CAPÍTULO 1: JANE Y BILLY

Aquella mañana, Jane estaba tirada en el enorme sofá de piel propiedad de su compañero de piso temporal, Billy. En la radio salía la canción Let´s do it (Let´s fall in love). Leía un artículo de prensa sobre una cena de famosetes que acababa de ocurrir hacía unas pocas semanas. Allí estaban todas las estrellas, arregladas, embriagadas de glamour, fama y alcohol. Sonriéndose en grados cínicos aleatorios, dependiendo de la cercanía.

En medio de una foto de grupo distinguió a Billy. El chico sonreía con afabilidad. Se giró un poquito y exclamó hacia la cocina: Hey, Bill, aquí hasta pareces guapo. Una franca risotada resonó desde la cocina. Al instante y portando dos tazas de café en cada mano y una pasta en la boca apareció Billy Boyd, el actor que llevaba una cruz pegada a su nombre, a modo de segundo apellido: Pippin. Le sacó la revista de la mano y la miró fijamente, mientras reía de lo lindo.

- ¡¡Qué guapos salimos todos!! - exclamó.

- ¡Sois tan pastelosos y felices que pareceis los Teletubbies! - comentó Jane

- Eso es porque tu no has convivido con gente maja como yo el tiempo necesario. - dijo pasándole la taza de café y mordisqueando una pasta de te.

Aparentemente, esa iba a ser otra mañana normal. Billy había conocido a Jane de la forma más normal: a través de un anuncio publicitario colacado en un tablón de anuncios:

"Chica sencilla busca persona para compartir amplio apartamento de dos habitaciones con cocina y baño. Cercano al centro. Bien comunicado."

Se habían caído bien nada más decirse, Hola. Una vez superada la impresión de que se presentase en la puerta de su apartamento uno de los hombres del momento en el mundo de la farándula todo había ido bien. Billy necesitaba un piso en Nueva York por unos asuntos laborales y ella, necesitaba desesperadamente alguien que no la dejase tirada con el aquiler, así que acordaron convivir.

La newyorkina Jane y el escocés Billy parecían haber nacido para convivir bajo el mismo techo: mismos gustos musicales, programas de televisión, libros, cocina...parecía que, sacando algunos roces, tendrían una convivencia absolutamente idílica.

Billy tampoco era muy molesto. La mayor parte del día estaba trabajando, iba al despacho de su agente, de los productores, a platós pequeños para rodar...y Jane pasaba su tiempo laboral en la pequeña cafetería situada en la sexta avenida.Y eso es lo que Jane se dispuso a hacer una vez lavados los dientes y fregada su taza de café.

Antes de salir por la puerta apareció Billy poniendose el abrigo y le dijo:

- Jane, quizá debí comentartelo antes pero es que no he tenido ocasión. Algunos de los chicos están en Nueva York y me gustaría invitarlos a cenar esta noche en casa. Claro que si - continuó Billy ante la perplejidad de Jane - no estás en absoluto de acuerdo pues reservo un privado en algún lugar y cenamos allí. Eso si, te vienes. Quiero que los conozcas.

- No, Billy, no pasa nada - dijo Jane, aún flipando ante la situación - tráelos aquí, aunque sabes que yo llegaré de trabajar y no tendré tiempo de cocinar nada y ...

- ¡Pamplinas! - dijo Billy - de eso no te preocupes ni le des vueltas. Cocino yo, que tengo más tiempo libre.

Y diciendo esto le dio un beso a Jane en la nariz y ambos salieron del apartamento.