Simplemente vagaba por los pasillos de este interminable edificio, sin pensar en nada, dejando que mi mente descansara por unos momentos. Mi mirada perdida en un punto lejano divisó una forma familiar. Allí estabas de pie, hablando con un par de chicos, mientras que a tu lado una elegante figura femenina sostenía tu mano. Una hermosa, pero artificial, reproducción de la belleza perfecta.

Intenté pasar desaperciba, que no notaras mi presencia, pero nada más que ese pensamiento rozó mi mente, tu te diste la vuelta y me miraste fijamente, sabiendo que no podría evitar tu mirada, y que tarde o temprano mis ojos se cruzarían con los tuyos. Y así fue. Terminaste rápidamente la conversación con aquellos chicos, y estirando de aquella figura que prendía tu mano, te dirigiste a mi con paso ligero, mirándome fijamente, con aquella sonrisa que siempre he adorado ver en tu rostro, aquella sonrisa de la cual yo era encargada de devolverte cuando estabas triste o enfadado. Y te devolví la sonrisa, siempre lo hago. Por muy mal que me sienta, por muy destrozado que este mi corazón, siempre tengo mi máscara alegre para no preocupar a nadie, para no preocuparte a ti.

Y me presentas a la chica de bellos ojos y carnosos labios, contándome todo sobre ella, mientras yo sonrío amablemente, aunque mi interior se destroza, aunque mi mente piense en matarla como se le ocurra hacerte llorar.

¿Sabes que solo yo te he visto llorar? Tantas veces has venido a mi, con una de tus sonrisas que al final se transformaban en lagrimas, tantas veces has llorado en mi regazo mientras acariciaba tu cabeza, tantas veces he deseado borrar esas lagrimas con mis labios...Se que mientras ella está hablando me estás mirando fijamente, sabiendo lo que pienso sobre ella, y tu también recuerdas todas esas veces, y como cuando te habías desahogado, y ya no quedaban más lágrimas en ti, me abrazabas en señal de agradecimiento, y yo podía aspirar tu aroma y sentir tu corazón cerca del mío aunque solo fueran unos minutos. Y se que recuerdas aquella vez, en la que viniste a mi después de haber intentado ahogar tu pena con alcohol, y que terminaste como siempre llorando en mi regazo, y que cuando fuiste a abrazarme se te ocurrió besarme. Aun recuerdo aquel beso en el que se mezclaba el sabor del alcohol de tus labios con las amargas lágrimas que mis ojos no pudieron mantener. Y sabía que debía parar aquel beso, que tan solo lo hacías por tu estado de embriaguez, que jamás podrías pensar en mi como lo haces con tantas otras, pero no pude detenerte. El sabor de tus labios inundaba mi ser, tu aroma se impregnaba en mi cuerpo, y por un solo momento me sentía amada por ti. Después de un largo rato terminaste aquel beso, y te quedaste mirándome a los ojos, y por una vez no supe descifrar que pasaba en ellos, que tipo de pensamientos se encontraban en tu mente. Te fijaste en las lágrimas que aun quedaban en mi rostro, y lentamente fuiste secándolas con el dorso de tu mano, para después volver a besarme, un simple roce de tus labios con los míos.

A pesar de que la figura femenina seguía hablando yo sabía que ninguno de los dos le prestaba atención, que nos perdíamos en pensamientos y recuerdos, por eso nos costó volver a la realidad cuando ella terminó de hablar. Después de intercambiar un par de frases triviales nos despedimos, y mientras te marchabas mis ojos seguían cada uno de tus pasos. De repente te paraste, diciéndole algo a aquella chica, que asintió con cierto tono enfadado y continuó caminando hacia la salida. La seguiste con la mirada, y cuando hubo alcanzado un punto te diste la vuelta, dirigiéndote hacia donde yo estaba. Te acercaste a mi y me abrazaste, para después acercar tus labios a mi oído y susurrarme que aun te acordabas de aquel beso, que ansiabas volver a probar mis labios otra vez, y que esa noche ibas a necesitarme más que nunca.

Y esta noche has vuelto a mi, y por segunda vez me has visto llorar. Has secado mis lagrimas con tus dedos, y me has abrazado fuertemente. Y me has vuelto a besar, como hiciste aquella vez, pero ahora no es producto de tu embriaguez, ahora me besas porque realmente lo deseas. Y mientras me susurras al oído lo mucho que ansiabas besarme, lo mucho que me necesitabas esta noche y que me querías, yo me abrazo a ti, en un intento desesperado de que el tiempo se pare, mientras amargas lagrimas vuelven a cubrir mi rostro.