Mi alma sufre por querer mostrar todo lo que guarda. Y sabe que nunca llegará ese momento.

Sufre por querer mostrar algo como una tranquila noche de otoño... Observando fuegos artificiales bajo el frío relente del cuarto menguante... Contando estrellas infinitas mientras los dedos se ian quedando dormidos...

Ansía mostrar aquel momento casi olvidado mientras, curiosamente en otra noche, pero de verano, jugaba cerca de gigantes hogueras luciendo un mágico vestido blanco, igual que mi inocencia. Bailando y bailando, dispersa, alegre, sincera... Feliz.

También ansía mostrar esos momentos de desconsuelo, culpa, miedo, deseperación, impotencia, incomprensión... Esos recuerdos que deberían poder olvidarse, porque destrozan lentamente, día a día, todo lo bonito que pueda quedar en el corazón. Recuerdos que por las noches atacan cada rincón de mi mente, haciéndome despertar llorando y temiendo no poder volver a respirar nunca más.

Mi alma desespera por mostrar aquellos sueños e ilusiones, aquellas ideas que la marea parece llevarse cada día, cada vez más lejos, cada vez más hondo... Olvidando lo bonito, lo perfecto, y haciendo hueco al dolor.

Las lágrimas ahogan mi pequeño corazón, pero sin matarlo, porque ya está acostumbrado a su presencia, a intentar convivir con lo oscuro, con lo que nunca podrá mostrarse.

Y mi alma se rinde, porque sabe que la palabra "nunca" solamente tiene un significado.


02-10-2006