Esta noche mi corazón late desbocado como si de la última exhalación se tratase.

No hay motivos, no hay realidades. Ni siquiera hay sueños. Vacío.

Pero sigue latiendo, cada vez con más fuerza.

Las estrellas, todas y cada una de ellas, titilan al compás. Uno, dos… dos y uno. Eternamente.

Descubro que mi respiración también danza al mismo son. Extrañada, impaciente, intento comprender. No hay respuesta, no hay pregunta.

Ni siquiera la luz de la luna me ayuda en esta desesperación. No aclara mis dudas, no calma mi angustia… No me arrulla entre sus brazos. No me adormece, ni me hace estremecer… Y lo anhelo.

Respiro profundamente, una vez más. Y en mi ser se vuelve a formar el mismo remolino, que parece desvanecerse pero que se opone descaradamente a abandonarme, como si de la oscuridad al olvido se tratase.

¿Dónde están mis respuestas? Allí.

¿Pero, dónde? Un poco más allá.

¿Aquí? Nunca.

¿Y aquí? Siempre.

En la segunda estrella a la derecha, todo seguido hasta el infinito.

Y… ¿qué anhelo?: Anhelar.

Y… ¿cuál es la pregunta?: Responder.

¿Y la respuesta es…?: Volver a preguntar.

Cuando todo termine la plateada luz seguirá allí… Pero mi mente seguirá vagando en las preguntas que una vez no surgieron en esta noche.

27/09/2006