"¿Crees en los Milagros?"

Por: S.A.G.M.

N/A: Hola, esta nota es para advertir al honorable lector/a que el contenido de esta novela es altamente espiritual; tu vida puede terminar transformada al finalizar de leer. No por poderes míos, ya que yo humildemente comunico lo que ya se ha dicho desde hace mas de dos mil años. Por favor no te ofendas ya que estas advertido. Esto ahora en claro, ¡sumérgete a la trama en las montañas de San Luis Potosí!

-La Boda.

Cassandra estaba recostada en el carro contra la ventana. Las amigas de su hermana venían platicando a todo volumen así que cerró los ojos y dormitó un poco. No era que estuviera aburrida, Cassie, como la llamaban, generalmente se entretenía fácilmente.

Podía venir todo el viaje inspeccionando la construcción de los postes eléctricos y comparando el largo del intervalo de alambre entre poste y poste. Tal vez se quedaría mirando una gran montaña, admirando su forma e imaginando su fauna. Cualquier cosa reclamaba su atención. Sin embargo, ya tenían 3 horas de viaje y faltaban 2.

Los rayos del sol de Julio iluminaban su morena cara y delineaban sus gruesos labios, nariz perfecta y sus oscuros ojos cerrados, con largas pestañas. Al caer en su cabello rizado, el sol lo tornaba de un café oscuro a un café anaranjado, mientras que el aire jugaba salvajemente con su fleco.

El grupo de 5 amigas se dirigía a la ciudad vecina, para acompañar a otra amiga en su boda. El clima no era muy diferente al de Monterrey, de donde venían; Un calor intenso que hace que cualquier brisa se sienta muy refrescante. Por fin llegaron a su destino, Matehuala, S.L.P. Eran cerca de las 4 y la boda empezaba a las 4:30

-Pásenme la invitación, creo que el croquis viene adentro –pidió Minerva la chofer. Tras una breve discusión, se la pasaron. Con la conmoción se despertó Cassandra, quien comenzó a maquillarse y retocar su estirado peinado. Era verdad que le causaba molestias, pero, ¿Qué hacer? Había que ser bella o morir.

Encontraron la iglesia y se metieron. Poco después, comenzó la marcha nupcial y sus jóvenes corazones se estremecieron de emoción.

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Un recio viento helado, hizo tiritar a Cassandra, por lo que se arrejuntó entre 2 amigas para conseguir algo de calor. La recepción había terminado y estaban todas platicando con los familiares de la novia. De rato llegó Minerva algo consternada.

-Les dije a Ana y Selene que les daría 'raid', se me hace que vamos a ir muy apretadas, a ver, ¿cuántas somos? 5,... am... si tú cargas a Cassie,... déjenme ver, sí, así sí cabemos, 3 adelante y 4 atrás. ¿Está bien?-

-Nosotros tenemos espacio, ¿no se quiere ir con nosotros? –Dijo una voz de tonalidades profundas. Cassandra volteó y vio al familiar con quien hablaban, que, hasta ahora, se había mantenido en silencio. El esbozó una amplia sonrisa e hizo ruborizar a Cassandra.

-Ay, ¡Que amable! ¿Te quieres ir con ellos, Cassie? Van a pasar por el hotel "El Plateado", ¿verdad? –preguntó Edna, su hermana.

-Sí, por ahí mero.- Indicó el señor Maximiliano, Papá del joven.

-¿No se quiere venir alguien más? –ofreció Maximiliano.

- Pues así ya venimos cómodas, creo que está bien. –Contestó Mine por todas. Cassandra se tragó su sugerencia de que alguien la acompañara y se dispuso a segur a la familia.

-Mira, 'miija', ahí está la camioneta, pa' que metas tus cosas. ¡Ayúdale, Iván!

–Mandó la señora Olivia., una señora que se veía de una voluntad férrea.

Cassandra levantó su bolsa de dormir y le pasó su mochila a Iván quien se quedó esperando la bolsa.

-¿No vas a dejar que cargue algo? –Bromeó Cass.

- No pesa nada.-Replicó él riendo un poco nervioso. Cassie alcanzó una bolsa con galletas y lo siguió en la oscuridad. Era una pick-up roja, chaparrita y resistente. Metió todo a la caja y abrió la puerta para meter las galletas.

-¿Ya mero nos vamos, o todavía esperaremos más tiempo? –Le preguntó ella vacilando con las galletas.

-Esteee, creo que nos vamos a esperar un rato más porque nos vamos a llevar las sillas. ¿Por qué lo preguntas?-

-No, por nada. Tenía frío y pensé quedarme dentro de la camioneta. Pero como veo que se van a tardar, mejor voy y me hago útil.-

-No, si quieres quédate...o... es más, te presto el saco, sí calienta algo. –Añadió quitándoselo. Cassandra lo recibió con las manos tiesas, murmurando su agradecimiento.

Siempre había sido una muchacha seria, así que se mantuvo callada hasta que se despidió de todas sus amigas.

- ¡Abandonada y con extraños!- Fue su pensamiento antes que empezaran a apilar las sillas. Después de un rato y otra rebanada de pastel, por fin se retiraron los familiares.

Iván iba manejando, a su lado estaba el señor Máx.; Cassandra y la Mamá venían en el asiento trasero.

Después del acostumbrado diálogo circunstancial, Cassie fue cabeceando hasta quedarse dormida.

En un salto que dio la camioneta, se despertó.

-¿Falta mucho para llegar? –Preguntó modorra,

-Sí, mi hijita, faltan unos 20 minutos. ¿Estas cansadita, verdad?-

-Am, un poco. –replicó ocultando un bostezo. Pronto quedó dormida otra vez, quería ser cortés pero su mente se desconectaba al cerrar los ojos. Estaba soñando una mezcla del viaje y de la boda cuando unos gritos y el sentirse movida con la inercia hacia delante la despertó.

Con el corazón palpitando fuertemente y la adrenalina haciendo temblar sus músculos intentó concentrarse para averiguar que ocurría.

-¡Es una vaca, Iván esquívala, esquívala! ¡No viene nada! –instruyó el papá mirando el otro carril. Iván viró el volante y todos se sacudieron.

-¿Están bien?- preguntó Don Maximiliano ya que ellas no pudieron reprimir los gritos.

-Si, estamos bien.-aseguró Cassie poniendo sus manos sobre el pecho.

-Es una camioneta.- informó Iván –de seguro van borrachos-

Cassandra miró con el seño fruncido la camioneta Lobo con vidrios polarizados que venía zigzagueando. La dejaron atrás. Luego comenzaron una animada platica acerca de los vicios del pueblo y el pecado, luego el anciano contó su testimonio.

-¿Tú, a los cuantos años te convertiste?- le preguntó tímidamente a Iván.

-A los 17. –dijo cortamente.

-Oh, entonces no viviste en hogar cristiano, ¿verdad?

-No. –más corto aun.

Cassandra comprendió la indirecta de no hacer más preguntas y mejor se enfocó a contar el suyo.

De repente, la camioneta los rebasó a una velocidad increíble, poniéndose justo frente a ellos.

-¡Cuidado, Iván, son los borrachos otra vez! –exclamó la mamá.

-Tienes un carro atrás. –indicó Cassie, todavía no sabía si hablarle de tu o de usted.

-No puedo rebasarlo, no se queda en su carril. –comentó él.

Dos carros más se unieron a la fila. Toda soñolencia se alejó de sus ojos y la mamá y Cassandra torcían sus cuellos mirando atrás y adelante.

-¡Ya, dale, dale, ahora! –alentaba el papá,

-No, ¡espérate, detente! –se interrumpía él mismo.

Próx Cáp.: El accidente.

¡Bien! ¡Fin del primer capitulo! Recuerda que puedes decirme lo que piensas de él.

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Rose Encontró Varios Imanes Escondidos en Waterloo.

Jeje, ponte a pensar...