La Cita

(Capitulo 6)

Te miró tan bella frente a mi, estas nerviosa, se nota en tus ojos y las pequeñas gotitas de sudor en tu frente, tus manos también tiemblan, quiero que me mires a los ojos, pero en lugar de eso exploras el lugar.

- Hola – te digo sujetando tu mano (suave, tibia), y la beso, te sonrojas con ese tono en tu rostro haces que tus labios sensuales me cautiven aun más.

- Ho…hola – me dices, tu vos es dulce, entrecortada. Sonríes mostrándome tus lindos dientes blancos y brillantes a motivo de los últimos rayos del sol que entran a la habitación por la ventana.

Te invito a pasar, dejando tu bolso en una pequeña mesa a un lado de la puerta, la sala la acondicioné para pasar una bella velada en ese lugar. En la pequeña mesita puse un candelabro con solo tres velas rojas, alumbran la estancia tenuemente dándole un leve tono misterioso, coloqué dos platos para lo que te preparé para la cena.

- Acomódate aquí, enseguida te traeré la cena – te digo sonriendo me miras devolviéndome el gesto. – Disculpa por lo que hice, pero eso de cocinar no me sale muy bien –

- ¡Oh!, descuida – me contestas – me comeré lo que hayas hecho, solo por que tú lo hiciste – tu gesto me deja maravillado, jamás pensé que pudieras ser tan linda conmigo, lo que me hace pensar que quizá pudiste escuchar algo de mi pasado, ojala no, esta noche quiero hacerla especial y no quiero que lo que hice antes lo estropee.

Voy a la cocina y regreso con una charola cubierta – ¡Es una sorpresa! – te digo, mientras pienso que es demasiado estúpido lo que hice y aunque lo sé deseo que te guste.

Cuando descubro lo que hay dentro de la charola, abres los ojos enormes, asombrada, después de un momento, que me parece eterno y espero que en cualquier momento te levantes disgustada y te vayas, dejándome solo con mi charola llena de "sándwiches". Al contrario ríes, tapándote la boca y me miras con tus ojos soñadores.

- Que lindo – me dices, me siento alagado de verdad, nunca antes había tenido el gesto de preparar algo de comer para con nadie, por lo que no tuve otra opción, y fue muy bien recibida por ti, eso me hace sentir muy bien.

Degustamos de mi graciosa ocurrencia para la cena, para acompañar conseguí un delicioso vino: Maison Beauchaine. Y no tengo la más mínima idea si sabrá bien junto con los "sándwiches" o no, de los únicos vinos que conozco es de los que traen los del "room service" y jamás antes los habría probado con "sándwiches".

Sin embargo no te quejas, parece que lo disfrutas y eso me agrada, veo como pruebas el vino, lo imagino bajando por tu garganta, tú saboreando el agridulce sabor de este, quizá tu temperatura corporal se eleve un poco, eso ayudará para después, con el primer sorbo que le diste al vino, colocaste tu mano en tu garganta, echando levemente tu cabeza hacia atrás, tu mano llego hasta tu pecho, entre tus senos, los miro un instante, con ese vestido negro que traes parecen más firmes que la última vez que los vi, el mirarte me agrada, sobre todo a la luz de las velas, eres hermosa.

- Estuvieron deliciosos – me comentas.

- Lo siento, pero cocinar no es una de mis virtudes –

- No tienes que disculparte, a decir verdad me encantaron – al decirme esto sonríes, parece que vuelves a estar nerviosa, imagino que es por lo que sucederá a continuación, yo tampoco quiero pensar en ello, no quiero que sea como las veces anteriores, al igual que tú, deseo que sea especial. Sumamente especial.

Pero lo que debe suceder, debe suceder. Levanto los restos que quedaron en la pequeña mesita, para recostarnos a un lado y hacer…algo, antes de entregarme a ti y que te entregues a mí.

Vuelvo de la cocina y te encuentras recargada a los pies del sofá, tus piernas largas (y hermosas) pasan por debajo de la mesita, miras hacia la ventana, por la cual entran lo destellos de los anuncios de la calle, casi hacen desaparecer la danza de la luz de las velas. Nuestras velas. Yo me encuentro a tus espaldas, tus hombros son perfectos también, se ven tan suaves. Giras el cuello y me miras, sonriendo me pides que me siente a tu lado. Lentamente obedezco. Creo que tengo un poco de frío, te abrazo y te acurrucas en mi pecho, una de tus manos pasa por detrás de mi cintura y la otra la colocas en mi pecho.

- Te quiero para mí – susurras, tus palabras me enternecen, colocó un beso en tu cabeza, tus cabellos tienen un aroma dulce, casi mareante. Me encanta.

Levantas la cabeza y con tus hermosos ojos taladras los míos, siento que miras mi alma tan destrozada y oscura, ojala la repares esta noche.

Te me acercas, sé que me quieres, no por que lo hayas confesado momentos antes, lo siento, tu cuerpo en mis brazos despide una calidez que me rodea, la siento por todos lados, entra por mis poros y me hace sentir bien, sin duda tu cariño me hace bien, compone mi destrozado ser, me alivias con tan solo mirarme. Tus labios tocan los míos en un tierno beso que me eleva al cielo¿hará lo mismo contigo?

Te atraigo más a mi, y siento como tus senos se apretujan a mi cuerpo, pasas una de tus piernas sobre las mías para estar más cómoda, tus labios se aprietan más a los míos y te sientas sobre mí. Separándote un poco me miras de nuevo a los ojos¿qué es lo que buscas?, con el dorso de mis dedos, compruebo lo suave que es la piel de tu rostro, tomas mi mano con la tuya y la besas tiernamente, sujetándote de la nuca con la mano que besaste te acerco a mi de nuevo para juntar nuestros labios en ese ritual de cariño que Dolores me mostró por primera vez, pero no quiero pensar en ella, no esta noche, pues siempre, en todas las noches anteriores fue su cuerpo en el que pensé cuando disfrutaba de todas aquellas chicas, de las que no recuerdo su nombre.

Dejas en paz mis labios para descender por mi cuello con besos tiernos hasta llegar a mi pecho, desabotonas mi camisa hábilmente y siento tus labios en mis pezones¡Ja!, que sensación tan extraña, pero me agrada, con tu lengua jugueteas un momento ahí y después te encargas de desabrochar mi pantalón, lo bajas hasta mis rodillas y masajeas mis genitales por sobre la tela de mis boxers, la erección se hace presente. Abro los ojos y topo con tu mirada, sonríes, te agrada hacerme sentir todo eso¿verdad?

Es mi turno y sujetándote de los brazos me acercó a ti para besar tus hombros, echas la cabeza hacia atrás de modo que mis labios no toquen tus cabellos, que siguen desprendiendo ese dulce aroma. Te aferras a mí clavando tus dedos en mi espalda cuando comienzo a devorar tu cuello, escuchó un leve gemido proveniente de tu garganta y tus dedos se clavan más en mí, tus uñas ya penetraron un poco por mi piel.

Quito los tirantes de tu vestido, miándolos solemne como caen por tus brazos, dejando al descubierto tu pecho. Tus senos firmes, redondos, suaves. En tus pezones hay una leve erección, subo uno y acerco al otro mis labios, lo beso como momento antes lo hiciste con los míos, lo estrujo con la lengua y gimes de nuevo. Jalando mis cabellos de una forma salvaje levantas mi cabeza y me besas desesperada, lamiendo mis labios antes de unirlos con los tuyos. ¡Oh! Pequeña perversa, bien guardado te lo tenías, eso hace que me gustes más.

Pongo mis manos en tus piernas, deslizándolas bajo el vestido para hacerlo subir por tu cuerpo y despojarte de él. La piel de tus piernas también es suave, acaricio tus muslos mientras jugueteas con mis cabellos y besas mi cuello. Entrelazados así he comenzado a sentir suficiente excitación para tener el pene más duro que en cualquiera de las noches pasadas. En verdad que eres muy especial…Ana, hasta recuerdo tu nombre. Si Ana, eres muy especial.

Echando tus manos hacía atrás e irguiéndote un momento me dejas completamente desnudo, me miras de pies a cabeza, pensé que con cariño era suficiente y no tendrías por que examinarme, pero no importa, quizá solo estas deleitándote admirando mi cuerpo, en ese breve instante yo hago lo mismo, viendo como extrañas sombras danzan detrás de ti, si las velas caen estaremos en problemas.

Enderezándote un poco te deshiciste de tus bragas, te mire de pie frente a mi, tan perfecta, sujete tus muslos con ambas manos para atraerte a mi, sujete tus nalgas antes de que te sentaras sobre mi y me dejaras estar dentro de ti.

Siento como mi pene se desliza lentamente dentro de ti y la presión aumenta, por dentro eres cálida, húmeda. Tan suave. Volviste a liberar un gemido cuando te sentaste de lleno sobre mi, cerraste los ojos, no imagino, y tampoco quiero saber, lo que sentiste o lo que sientes ustedes mujeres cuando son penetradas por mi, o por alguien más. Me doy cuenta por tu expresión que al principio es un leve dolor que cambia repentinamente a un intenso placer.

Te meces sobre mí ganando un poco de velocidad mientras beso tus pechos y sujeto tus nalgas para ayudarte un poco con ese vaivén. De mi garganta brotan gemidos también, tu ritmo aumenta y ya me es imposible seguir pegado a tu pecho, por lo que solo en concentro en acariciar tus muslos y la sensación que provocas en mi pene con ese roce tuyo. Liberas un alarido al mismo tiempo que te callas besando mis labios. Te desprendes de mi un instantes para bramar "te quiero", tus palabras me estremecen y hacen que te desee más. No puedo más y me vengo dentro de ti, te sujeto fuerte para que no te escapes, estoy agotado y por un instante me pareció ver a Dios frente a mis ojos, esta sensación y esa visión jamás la había tenido antes, con ninguna otra, en verdad eres especial.

Mientras estoy abrazado a ti descansando, jadeante, escucho los latidos acelerados de tu corazón, por entre tus senos corren gotas de sudor, mi cabello esta empapado también y mi ritmo cardiaco está tan acelerado como el tuyo, o quizá más. Ahora todo terminó, estoy seguro de lo que sientes por mí, me gustaría volver a hacerlo contigo, de verdad fue muy especial, no estaba seguro de que fuera tan buena la experiencia, que bueno que platiqué con Dolores acerca de ti y como siempre, ella tuvo una gran idea.

- Me parece que se llama Ana… - Comenzó a decir Pedro – hay algo en ella que no me deja quitármela de la cabeza, además ella siente algo por mi –

- ¿Estas seguro? – preguntó Dolores.

- Claro que estoy seguro – replicó Pedro sin mirarla – hoy pase toda la mañana con ella, fue por eso que no llegue a tiempo, y durante todo momento sentí que deseaba besarme – confesó con una sonrisa en el rostro.

- ¿Y quieres acostarte con ella? –

- No lo sé, siento que será igual que con las demás, y ya no quiero eso –

Dolores pensó un par de minutos la situación y sugirió:

- Podemos hacerla pensar que tú también sientes algo por ella, y citarla en algún lado que crea es donde vives –

- ¿Y eso de que serviría? – preguntó Pedro con desconfianza.

- Créeme muchacho, cuando una mujer se entrega por amor, se entrega de verdad, no como todas las pequeñas putitas con las que te has acostado –

- ¿Y como haremos que crea que yo siento algo por ella? –

- Pues espero que te hayas comportado bien esta mañana –

- Lo hice, no toque el tema de sexo por ningún motivo – aseguró Pedro

- Entonces lo demás déjamelo a mí y no tendrás de que preocuparte –Dijo ella guiñándole un ojo y dándole un beso en los labios.

Despertó en el sofá, buscó a su pareja a un lado y ésta ya no estaba, era temprano, aun no daban ni las ocho, por lo que debió de irse hace poco, corrió a la ventana, pero la calle estaba desierta, regresó al sofá, donde la noche anterior sin duda había pasado momentos que recordaría por siempre, muy a su pesar recordaría esa magnífica noche.

Se llevó las manos al rostro, pero no sollozó, no lo haría, encendió la luz a su derecha, la que aun seguía en pie y bajo la circunferencia de luz que emanaba de la lámpara encontró un papel doblado, seguramente la nota de su amante, una nota en la que diría que solo estaba jugando, o una en la que estaba acordando una cita siguiente, no lo sabía, pero no iría a una cita siguiente.

Desdobló el papel, sus manos temblaban, lo acercó a la luz y leyó:

Pedro:

Anoche la pasé genial contigo, pero no volverá a suceder.

Y debo agradecerte lo lindo que fuiste.

Escuché rumores sobre ti y la idea de lo que hacías

Me pareció genial, por lo que has sido el primero en mi colección

Espero que después de esto no me busques.

Yo siempre te recordaré

Con cariño

Ana

Arrugó la nota en su puño tembloroso, la furia recorrió su cuerpo, no podía permitir que eso le sucediera a él, pues él era quien lo hacía, él no era la victima, fue usado, y no se dio cuenta, el plan de Dolores en verdad nunca dio resultado, eso fue lo que le dolió más.

Furioso se levanto para vestirse y salir de ahí, y se topó con otro problema.

Sus boxers no estaban por ningún lado.

Hotomyli™