CAPÍTULO 15: DOS NO SON TRES

Jane corrió hacia casa desde el café dispuesta a hablar con Billy de todo lo que pasaba por su cabeza en aquel momento. Sabía que hiciese lo que hiciese tendría que ser ahora o nunca porque le daba miedo que el aplomo del momento se le pasase en unos minutos.

Abrió a trompicones, casi sin acertar con la llave, la puerta del apartamento y corrió al salón.

No había nadie.

Llamó a Billy mientras buscaba en su cuarto, por si se estuviese duchando, pero el escocés no contestaba ni parecía estar por allí.

Finalmente, una nota pegada en el microhondas le confirmó la desapariciónd e Billy:

Querida Jane,

Tengo que irme por unos días a Nueva Jersey por un asunto del rodaje. Te llamo esta noche y me cuentas que tal te ha ido con Orlando.

Besos

Tu escocés favorito.

Jane no sabía si romper a llorar o qué. Pero de pronto se dio cuenta de que Billy no se podía haber marchado tan rápido. ¡¡Tenía que llegar al aeropuerto y preguntarle si lo que le ha dicho Orlando era verdad!!

Jane corrió y llamó un taxi. En el trayecto suplicaba para que el vuelo directo a Nueva Jersey se retrasase. ¿Cómo se lo diría a Billy?¿Qué le diría en realidad él?

Cuando llegó al aeropuerto pensó que no le encontraría jamás. Buscó entre los paneles la puerta de salida del vuelo de Billy y se dirigió allí. No había nadie en la zona de embarque, le preguntó a una de las azafatas que la miró perpleja:

- Lo siento mucho, señorita, el vuelo acaba de despegar hace a penas un minuto.

Jane pensó que tenía una suerte negra. No podría encontrar a Billy ni aunque la matasen. Pero decidió en el momento irse a buscarlo, no importaba el medio. El siguiente vuelo salía en una hora, compró un billete y esperó en un lapso de tiempo que parecía de eones.

Mientras, Billy bajaba del avión en Nueva Jersey. Estaba un poco cansado y con la cabeza a punto de estallar. Sabía que había enviado a Jane a los brazos de Orlando, él le diría por qué hizo lo que hizo, ella le perdonaría y los dos tan felices.

- Dos no son tres, Billy. – se dijo, intentando convencerse de que no tenía nada que hacer.

Se había enamorado de Jane día a día desde el momento en que le abrió la puerta y le dejó vivir con él. Ella había entrado en su vida por casualidad y ahora a Billy le resultaba imposible dejar de pensar en ella y le parecía horroroso no volverla a ver jamás.

Eso y la idea de tener que verla del brazo de Orlando todo el tiempo le hacía sufrir. Aunque, por otra parte, los dos eran sus amigos y el quería que fuesen felices.

Sin embargo empezó a pensar que debería decirle a Jane lo que sentía, no sabía como hacerlo y tendría que usar el método cobarde de confesar a través del hilo telefónico. Así no tendría que ver su cara de decepción.

Aunque estuvo trabajando toda la tarde no pudo dejar de madurar frase a frase lo que le iba a decir a Jane, quería confesarle sus sentimientos pero no de forma que ella sintiese lástima por no corresponderle. Era lo justo, quizá ella no quisiera verse en esa situación nunca más.

Billy aún estaba nervioso cuando, por tercera vez en aquella tarde, intentó marcar el número de teléfono de Jane. Sonó una vez, dos veces, tres veces … No estaba en casa o no quería contestar. Billy trató de desechar de su cabeza la idea de Jane y Orlando acostándose en el apartamento.

Saltó el contestador.

- Jane, - dijo Billy en tono vacilante – soy Billy, si estás ahí, por favor, coge el teléfono. Tengo algo importante que decirte.

- Yo también – dijo una voz femenina detrás de él.

Billy se giró para descubrir a Jane, embutida en unos vaqueros ceñidos, con el pelo revuelto y un brillo extraño en los ojos.

- ¡¿Qué haces aquí?! – preguntó Billy estupefacto – De … deberías estar con Orlando, en Nueva York.

- Ya, lo sé. Orlando y yo hemos estado hablando y creo que no volveremos a estar juntos nunca más. También hablamos de ti.

- ¡Ah¿Por qué?

- Billy¿estás enamorado de mi? – Jane utilizó aquello de "la mejor defensa es un ataque" y se dejó de paños calientes.

- Yo…Yo tenía pensado un discurso para esto – dijo Billy con una risita nerviosa – para que no quedase tan extraño pero ya ni me acuerdo.

- Pues dime algo parecido.

- Desde el día en que me abriste tu puerta no he vuelto a ser yo, por fin tengo felicidad, me alegra ir a trabajar porque tengo a quien contárselo y que se alegre por mí de verdad. Además eres divertida, simpática y mi mejor amiga. Lo he intentado con todas mis fuerzas pero no puedo dejar de sentir algo por ti. Estoy enamorado de ti, Jane. No me preguntes en qué lo noto, porque eso no se nota, simplemente se sabe. No me imagino vivir sin ti, sin tu alegría, tus enfados, tu estrés newyorkino ni todas esas cosas que te hacen maravillosa.

- Billy … - dijo Jane con los ojos perlados de lágrimas – es lo más bonito que…¡¡Te quiero Billy!! No lo había comprendido hasta hoy, Orlando me ha hecho ver que realmente salí con él porque te quería pero no quería estropear nuestra amistad. Eres mi mejor amigo y mi compañero. Y me gustaría que lo nuestro funcionase aunque estoy casi segura de que lo hará. Yo…

Jane jamás terminó esa frase, por primera vez en la historia, Billy interrumpió a Jane cuando hablaba para besarla y abrazarla, deseando que aquel momento en el hall de un hotel de Nueva Jersey no se terminase jamás.

FIN