Confesiones de Amanda

La chica corrió sin parar desde la fiesta al puente sobre el ferrocarril. Aquel puente-refugio de los indigentes y drogadictos. Lleno de graffiti y basura. Lloraba sin cesar y el maquillaje de los ojos corría como ríos negros por sus mejillas. Se inclinó sobre el barandal y pasó ambas piernas por sobre el, sujetándose. Dos policías al verla así, corrieron a ella pero ella les gritó que se tiraría si se acercaban más. Uno se ellos, casualmente un negociador, se acercó de todos modos.

Negociador: Señorita... yo...

Amanda: ¡Aléjese!¡No de un paso más o me arrojo!

Negociador: Ok, ok. estoy quieto. (levanta las manos) Necesito que te tranquilices...

Amanda: ¡Estoy tranquila, &(grita)

Negociador: Tranquila, hija, todo...

Amanda: ¡No soy tu &!!, hija!

Neg: Esta bien! está bien! Solo, conversemos, ok? (se reclina casualmente en el barandal)

Amanda: No tengo nada de que hablar contigo...&!!

Neg: Ok. Yo soy José Santiago, y soy de aquí...

Amanda: No pareces Mexicano... (dice contemplando su pelo huero y complexión descolorida)

Neg: Jaja, no, soy mexicano por nacimiento; verás, mis padres son suizos y vinieron a México de vacaciones, les gustó tanto que decidieron quedarse.

Amanda: Oh, vaya, bueno, José Santiago, me apena haberte conocido por tan poco tiempo...

Neg: ¿Porqué te querías tirar?

Amanda: ¿Quería? Todavía voy a hacerlo...Jaja, Tomé un curso en sicología...no me puedes hacer de esos jueguitos, lo siento... (dice sonriendo y abandonando la rigidez de sus músculos pero sin alejarse del barandal)

Neg: Oh, wow. No lo sabia. Y te cayó mal el maestro ¿o qué?

Amanda: ¡No, no, nada de eso. Es por... mira no se porque te estoy diciendo esto, pero que importa, de todos modos voy a salir por la puerta de atrás...son...son...solo asuntos del corazón.

Neg: ¡Ah! ¡El amor! Siempre es una causa poderosa.

Amanda: ¿lo crees así? Nadie parece creer que es importante... ¡Si! mi pobre corazón lacerado y en pedazos pero nadie lo ve... a nadie le importa...tengo una amiga poeta que siempre hace poemas de mis tragedias...jajaja ahora va a escribir de como terminé con mi trágica existencia!! ¡Patético!

Neg: No, no es patético, a mi me resulta romántico, hasta poético...Así, el gran amor de Amanda llegó a la culminación máxima de expresión, al volar por los aires como paloma mensajera y estrellar sus delicados miembros sobre las vías y que al pasar el tren de los celos lo termine de matar! ¡Qué sublime!

Amanda: Te estas burlando, señor Santiago.

Neg: Claro que si. Pienso que es una absurda manera de mostrarle tu amor a alguien...¿cómo se llama?

Amanda: Al...berto, no, no se llama Alberto... pero qué importa, no lo hago por él, lo hago por mi. Él...él ya no importa. (se emociona, lagrimea un poco y suelta una mano del barandal.)

Neg: ¿Qué paso? (dice dando un paso hacia adelante.)

Amanda: No se, todo fue tan rápido, como que muy de repente. Éramos los mejores amigos...nos contábamos cosas...y yo de cabezona creí que era algo más...¿porqué no me di cuenta?

Neg: ¿Te engañó con alguien más?

Amanda: No se, estoy tan confundida. No me engañó porque según él no éramos nada...lo que teníamos era amistad... y nada más... pero yo me engañé sola. Yo creí que era amor. ¡Imagínate cuando lo vi con mi mejor amiga! (vuelve a tomarse de la baranda y se recarga para sollozar un poco) Ya te imaginas su cara. Su sonrisa grande y sus ojos burlones: Hola, Mandy, felicita a los nuevos novios. Claro que yo disimulé, pero me vine corriendo hasta aquí.

Neg: ¡Entonces esto acaba de suceder! (Amanda asiente mirando a las vías otra vez.)

Neg: ¿No le hiciste alguna carta a tu familia de que te ibas?

Amanda: No.

Neg: Entonces, ¿fue algo de repente?

Amanda: ¡Ya, &! ¡Pues claro que fue algo de repente! ¡Al... solo jugó conmigo! Antes no tenía razones de morir... yo quería vivir... para estar con él... hablarle y que me sonriera...que me dijera tantas cosas bonitas con su mirada...cosas que yo no entendía...pero que creí que eran reales...y no lo eran. Lo siento. ¿quieres voltearte para no verme caer?

Neg: No te voy a dejar que te tires.

Amanda: (se ríe amargamente) ¿y cómo piensas impedírmelo? (se oyen unos pasos de alguien que corre...)

(Gritos indistintos) ¡Mandy! ¡Mandy! ¿Dónde estas?

Amanda: (en voz baja) Perfecto, más negociadores...justo lo que faltaba...

Al: ¿Mandy, qué estas haciendo? ¿quién es él? ¡Bájate de allí, es peligroso!

Amanda: ¿Ah, si? ¿Peligroso dices? ¡Claro que no! Aquí corre el aire bien rico, solo a salí a tomar aire. Él es mi nuevo amigo Santiago. Santiago, el es Al.

Al: Amanda, ¿qué te pasa? ¡Bájate de allí inmediatamente! ¿Te sientes bien?

Amanda: ¡Claro! Siempre despistado, no tiene idea de porque estoy aquí, Santiago. ¿Verdad que no, Al?

Al: Mandy...

Amanda: ¡no me digas Mandy! No me hables siquiera! ¡Vete con Eloisa! Ay! Hablando del rey de Roma...

Eloisa: Alberto? Beto? Betito?

Amanda: (la remeda en una voz chillona) ¿Betitoooo? ¡Qué cursi! Debiste haber pensado otra nombre... no se, príncipe Aubert o algo así...betito...

Eloisa: ¿Mandy? ¿Qué haces allí? ¡Beto bájala!

Amanda: ¡Nooo! Nadie se acerque, lo digo en serio, si alguien se acerca me tiro. Eloisa, ¿porqué no me dijiste? ¿Porqué me dejaste hablar como tonta de mis sueños con él? ¿Porqué? (su voz ya no es sarcástica ni burlona, esta quebrantada y empapada de tristeza.)

Al: Yo... perdóname, lo nuestro nunca...

Amanda: ¿Nuestro? ¿Nuestro? Nunca hubo nada, ¿no?¿Alberto Nadales ·&!? No te preocupes, voy a una mejor vida. Me importabas de veras, Al, no se porqué me fijé en una sabandija de aguas negras como tú. Adiós. (Amanda cerró los ojos y soltó el barandal, parándose en la mera orillita. Un fuerte vendaval se soltó de repente. Azotándoles las caras con lluvia y granizo. Amanda se tambalea en el huracán, en la orilla del puente. A lo lejos se escucha el tren. El negociador se había acercado sigilosamente durante la conversación y estaba atrasito de ella. Le da una sonrisa siniestra a Alberto a la vez que un rayo le ilumina las diabólicas facciones. Y le da un empujoncito a Mandy. Y ella con una sonrisa y sin abrir los ojos, cae al vacío.)

Al: Noooooooooooooooooo! (con un grito de sincero horror, corre hacia donde se acaba de esfumar Amanda.)

Eloisa: ¡Alberto ven! (Alberto mira con el pecho jadeante hacia abajo, solo negrura y ruido del aire.)

Al: ¡Amaaaandaaaa! ¡Amanda!! ¡¡Amanda, noooooo!! (y con un rugido rabioso se lanza contra Santiago y lo tumba de espaldas, con las manos en el cuello. Santiago quiere decir algo pero no puede así que se limita a señalar con el dedo al barandal. Al no se da cuenta.)

Eloisa: ¡Alberto, matando al señor no va a revivir a Mandy.! (comienza a oírsele la voz temblorosa y sus ojos tienen lágrimas. Alberto deja de asfixiarlo y comienza a golpear su propia cabeza en el suelo, salvajemente. Eloisa trata de detenerlo. Sangre comienza a correr. En eso llegan dos policias que inmovilizan a Alberto pero él ya se ha descalabrado. Eloisa se desmaya. Se los llevan a ambos en una ambulancia.) (Santiago se incorpora rápidamente y comienza a jalar una cuerda amarrada al barandal. Poco a poco un bulto que casi no le pesa comienza a aparecer. Es la forma de Amanda doblada sobre su estómago, un gancho de alpinista sujetando su ropa; inconsciente. La tomó de los brazos y la acostó en el puente llevando a su nariz algo de alcohol. Ella despierta sobresaltada.

Amanda: ¡Dios mío! ¿Qué acabo de hacer? (Miedo y preocupación surcan su cara.) Perdón Dios! ¡Es demasiado tarde! Pero... (comienza a ver alrededor) ¿Santiago? ¿Todavía estoy aquí?

Neg: Así es, aun te contamos entre los vivos, gracias a Dios. Te puse este gancho en la ropa por eso no llegaste al fondo.

Amanda: ¿Pero cuando lo preparaste? ¡No me di cuenta!

Neg: Bueno, es que aquí es un lugar propio para suicidios. Todo el mundo viene aquí. Por eso el gobierno instaló un equipo de disuasión y salvamento. Ahora es difícil que alguien se tire hasta abajo. (Amanda da un gran suspiro.)

Amanda: ¡Qué pequeños me parecen ahora mis problemas! Hablando de problemas, adonde se fueron? (mira alrededor y ve con espanto el charco de sangre) ¡Qué es eso! ¿Qué pasó?

Neg: Me temo que Alberto haya perdido la razón por la impresión. Se comenzó a golpear a si mismo.

Amanda: (después de meter el aire en sorpresa se derrumba en llanto)

Neg: Ven, comienza a vivir otra vez. Tienes una nueva oportunidad.

El Fin

Epilogo.

Amanda rehizo su vida y de hecho se casó con José Santiago en una Iglesia de Suiza en dónde vivió por el resto de su vida. Eloisa estudió sicología y trabajó para el gobierno, en el mismísimo puente, aunque se dice que solo está allí para ver a Alberto de vez en cuando. Alberto perdió la razón por completo y fue internado en el Hospital Mental Helsing de donde se escapaba periódicamente para ir a buscar a Amanda en el puente.