Nota del autor: Este texto fue en respuesta a un reto que me planteó una amiga indicando que había que realizar la lista de buenos propósitos del año de un personaje de ficción cualquiera. Os propongo, si os anima, la misma idea en otras versiones.


LA LISTA DE BUENOS PROPÓSITOS

Miraba el calendario con asombro y sorpresa, para empezar, casi no se había dado cuenta de que era Fin de Año. Miró para su calcetín raído colgado en la puerta del armario y suspiró. Tenía un poco de remordimientos por las cosas hechas a lo largo del año, quizá por esas cosas estaba sólo.

Decidió hacer su lista de propósitos del Año Nuevo, así que abrió una caja que estaba en el suelo llena de papeles y lápices de colores y se sentó con las piernas cruzadas dispuesto a escribir.

Se rascó la barbilla y pensó, le resultaba difícil. El Monstruo del Armario nunca había hecho una lista de buenas intenciones así que aquello tendría que salir como pudiera.

Puso el título, aquello parecía ser la base para fundamentar la situación:

MI LISTA DE PROPÓSITOS

Y luego un 1 para enumerar. Pensó unos instantes más y de pronto pensó en lo solo que estaba pasando la Navidad y enumeró:

No volver a asustar a Tom.

A fin de cuentas, Tom tenía sólo cuatro años, y se asustaba con cualquier cosa. Y él no debería hacerle estas cosas, ya que ahora, el niño no quería entrar en el armario nunca.

No comerse los calcetines de la lavadora.

Estaba seguro de que la Sra. Miller, la madre de Tom, le agradecería encontrar el par que metía en la máquina al salir. A lo mejor así li invitaba a cenar o algo.

Perder un kilillos.

Vivir en el armario se estaba convirtiendo en una tortura, y ahora venían las rebajas y la nueva colección primavera probablemente le restaría algo más de espacio.

Comprarle otro hámster a Tom.

No lo había hecho a propósito. Hamsy, el hámster, no debió retarle a que podría transportarle a hombros por muy imaginario que El Monstruo del Armario fuese.

Cepillarse mejor el pelo y comer eukanuba

Estaba empezando a perder brillo en el pelo y estaba seguro que era por culpa de la alimentación.

Comprarse una kit de manicura.

El Monstruo pensó que no era justo que Sparkey se llevara la culpa de afilarse las uñas en la ropa del armario. Es que a veces le dolía y no le quedaba otra, pero esta era el tipo de cosas que hacía que el perro le mirase con rencor.

Ponerle pila al reloj de pulsera.

Hacía, por lo menos, tres años que estaba parado en las cinco y diecisiete y esto estaba empezando a causarle cierto estrés. No es lógico salir a asustar a Tom por la noche cuando Tom está en el colegio. Estaba empezando a quedar mal en sus funciones.

Llamar a su madre.

Puede que no siempre estuviesen de acuerdo pero al menos la madre del Monstruo del Armario le quería y le entendía a su manera. Es complejo mantener una relación cordial de acercamiento por la diferencia generacional, claro que también estaban las funciones laborales, pero¡qué caramba! Su madre podía quererle igual aunque ella fuese una bisagra sin engrasar en una casa abandonada.

Buscarse una novia.

Empezaba a tener edad para sentar cabeza, y no sólo cuando hacía el pino puente en el armario para matar los ratos muertos, estaba empezando a convertirse un soltero frikazo y aquello no le venía bien. Era hora de buscarse una buena moza.

Empezar a ahorrar para el futuro.

Era necesario empezar a tener una cuenta con ingresos pero claro, debería tener ingresos para ello,¿ no? El Monstruo pensó que era necesario cambiar de trabajo, como monstruo del armario no ganaba lo suficiente.

Escuchó las risas que venían del salón comedor y la voz cantarina de la Sra. Miller anunciando que ya era 2007.

El Monstruo del Armario miró alrededor y se vió muy sólo en el armario. Estaba preocupado. ¡¡Acababa de descubrir que tenía miedo a la soledad!!

Fin