Amour Et La Morte

Entretejidas gasas de algodón y lino
bordadas con encajes de amargas violetas,
evocando la mortaja que te cubría,
ancoras que otrora resguardaran tu alma,
el reflejo mismo de tu sufrimiento.

Yaciendo agonizante en tus sulfuros,
esperando que me tendieras tu mano salvadora.
Un espectro perdido entre libélulas,
alas de hipsipila desgarradas.
Vivir para ver su nacimiento y muerte.

Jirones de un corazón desvencijado,
juguete que otorgue a tu vil encanto,
tragedia recitada por un piano,
notas quebradas de un suspiro roto,
aliento y melodía con aroma a muerte.

Alma perfumada que se escapa entre los labios,
mariposas fugaces y estrellas caídas,
un puñal ensangrentado, clavado en la espalda.
Condenada a muerte desde que abrí los ojos,
Y no ver venir el golpe traicionero de tu mano.

Tus palmas y las mías, rojas y arrepentidas,
destrucción ante la gloriosa luna.
Una batalla perdida donde dos corazones yacen
bajo los helechos y dentro del frío ataúd,
adormecidos en un último encuentro sublime.

Quizás ahí, donde el instinto y las bajas pasiones
arañaron con dedos de hielo mi espíritu,
sea el lugar de reposo eterno de nuestra inocencia.
Sitio sagrado, consagrado a nuestro otoño,
tiempo de muerte, de finales y lluvia.

Y ese deseo que eleva, que me azota,
un veneno azucarado, un dulce de vidrio,
ponzoña y cristales rotos junto a mi ventana
que flagela el murmullo bermejo y violeta
que palpitaba desbocado por tus venas.

En el segundo que dura una sonrisa,
como extraños colisionamos plenamente
y nos dejamos poseer por la sinfonía de los violines.
El amor joven, aunque no quiera, deberá
Vivir dos veces tan solo por nosotros.

En la fragilidad de mi esperanza encontré paz,
la misma que tu ingratitud ofrendo al dolor.
Tus palabras susurraron mentiras que creí,
libre fatalidad, que devoraste cuanto era,
lo poseí un instante y luego lo perdí.

Rogué que aparecieras como la espina
que habría de aguijonear la aurora.
Indecible dolor; arde por dentro, violenta ira.
Augurio - monstruoso y vacío, de blanco luto.
Y los fantasmas ahora cazan mi reposo.

Intención de muerte, fuego inconstante.
Vida terrenal que, cual vela, se apaga.
Disolver y brindar por la noche y el romance,
decretar que serias con quien habría de compartir
el cielo en el Infierno y el pandemonium más gentil

De vuelta a donde los susurros persuadían,
pilares de sal que me rodean como a su presa,
incluso con el precio que es mi vida.
Nos veía caminar juntos, desacompasados,
con honda pena, en una memoria perdida.

Chillidos de agonía que me perforan,
desesperados, vanos asimientos a la vida,
y un ruego por piedad, por compasión.
Una plegaria para ser salvado de la Muerte.
Insostenible soledad y despedida.

Y al ver a tu fantasma preguntaba,
¿De donde venimos, vamos hacia allá cuando morimos?
Seducción en la tierra de sonámbulos,
Noviembre en tu rostro se vestía de abril.
Bajo el nocturno cielo teñido de añil.

Ilusiones vanas, tierra árida y edén vacío,
Fluctuante decadencia murmurante.
Y en el silencio de las ovejas hacia al matadero,
con tu último aliento susurraste:
Ve a matarte


Okay, éste es otro ejercicio de mi clase Literatura, ésta vez un poema ecrito bajo la influencia de la música de Chopan (al menos creo que era Chopan), y cuyo tema tenía que estar inspirado en el romanticismo, no el romance, no, sino la supuesta vena de tragedia y demás que no recuerdo.

Está escrito totalmente en verso blanco, porque no sé nada sobre rimar y siempre me equivoco al contar las silabas.