarme en el abrazo de los fantasmas del pasado.

Solo hay dos cosas que pueden arreglar mi corazón, y una está fuera de mi alcancé; una es impensable, una es él. Si él volviera todo quedaría perdonado, esta vez no temería su respuesta, esta vez me mostraría dispuesta a expresar con palabras mi sufrimiento por él... mi—amor. Por él yo sería capaz de cualquier cosa. Ningún acto es demasiado bajo o terrible para complacer sus caprichos o simplemente verle sonreír.

La segunda, es el olvido total, definitivo. La única cosa que borra el pasado, que acecha cada instante del presente, que nos espera en el futuro: la muerte, la dulce nevada de un olvido final, la débil niebla que oscurece mi vista sin piedad; el único final piadoso a mi existir plagado de dolor. Por favor, oh, por favor; me entrego a tus brazos, llévame contigo. Ya no hay nada en este mundo para mí. Ya no hay nadie que me espere o a quien regresar. No tengo a nadie a mi lado.

Te lo suplico, con tu manto de telarañas de finales y olvidos cubre mi memoria. Es mi ruego. Él ha sido mi cruz, mi demonio, mi oscuridad. Mi Némesis, si así quieres verlo. Ahora te ofrezco mi alma a ti, al único que sé que algún día he de pertenecer por completo. Haz caso de mi humilde plegaria, de ésta, una desconocida.

Nada más que un fragmento, un producto, de una imaginación muy activa; una simple alucinación de este mundo. Él me creo, a él le perteneció mi vida y mi muerte. Pero ahora, cuando me ha olvidado, ya no tengo razón para existir, ya no debo de existir. Me desvaneceré en el aire como el sueño que fui... quizás... quizás...

¿O he sido yo quien ha estado soñando? ¿Ha sido todo esto una simple alucinación mía? ¿Este mundo? ¿Esta vida? ¿Él también? ¿Qué extraños juegos ha estado jugando mi mente con mis sentimientos? ¿Acaso no será todo, sus ilusiones, las mías, las de todos, simples sueños de alguien más?

No sé la respuesta, ¿acaso alguien la sabe? Si es así tal vez pueda quedarme en paz: si con un sólo pensamiento alguien es capaz de borrar toda mi existencia, entonces sólo me queda esperar ese pensamiento y, cuando llegué, me asiré a él, hasta alcanzar—

el olvido.


Había tantos puntos suspensivos en la versión vieja de esta historia que era rídiculo, quiero decir, el 30% de esta cosa solía ser "...". No bromeo. Que pena. u_u

Aunque lo corregí lo mejor que pude, sigue siendo una de esas cosas de wangstwangstwangst; así que, um, bueno. Es lo que me sacó por ser masoquista.