Crees en los milagros Cáp. 8 – Oscar y las Ejecuciones.

Entraron corriendo al cuarto de Oscar encontrándolo con muchas dificultades para respirar. Cassandra toco su frente: estaba ardorosa. Lo destapó y le hecho aire con un cartón. El chico hinchaba en vano su pecho un hilillo de aire entraba apenas con un jadeos agudos.

-¡No sé que hacer! –gritó con desesperación Cassie.

-¡Pues yo menos!-

-Tal vez ayude si le acomodo el cuello...

Le acomodó la cabeza en una posición más confortable, levantándole la barbilla favoreciendo las vías respiratorias. Por un momento se quedó tranquilo, pero después comenzó gemir y a temblar de arriba abajo. Repentinamente se sentó y abrazó a Cassandra bruscamente.

-Mamá, Amá! –repetía con los ojos perdidos y brillantes de fiebre tratando de enfocar el rostro de Cassie. Ella lo estrechó con ternura, acariciando su descuidado cabello.

-Está bien, relájate. Tranquilo, shshsh! Todo estará bien. Recuéstate. –le murmuraba suavemente al oído. La puesta se abrió y Mauricio entró corriendo, azotando la puerta y dejando su rifle en la entrada.

¿Qué le pasa? ¿Por qué grita? ¿Qué le está haciendo? –inquirió con una mirada protectora.

-No se. Alguna crisis de algún tipo... –mientras Orlando hablaba Oscar se desmadejó, todavía con los brazos alrededor de ella y casi tumbándola para atrás.

-¡Ayúdenme! –susurró ella.

Mauricio sostuvo su espalda y Orlando su cabeza, y suavemente lo recostaron de nuevo.

-Aun está muy caliente. –observó Orlando.

-Voy por agua, pero necesitamos un doctor. –respondió ella caminando hacia la puerta.

-Y Heriberto que anda tan lejos...hasta San Juan...- Mauricio dejó su frase inconclusa porque Cassandra había tomado el rifle. Pero a ella meramente le estorbaba, lo quitó y lo puso a un lado como si fuera lo más normal del mundo, salió corriendo. Tras cruzar con Orlando una mirada llena de espanto dio un largo suspiro y fue por él.

Cassandra se fue directo al cuarto y encontró a un Iván desesperado jalando su mano esposada.

-¡Hey! ¿Qué pasa? ¿Quién grita? ¿Estas bien? ¡Estaba preocupado!

-Pues al muchacho herido le dio como que fiebre o algo, está delirando, lo estamos atendiendo, ¡y ya se desmayó! Ora, no dejes de orar. –Dijo ella en voz baja.

Tomó un lavamanos con agua y unos trapitos. Y volvió a entrar. Mauricio ya no estaba y Orlando la miraba con angustia. Comenzó a frotarlo con los paños húmedos. Estuvieron así como por dos horas cuando dio un largo suspiro. A Cassandra se le heló la sangre de las venas y le tocó el cuello con aprensión. Estaba vivo, ya no temblaba y un sudor comenzó a cubrir todo s cuerpo. Se quedó quieto por un largo rato y de repente se echó a llorar.

-¿Qué te sucede? ¿Por qué lloras? ¿Te duele algo? –preguntó la chica.

El se sacudía con los sollozos y miraba a todos lados pasando su mano por sobre sus ojos.

-Dímelo, dime qué te pasa. Cuéntame…

El muchacho miró a Orlando y dejó de llorar un poco.

-Yo...yo no...se que me pasó... –dijo cortándose con hipo. –Estaba en un cuarto oscuro...y vino mi mamá y prendió la luz, y me dio agua...pero hacia mucho calor y no podía respirar...

-Está bien, ya estas bien, no tengas miedo, yo te voy a cuidar hasta que estés bien otra vez. –le aseguró ella con voz calmante.

El hizo un gestito medio infantil de contentamiento y se durmió. Orlando aclaró su garganta, y sonrió un poco,

-Eres un ángel. –dijo, luego salió, murmurando algo acerca de una basurita en el ojo. Cassandra lo vio partir y se tiró de rodillas al lado de la cama.

-Gracias, gracias Señor. ¿Y ahora que? –después de estar arrodillada un rato escuchó ruidos en la cocina, se asomó. Era solo Orlando.

-¿Qué haces?

-Pues la comida...

-¡Ah! Oye, ¿cómo le haces? ¿Vas a hacer ese menjurje que nos llevaste el otro día?

-Si, ¿algún problema?

-Bueno, yo podría ayudarte...

-¿Serio? Bueno, tu cocinas y yo soy tu ayudante ¿te parece? –dijo él emocionado por no tener que cocinar.

-¡Perfecto!

Así que ella fue pidiéndole los ingredientes, los fue picando, y guisando y cuando ella vació al sartén la salsa de tomate, el aroma invadió toda la cabaña no tardó un minuto y Mauricio apareció, entrando dramáticamente como siempre.

-¿Orlando? ¿Qué estas cocinando? –dijo mirándolo sentado cómodamente y mascando alguna porción robada con los pies sobre la mesa.

-Nop, yo no, ella, estaa... –dijo deteniéndose por no saber su nombre.

-Cassandra Castellana para servirle a Dios y a usted. -respondió con candor ella con las mejillas muy rojas.

-¿Y cuando comemos? ¿Cuanto le falta? –preguntó el relamiéndose inconscientemente los labios.

-Mmmm, le falta como unos 10 minutos... –respondió tímidamente ella. Acto seguido, se oyó un motor afuera que se apagó al lado de la casa. La cuchara se le escapó de las manos y rebotó primero en la mesa luego hasta el piso, haciendo toda una frase en chino. Orlando se hecho a reír.

-¡Te pareces a mi hermana! Viene de ves en cuando y siempre se va corriendo cuando llegan los demás... –dijo él recogiendo la cuchara.

Cassie sirvió precipitadamente dos porciones y escapó al cuarto, cerrando la puerta... sabía que había cerveza en el refrigerador, pero aun así había preparado una deliciosa limonada para tratar de disuadirlos a tomar...

Cuando los demás ya iban por su segundo plato, Iván Y Cassandra apenas habían terminado de dar gracias por la comida.

-Debemos estar agradecidos con Dios por todos sus cuidados. Él no nos abandona ni nos olvida, como algunas enfermeras que dejan a los pacientes sumidos en la ignorancia y la desesperación, pelando rodilla sin saber nada y...

-¡Detente! ¡Cómelo ahora que está caliente, después me reclamas! –dijo ella fingiéndose ofendida.

El la obedeció clavándose en su plato comiendo como desesperado hasta terminar.

-¡Oh, wow, eso fue tan satisfactorio como si me hubieras dado las gracias!

-No, en serio está súper rico. –dijo él mostrándole el plato limpio.

-Oye, ¡cuéntame lo de la balacera! No terminaste de contármelo la otra vez... ¿puedes?

-Bueno. Luego que ya no trabajé con el Jefe, comencé a ayudarle a mi papá con los tomates, tenemos un terrenito por aquel lado, tras la montaña. -Dijo él señalando hacia la ventana. Estaba caminando por la brecha para ya regresar a casa. Ya había anochecido, y andaba sin luz. ¿Pues a quien crees que me encuentro si no es al Jefe?

-¿Te vio?

-No, yo lo vi primero, y me escondí. Luego lo fui siguiendo, siempre en silencio. Fue horrible. Caminó hasta un claro en medio de la maleza y allí estaban como cinco personas amarradas de pies y manos y amordazadas y tapados los ojos. Ya sabía yo lo que era... una ejecución. Les destaparon los ojos y comenzó la guerra de palabras, unos estaban asustados, otros se defendían con maldiciones, uno no hablaba nada... se reclamaron y todo. Pero finalmente saca el Jefe su arma y les dispara...lo extraño era que normalmente los jefes ni subjefes matan a alguien...siempre mandan a los sicarios. Pero esta vez... no. los ayudantes del hicieron un cartelón con un mensaje (que no tenia nada que ver con lo ocurrido) y se fueron por diferentes caminos. Yo seguí tras el jefe, no se porqué hasta que el se topo con alguien.

"¿Lo hiciste?" dijo una voz. Yo la reconocí de inmediato: era Heriberto.

"Si" Dijo el jefe. "¿Te atienes a las consecuencias o que?" le respondió el jefe sacando su arma otra vez. "Tu no estas aquí para decir nada... quedamos en que no los ibas a matar... te respeté en algún tiempo, Zarraga, prometiste no decir lo del presidente y todavía te das el lujo de matar a mis hombres...eres escoria y lo sabes."

-¿'Perame 'perame, cual presidente?

Bueno, yo no lo sabia entonces pero había un rumor de que los que mataron al presidente, Humberto Sada habían sido del narco, no algo político. Pero no se sabia, y con esta platica, pues ahora sabia que en verdad habían sido ellos, Heriberto y su grupo. Y que el jefe, para cubrir a la organización, los usó como chivos expiatorios para despistar a la gente.

-¿por eso estaba enojado Heriberto, pues?

-Pues si, ¡imagínate! Casi cada grupo es como una familia, todos velan por la integridad del grupo, cubrir huellas, haces alibies, y todo. Pero cuando en dinero está de por medio, todas las barreras se rompen. No hay nada que te salve... por eso estamos secuestrados, ¿lo sabias?

-OK, voy entendiendo. Tú te diste cuanta que Heriberto había matado al presidente ¿y que pasó entonces?

-Heriberto y el jefe siguieron discutiendo por un rato y ya me iba a ir yo... cuando escuche un disparo...solo uno. Me tiré a la tierra pero luego nada más se oyó... por lo pronto por lo menos, ¡porque después de un rato oí otro disparo y unos pies que corrían hacia donde yo estaba! No pude huir, y alguien me cayó encima, no me esperaba así que lo pude desarmar rápidamente...era Heriberto.

N/A: ¡Hola estimados lectores! Perdón por tardarme tanto, mis días están llenos de actividades... la escuela, la otra escuela, la otra escuela... (¿Por qué tantas me pregunto?) Y todo requiere de la mayor parte de mi mente, (y ya saben algunas que no soy multifuncional) pero bueno, he aquí un capitulo de parte de esta Elfa servidora. (Que desafortunadamente no posee ni un gramo de magia... todo lo tiene que hacer del modo convencional: Trabajando y trabajando más. Por favor, no duden en hacer algún comentario de la fluidez, de las conversaciones, ortografía, o cualquier errorcillo de edición, díganme por favor.

¡Muchos saludos a Los lectores de siempre!

¡Annie, tus reviews me inspiran siempre!

¡Karen, ya extraño los tuyos!

¡Gera, bueno, dijiste que no te gustó el estilo...tal vez mejore más adelante! Le hice algunos cambios al manuscrito...

¡Jaimie, que siempre lee y me dice luego!

¡Y a todos los que leen, claro, gracias por llegar pacientemente hasta aquí!

Y ahora, (aunque se enoje tarantas…)

Ramiro Entrevistó a Varios Integrantes de la Escuela de Wimbledoung.

(OK, para dejar un comentario, presiona el botón que dice "Review")

Gracias y bye bye!!

Elfa

del refran que cuando los chinos quieren poner un nombre, dejan caer una cuchara y el sonido que haga, ese nombre le ponen.

Presidente de México asesinado hacía un año y atribuida su muerte al partido contrario.