El llanto de Adyla Elyon de Bonauvert

El llanto de Adyla

Por Elyon de Bonauvert

Corría el año 789 de la Segunda Edad en Nairide, un mundo de fantasía donde la vida de todas las criaturas que lo habitaban transcurría feliz y tranquila. Sin embargo, en Akine, la ciudad de la esperanza, sus gentes mostraban nerviosismo. Marcus, el rey de la ciudad, había caído enfermo, preso de una extraña enfermedad. El palacio dorado, donde residía el rey con su hijo y sirvientes, siempre estaba lleno de curanderos, pero ninguno había logrado paliar la agonía del soberano. El príncipe y futuro heredero al trono, Tuomas, sabía cuál había sido la causa del actual estado de su padre. Una hermosa ninfa del Bosque Blanco lo había engatusado para quedarse con el reino de Akine, pero el rey había rechazado tal propuesta, de modo que la ninfa le había echado una maldición que apagaba su vida lentamente. El príncipe, visiblemente preocupado por el estado de su padre, y al no notar mejoría alguna en todo ese tiempo, decidió acudir a su amigo Gelvin, un elfo que había conocido siendo niño y al que tenía mucha confianza.

- Gelvin, amigo, cuéntame todo lo que sepas sobre las ninfas del Bosque Blanco - dijo Tuomas.

Gelvin le miró con sus ojos almendrados e inició su relato.

- Tengo vagos recuerdos del Bosque...las ninfas son criaturas muy hermosas, todas de una innegable bondad e inteligencia amigo, pero supongo que querrás saber de una en concreto... ¿me equivoco?

- No, y bien lo sabes - respondió el príncipe- Quiero que me hables de Bianca, la culpable del estado de mi padre.

- Bien, yo conocí personalmente a Bianca y recuerdo que era muy ambiciosa, así como muy inteligente y de mente rápida e ingeniosa. Tiene una hermana, Azaak, más joven que ella. Tras la muerte de Matille, la reina del Bosque, Bianca pensó que sería la siguiente reina, pero Matille escogió a una dríada para que cuidara del Bosque. Bianca no pudo soportar tal humillación, por eso su ambición la lleva a intentar apoderarse de reinos que no la corresponden, así como hizo con tu padre cuentan que lo ha echo más veces, sin obtener ningún resultado.

- Pero Gelvin, yo necesito saber si hay alguna cura para mi padre. Su vida se agota lentamente... si no hago algo, pronto habrá muerto.

- Sí, existe un remedio para que tu padre viva - dijo el joven elfo -.

- ¿Y cuál es? - inquirió el príncipe, nervioso -.

- La única forma de anular la maldición de la ninfa es matándola, matar a Bianca - respondió Gelvin -.

- Entonces, si hay algo que puedo hacer, lo haré. Mañana mismo partiré al Bosque y traeré el corazón de esa maldita ninfa en una bandeja de plata - repuso Tuomas -.

- Tuomas, eso es una locura, la reina del Bosque protege a todos los seres que lo habitan, Bianca lo sabe, por eso se refugia allí - el elfo trató de disuadir a su joven amigo -. La reina es muy poderosa, no podrás acercarte a Bianca.

- Entonces, también mataré a esa reina. Si la protege, nada la diferencia de ella.

- Veo que será imposible disuadirte, así que iré contigo al Bosque Blanco, mi antiguo hogar... - decidió el elfo, melancólico.

Tuomas abandonó la casa del elfo y se dirigió al palacio, a ver cómo se encontraba su padre. El rey estaba tendido en la cama, demasiado pálido y ojeroso. Tuomas le contó sus planes.

- Padre, he descubierto una forma de salvarte, de modo que mañana partiré hacia el Bosque Blanco para acabar con esa ninfa que te ha echo esto. Gelvin me ha dicho que la única forma de salvarte es acabando con la vida de Bianca.

El rey le miró largamente, asimilando cada una de las palabras que había dicho su hijo. De modo que el joven pretendía matar a una ninfa, ¡qué locura!

- Hijo mío, no cometas semejante locura, matar a un ser tan puro como una ninfa es un acto horrible, aunque esa ninfa sea malvada, como es el caso de Bianca.

- Padre, no conseguirás que cambie de opinión, es el único modo de salvar tu vida, y así se hará - contestó el joven, algo molesto - Hablas así porque aún estás prendado de esa condenada, pero esto muy pronto acabará. Te dejo para que descanses.

Tuomas se retiró y se fue a sus aposentos. Una vez allí, preparó su armadura y su espada para la expedición del día siguiente. Acto seguido, se acostó en su lecho y se durmió pensando en esa reina que protegía a la malvada.

A primera hora de la mañana, una hueste de hombres a caballo esperaba a que el príncipe diera la orden para partir. El príncipe apareció por la puerta del palacio montado en su caballo, Peflor. A una señal suya, los hombres comenzaron a galopar en dirección al Bosque. Gelvin se adelantó y se puso al lado de Tuomas.

- ¿Sigues con la idea de matar a Bianca? - inquirió -.

- Más que nunca - fue la única respuesta del príncipe -.

Siguieron galopando juntos, pero ninguno habló en todo el trayecto. Al anochecer, llegaron a la entrada del Bosque.

- Bien hermanos, aquí es donde habita la culpable del estado de nuestro rey - comenzó Tuomas - Si la encontráis, que no os tiemble la mano ante su frágil aspecto o su hermosura, quiero que la capturéis y me la traigáis con vida, ¿habéis entendido? Yo seré quien apague su vida. Bianca pagará por lo que ha echo.

Los hombres asintieron fervientemente y siguieron a Tuomas, que ya había entrado en el Bosque. Ninguno de ellos reparó en el joven fauno, que, horrorizado, había escuchado todas y cada una de sus palabras. Melcar, que así se llamaba el fauno, corrió hacia el centro del Bosque, donde estaba la reina del paraíso que esos humanos iban a destruir. Al llegar, vio que la joven reina, Adyla, estaba hablando con su gran amiga, la ninfa Azaak. El fauno se sintió un poco avergonzado por irrumpir de forma tan brusca en el corazón del Bosque.

- Melcar, ¿qué te ocurre? - preguntó Adyla -.

- Mi señora, siento haber irrumpido tan bruscamente, pero va a ocurrir algo terrible.

- ¿De qué se trata Melcar? Dímelo, por favor - le rogó la reina -.

- Yo estaba en la entrada del Bosque, tratando de encontrar a su unicornio, cuando de repente llegaron un grupo de hombres a caballo. Uno de ellos, el que parecía el líder, habló sobre un rey y... - Melcar calló de pronto, al darse cuenta de que la ninfa a la que querían asesinar era la hermana de Azaak, la más fiel amiga de su reina -.

- ¿Y qué, Melcar? Vamos, termina de contarme - le apresuró Adyla -.

- Hablaron de matar a una ninfa... a Bianca, mi señora - contestó el fauno -.

- ¿Cómo? - intervino Azaak - ¿A mi hermana? ¿Por qué?

- Mi señora, en esa hueste no había solo hombres - recordó de pronto Melcar - También había un elfo.

- Muy bien Melcar - dijo la dríada - Hay que proteger a Bianca, nadie cometerá tal barbaridad en mi Bosque. Azaak, debes buscar a esos bárbaros y traerlos hasta mí, es preciso que hablemos. Melcar, acompáñala - ordenó la reina -.

El fauno y Azaak obedecieron a la reina y fueron en la busca de los hombres. Caminaron sigilosamente durante horas y finalmente dieron con ellos.

- Melcar, ¿quién es el líder? - preguntó Azaak -.

- Aquel mi señora - señaló el fauno -.

En ese instante una flecha pasó a un centímetro de la oreja del fauno.

- ¿Quiénes sois y qué queréis? Explicaos - ordenó un soldado del rey -.

- La reina de este Bosque me manda para hablar con su líder - contestó Azaak.

El príncipe se acercó y preguntó.

- ¿Quiénes son?

- Señor, la reina de este Bosque, Adyla, me manda para hablar con usted - repitió Azaak-.

- ¿Y por qué no ha venido ella en persona? - preguntó el príncipe, desconfiado -.

- Señor, la reina es una dríada - respondió la ninfa perpleja -.

Tuomas iba a preguntar cuál era el motivo por el que una dríada no podía ir a hablar con él, pero Gelvin se adelantó.

- Tuomas, las dríadas pertenecen a un roble del bosque - le informó -. Se hallan unidas a su árbol de por vida y no pueden alejarse a más de trescientos metros de él o mueren lentamente.

Aclarado esto, el joven príncipe accedió a acudir a la llamada de la reina, pero se mostró claramente receloso.

Azaak y Melcar les guiaron hasta el corazón del Bosque Blanco, donde Adyla los estaba esperando. Tuomas la contempló durante un rato. Sin dudas, era el ser más hermoso que había visto jamás. Tenía una enorme cascada de pelo rojo, y su piel tenía tintes rojizos también.

- Mi señora - comenzó Azaak - aquí están los hombres que mandó llamar.

- Gracias Azaak - contestó la reina, con voz melodiosa.

- Bienvenidos al corazón de mi reino - comenzó la reina -. He sido informada de vuestra intrusión aquí y de vuestros malos propósitos.

La reina miró fijamente a Tuomas con sus ojos violetas y el joven príncipe sintió una paz infinita en su corazón.

- ¿Cuál es tu nombre, caballero? - le preguntó la reina -.

- Soy Tuomas, príncipe de Akine - respondió el joven -. Mi padre, el rey Marcus, cayó enfermo por culpa de una maldición de una ninfa de este Bosque, y la única forma de salvarle es matándola. No tengo nada contra ti, reina del Bosque Blanco, ni contra ninguno de los seres que habitan tu reino.

La reina permaneció en silencio, observando al joven príncipe. Veía bondad en su corazón, pero esa bondad quedaba empañada por la rabia y el odio que sentía por Bianca. Adyla, tras ver que el corazón del príncipe se teñía de tales sentimientos, no pudo evitar derramar una lágrima.

- Tuomas, hijo de Marcus de Akine, ¿quién sembró tal odio en tu corazón para desear matar a un ser tan bueno como una ninfa? - preguntó Adyla, con tristeza.

Gelvin se adelantó y se mostró ante la reina.

- Fui yo, mi señora - dijo el elfo - Yo revelé a Tuomas el único modo de salvar a su padre, y por ello se obcecó en su venganza contra Bianca.

- ¿Cuál es tu nombre, joven elfo? - preguntó la reina -.

- Mi nombre es Gelvin señora - respondió el elfo - En los tiempos en los que Matille era la reina de este Bosque, vivía aquí, pero abandoné el Bosque y partí a Akine.

Adyla les dio la espalda y comenzó a pensar. Gelvin, ese elfo era del que tanto le había hablado Azaak, aquel del que estaba enamorada. Por otra parte no quería que ese príncipe albergara tal odio contra uno de sus súbditos. Tras mucho meditar, expuso a todos los que estaban a su alrededor la conclusión a la que había llegado.

- Tuomas, hijo de Marcus, propongo que esta noche la paséis aquí, en el corazón de mi hogar, y reflexionéis sobre todo lo que habéis dicho. Mañana, al amanecer, me contarás que has decidido hacer con respecto a Bianca - dijo Adyla.

La reina miró fijamente a los ojos a Tuomas, y éste accedió a la propuesta de la reina.

- Bien, si no tienen más objeciones, creo que deberían echarse a descansar - dijo la reina- Mañana será un día muy largo.

Tuomas y sus hombres se echaron a dormir, pero Gelvin vio que Azaak se dirigía hacia el lago y la siguió.

- Azaak - la llamó -.

La ninfa se dio la vuelta y le miró. Mil sentimientos que había tratado olvidar en todo ese tiempo comenzaron a aflorar.

- Gelvin...- dijo la ninfa - ¿Por qué te fuiste?

- Es algo que jamás me perdonaré - contestó el elfo, cabizbajo -.

- Nuestra boda... - recordó Azaak -.

- Lo sé Azaak, todos los días desde entonces maldigo el día en el que me fui, no pude olvidarte.

- ¿Qué sientes ahora Gelvin? - preguntó la ninfa.

- Sólo siento que te quiero, y me gustaría recuperar el tiempo perdido - contestó el elfo - ¿Crees que será posible?

Como única respuesta, la ninfa le abrazó y se fundieron en un cálido beso.

Tuomas despertó de un sueño muy agradable. Oyó un canto muy hermoso y se dejó guiar por él. Anduvo hasta un claro del Bosque, y allí vio una imagen que le sobrecogió. En la mitad del claro se hallaba Adyla, la autora del canto, acariciando con enorme suavidad y delicadeza a un gran unicornio blanco. Su cuerno plateado alumbraba el bello rostro de la joven reina, la cual tenía una expresión de infinita serenidad. La reina pasó sus manos por las crines plateadas del hermoso unicornio al tiempo que entonaba una nueva estrofa de la canción.

Las olas hoy ya no suenan igual,
La brisa marina ya no canta más,
Tus ilusiones te hicieron soñar,
Con el amor de un humano mortal,
En alta mar tu amor se enriqueció...

La reina se percató de la presencia de Tuomas, y se dirigió a él.

- Acércate Tuomas - le dijo -.

El príncipe vaciló, pero finalmente se acercó a la majestuosa reina.

- Es un ser muy hermoso - dijo Tuomas, refiriéndose al unicornio -.

- Es hermoso y muy inteligente - repuso la reina - ¿Te gustaría acariciarlo?

Tuomas miró al unicornio.

- Su nombre es Vanille - dijo Adyla - Es un ser tan puro, que sólo se deja acariciar por aquellos que tienen el corazón tan limpio como él. Dime Tuomas, si quisieras acariciarle, ¿podrías?

- No lo sé, mi señora - contestó el joven -.

- ¿Por qué no lo intentas? - sugirió la reina-.

Tuomas vaciló. Miró al unicornio a los ojos y extendió una mano hacia él. El impresionante animal agachó la cabeza y dejó que Tuomas le acariciara las crines. Adyla le dedicó una sonrisa que se le clavó en el fondo de su alma.

- ¿Ves Tuomas? - dijo la reina - Tu corazón es puro y bello, no hay maldad en él. Jamás podrías matar a nadie, y menos a un ser como una ninfa.

- Pero...- balbució el príncipe - Mi padre...

- Tu padre será curado Tuomas - dijo Adyla - Gelvin no te contó todo lo que necesitabas saber, parece que lo desconocía.

- ¿Y qué es lo que tengo que saber?- preguntó el joven -.

Adyla contestó a su pregunta.

- Tuomas, cuando una reina muere, su sucesora se convierte en la nueva guardiana del Bosque Blanco. Cuando Matille murió, yo tuve que asumir todas las responsabilidades que ello me otorgaba, y con ello todos los habitantes de mi reino vinculaban su vida a la mía.

El príncipe se quedó boquiabierto.

- Mañana, con la primera luz del alba – prosiguió Adyla – traeré a Bianca y se anulará la maldición que pesa sobre tu padre. Ahora, ves a descansar.

Tuomas se retiró, impresionado por las palabras de la reina.

Al amanecer, como la reina había dicho, Bianca estaba ante todos. Tenía la cabeza gacha y miraba al suelo. Adyla se dirigió a ella.

- Bianca – comenzó – ya sabes por qué estás aquí.

- Sí mi señora – contestó la joven ninfa -.

- Procede entonces – dijo la reina -.

Bianca miró al príncipe y acto seguido cogió unas flores y comenzó a murmurar unas palabras. Cuando terminó, miró a la reina.

- Muy bien Bianca – dijo Adyla – Puedes retirarte.

La ninfa volvió a mirar a todos los presentes y con sutileza se fue.

Entonces la reina se dirigió a Tuomas.

- Tuomas, la maldición está anulada. Tu padre está salvado.

El príncipe la miró con inmensa gratitud.

- Gracias – dijo – Gracias mi señora.

Tras agradecer a la reina, miró a sus hombres y les comunicó que esa misma tarde volverían a Akine.

Gelvin se acercó al príncipe.

- Tuomas – dijo – He de comunicarte algo.

- ¿De qué se trata? – preguntó extrañado el joven.

- No voy a regresar a palacio – contestó el elfo – He tomado la decisión de quedarme a vivir aquí, en mi hogar.

- Y supongo que en tu firme decisión Azaak ha tenido algo que ver, amigo – dijo Tuomas sonriendo – ¿Me equivoco?

- No, no te equivocas – repuso Gelvin, sonriendo también -.

Ambos amigos se fundieron en un abrazo.

Por la tarde, Tuomas, antes de marcharse quiso despedirse de la sabia reina. Comenzó a buscarla pero no había ni rastro de ella. Vio a Melcar, el fauno, y decidió preguntarle.

- Melcar, ¿sabes dónde se halla la reina?

- La reina no desea mostrarse más – contestó el fauno - .

Tras decir esto, el fauno se retiró.

Tuomas entonces fue hacia donde estaban sus hombres y les comunicó que ya podían partir. Todos los hombres comenzaron a galopar en sus monturas.

A la salida del Bosque Blanco, Tuomas giró la cabeza para despedirse de tan bello lugar. Allí estaba Adyla, más majestuosa que nunca, con la melena de fuego ondeando al viento, despidiéndole con la mano, mientras unas lágrimas rondaban por su mejilla.

-- FIN --

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