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Una historia corta, como acontecen los momentos que nos asustan y nos parecen una eternidad, y solo duran un poco de tiempo

Cinco minutos.

Por S.A.G.M. La elfa.

Una historia sacada de personas reales, lugares reales, pero de situaciones totalmente ficticias.

Si lees esto podrías creer cosas, por favor no lo hagas, nada va a suceder por esto, en serio.

Todo comenzó en ese campamento de Juca, (juventud cristiana en acción) habíamos tenido un tiempo sumamente agradable, conocimos a muchos hermanos en Cristo, que tenían metas parecidas a las nuestras.

Era ya el último día en la mañana habíamos hecho las maletas y acabábamos de comer, bueno yo, casi todos estaban todavía en la cocina. Miré mi reloj, las 9:02 y me asomé con melancolía a la ventana.

Las voces y las risas venían de la cocina y me apresuré a regresar, pero me quede helada en el umbral, unos cinco hombres armados y cubiertas las caras con paliacates venían por la banqueta ¡y se dirigían a la cocina! Silas venía saliendo del Edificio Académico y no pudo moverse ni huir, antes de que yo pudiera agarrar aire para gritar, le dispararon y con un grito horroroso se desplomó al suelo. No me vieron ni oyeron y siguieron en sus pasos, yo corrí por el cell de Vianella y le marque a Fidry, Los hombres tenían que dar unos veinte pasos mas y ya.

-¿Bueno?, ¿Vianella?-

-¡Fidry! Diles a todos que se agachen! ¡Van unos armados hacia allá! ¡Por favor!- le supliqué en la voz más real que pude, creo que ella estaba en la ventana, porque de inmediato escuché: ¡Agáchense!

Yo regresé a la ventana y en eso dispararon por todas las ventanas de la cocina. Un gritadero se escuchó, y a mi se me secó la sangre, trataba de pensar que querrían todos ellos, ¿dinero, información, un tesoro? Había oído que había narcos en los alrededores.

Con una súbita inspiración les grité:

-¡No disparen! ¡Yo sé donde está!- todos se volvieron a mi y comenzaron a correr.

Yo cerré el mosquitero con la aldaba.

-Gran protección, hasta los moscos se meten.

Vinieron y me apuntaron. Silas estaba rodando hasta la oficina, yo todavía tenía prendido el cell, adentro del bolsillo de la falda.

-Es inútil que me estén apuntando, tengo la llave, y la puedo desaparecer, en un momento. ¿Sí se las doy se marcharán?-

-No queremos la llave, tonta, lo queremos a él, lo tienen prisionero en este convento o qué?- dijo uno rudamente.

-¿Él? Rayos, ¿Quién pudiera, ser? ¡Piensa, Samanta, piensa!

-Yo se dónde lo tienen.- mentí resueltamente.

-Dínoslo-

-No me estén apuntando, o no les digo nada. Esperen allí afuera, y no hostiguen.-

Me metí y saqué el cell otra vez,

-Fidry, voy a distraerlos en la bodega, salgan y trépense por la pared de al lado y escapen por allí a la casa de los hermanos. Yo me las arreglo, esperen a que pase y luego se van.-

-Pero…-

-No, Fidry, ¡haz lo que te digo!- Susurré fieramente.

-Bien, síganme.- abrí el mosquitero y me salí inmediatamente me cojieron del brazo y me empezaron a arrastrar,

-¡Ya sabemos, donde, -dijo y terminó con unas maldicionsotas.

-Mejor que mejor, porque yo ni tengo idea-.

-Déjenme ir por las llaves- les reclamé.

Me empujaron, y yo entré al Edificio Académico Silas estaba pegado al teléfono:

-Si, estoy herido ¡y hay armados! No se que calle es, es por la casa rosa fosforescente. Es un seminario Bíblico, donde fue la explosión. Si, allí mero…-

Yo me paré en seco y se chocaron a mis espaldas.

-No es por aquí, es por la otra puerta.-

-Pues muévete!-

Rodeé el edificio y entramos por la puerta de atrás, claro que tenía que ir a la oficina dónde estaba Silas, pero no iba a ir con él hablando por teléfono. Pronto lo vi arrastrarse hacia fuera. Corrí y tomé todas las llaves que encontré.

Me encaminé hacia ellos, entonces entendí tan duro como si me hubieran golpeado: ¡claro que no me iban a dejar ir! Y para colmo de males, el paliacate se le cayó a uno, y le vi claramente la cara.

-Yo creo que ya valí cheesburger.-

Les aventé las llaves y me metí a la capilla y cerré la puerta.

-¡La ventana, rápido!-

Tenía protector, pero calculé que sí cabía, me metí de cabeza, ya casi salía, pero se me atoró la cadera, me retorcí pero escuche dos cosas, que estaban disparándole a la puerta, y que se me rasgaba la falda. Ya estaba saliendo cuando dispararon otra vez.

El dolor que sentí en la rodilla me hizo dar un último esfuerzo y me escabullí.

Casi caigo en el árbol de durazno, me aleje gateando y me escondí tras la cisterna, toda acostada. Las balas seguían viniendo pero yo no sabía a donde ir ahora. En un pequeño lapsus de silencio, supuse que las estaban cargando así que me levanté y medio corrí y medio gatee hasta la casa de los Ernesto. Abrí la puerta y me tiré adentro, la cerré. ¡Pero todos los disparos se filtraban por la lamina! Rodé para cubrirme con la pared y me arrastré al final de la sala. Ya me sentía muy débil y también tonta.

-¿Como se te ocurrió tratar de sonsacarlos? ¡Son unos profesionales! ¡Por lo menos los demás escaparon! Yo no creo que salga de esta.

Me acurruqué en un rincón detrás de un sillón y rompí a llorar.

Pronto se oyeron pasos pesados, por ambos lados de la casa, los del frente llegaron primero.

-Hey, Samanta, ¿Dónde estás!- dijo una voz inconfundiblemente la de Isaí

-¡Aquí! ¿Me van a salvar?-

-¡Shshsh!-

Me callé y me puse atenta, aunque no dejaba de llorar.

Si creían que iba a correr, estaban muy equivocados.

Pronto entraron los de atrás, que aunque no los veía, sabía que eran mis enemigos. También vi que por una ventana dos personas metían a un tercero, alguien fuerte y fornido, ¿Clever? No, no era él. ¡Ah, Luis! Pero tenía lentes.

Se agazapó en otro rincón y los otros echaron algo en medio del cuarto, justo cuando los malos entraron.

-Pum.-

Se escuchó una pequeña detonación, como un cohete cebado, pero de pronto le empezó a fluir un montón de humo, los malos empezaron a toser.

Yo sentí unos brazos que me levantaban y me jalaban a la puerta.

En la puerta, traté de ver quien era mi salvador, o mi secuestrador, lo que fuera, pero no veía nada, ese humo me había vuelto siega.

-¿Puedes caminar?- dijo Jonás.

-No- respondí con tos

-Nimodo, Luis, llévala de muertito, voy a asustarlos otra vez, Prende el vagón, Jonás!- instruyó Isaí.

Me levantaron y creo que me llevaban sobre el hombro, doblada sobre mi estomago.

-Me cala tu hombro, Luis.- dije.

-¡Oye, no te quejes!-

Me echó en un asiento y rápido arrancaron.

-¿Recogieron a Silas? Creo que le dieron y lo vi tirado en el pasillo.- pregunté mirando quien sabe a quién.

-¡Hola, Princesa!- la voz de Silas, a mis espaldas

Respiré de alivio y me voltearon la cara hacia la ventana. Poco a poco se me quitó el ardor, se había sentido como si hubiera estado picando cebolla.

Luis estaba junto a mi, y trataba de hacer algo con mi rodilla, Jonás manejaba e Isaí venía de copiloto sonriendo.

-¿De qué te ríes, Isaí?-

-Nada, ¡no sabía que íbamos a usar el equipo de seguridad, en un Juca!

-¡Ja, ni yo creía que iba a salvar a una damisela en apuros! –añadió Luis.

-Ni yo venía a luchar y todo esto, bueno, en fin, Dios nos ayudó.- concluyó Jonás.

-Bueno, ¿y ustedes porqué no se fueron con los demás? Le dije a Fidry que me obedeciera.-

-Pues, ya vez, este Isaí dijo que tenían ese equipo, además no te íbamos a dejar así.- dijo Jonás.

Yo nada más sonreí.

-¿Que horas son?-

-Las 9:07-

-OH-

FIN

Una historia medio tonta pero no tenía nada mejor que hacer, y estaba cansada de transcribir mis, según yo, "Mejores historias." Por favor, lectores, disculpad lo churro y demás.

S.A.G.M.

W.L.- S.D.G.

¡!!Rápido Enreda el Violín e Inmediatamente Enciende el Weather chane!!!

Asi es, ¡Reviews por favor!