Caelifer Temperie

Capítulo 22:

Emprendiendo el vuelo

Lieve terminaba de amarrar a Anton y Bob cuando una siniestra corriente de viento la golpeó, apartándola de ellos. Al recuperarse del golpe vio un aura negra debajo de los muchachos absorbiéndolos y a los dos vampiros caminando hacia ellos.

¡Alto! ¡¿Quiénes son?!– llamó ella sacando su espada, los hombres simplemente la vieron y la ignoraron regresando la vista al portal que ya se había llevado a los magos –¡Hey! ¡Les estoy hablando!– gritó molesta cambiando la espada por la ballesta para disparar un par de flechas, pero para su sorpresa el pelirrojo atrapó ambas sin siquiera voltear y las quemó en su mano.

Niña no te conviene meterte con nosotros.– advirtió Eric con un notable esfuerzo por contener su ira –Podrías acabar peor que tu hermano.–

¿Ustedes que saben de mi hermano?– cuestionó pero entonces notó la espada de Raimundo en manos de Froylán –¡Ustedes tuvieron que ver con su muerte!–

Ja, como si ese tipejo hubiese sido tan importante.– se mofó el de cabello negro.

Nuestro objetivo ahora es ese maldito hombre lobo.– gruñó Eric por lo bajo.

¿Hombre lobo?– preguntó Lieve desconcertada.

Joseph Wolfang… si quieres saber lo que le pasó a tu hermano, trata preguntándole a esa bestia asesina.– sonrió Froylán antes de desaparecer con su compañero.

Luego del incidente en el hospital, tanto la mamá de Yael como otros pacientes fueron transferidos a otros hospitales e interrogados por las autoridades. No sabían si los médicos que la habían asistido en su parto dijeron algo sobre Yael, pero no les importó pues ya los medios habían estado hablando al respecto aunque sin dar muchos detalles al no saber exactamente lo ocurrido.

Ya que tanto madre como hija estaban bien, a la señora Cervantes la dieron de alta en un día y su esposo rentó un departamento de tres cuartos para la familia, Adriana incluida.

Debido a todo lo ocurrido, en especial por perder a Uri, Yael se sumió en una severa depresión y no salió de su cuarto por días. Su prima decidió faltar a la escuela un tiempo para descansar y por que la prensa los había alcanzado a captar a ella y Seigfried, aunque de manera muy borrosa. Joseph y Khai también se habían ausentado pero no le dijeron a nadie donde estarían, y Seigfried se quedó en casa también. Los únicos que seguían asistiendo a clases eran Daniel y Cheryl.

Así pasaron una semana ocultándose de la vista pública, hasta que un sábado los muchachos decidieron que era hora de decidir su plan de acción. Lamentablemente Yael seguía indispuesto en su cuarto.

–Yael, tus amigos están aquí.– llamó Jazmín tocando la puerta donde su hijo mayor se había encerrado pero no tuvo respuesta y suspiró. Volvió a la sala donde los tres hombres bestia esperaban con Adriana, Cheryl y Daniel. –Sigue sin contestarme, creo que no va a salir aún.– notificó preocupada.

–Quizás yo debería hablar con él.– dijo Joseph levantándose de su asiento pero la señora negó con la cabeza así que se volvió a sentar.

–Solo necesita un poco más de tiempo. Esto ya lo hizo antes cuando pasó lo de sus compañeros. Necesita pensar las cosas por sí mismo.– explicó Jazmín sirviéndole té helado a los muchachos. Habían puesto las mesas del desayunador alrededor de la mesa de té para que Khai, Seigfried y Daniel se sentaran. Adriana y Cheryl estaban jugando con Karen en el mismo sillón que Joseph.

–Mire tía ¡Karen está apretando mi dedo!– señaló Adriana quien ya estaba acostumbrada al pesimismo de su primo y actuaba desinteresadamente ante este, confiada en que él se recuperaría. Lo que no podía permitir era que los otros se deprimieran también. –Mírenla, es tan adorable.– presumió mostrando su primita a los presentes.

–Oye ¿no está enferma? Respira muy rápido, como si le hubiera dado la vuelta a la cuadra corriendo.– puntualizó Khai algo preocupado y Cheryl rió un poco.

–Así respiran los bebes. Sus pulmones son aún chiquitos así que se llenan de aire muy rápido.–

–¿Quieres cargarla?– ofreció Adriana a Seigfried, lo que lo puso un algo nervioso.

–E-es muy pequeña y se ve demasiado frágil.– negó él temiendo que la niña se le cayera.

–Vamos, te enseñaré como cargarla. No se te caerá.– aseguró la hechicera y se levantó a poner la niña en brazos de su amigo, quien sonrió un poco al ver de cerca a Karen.

–¿Verdad que huele muy bien?– comentó Joseph alegremente pero todos reaccionaron a verlo con algo de espanto –¡Ni que me la fuera a comer!–

–Pues bien podrías, Karen está muy chiquita y tú eres un lobo grande y malo.– bromeó Daniel y todos echaron a reír.

–¿Cómo pueden estar tan alegres en un momento así?– interrumpió Yael desde el marco de la puerta, sorprendiéndolos –Uri ya no está, hubo muchos muertos y heridos y la prensa ya está hablando de nosotros ¿creen que es momento para reírse?–

–Sí, por que tenemos una bebé aquí. Que Karen naciera y esté a salvo era nuestro objetivo.– puntualizó Adriana sonriendo.

–Y vencimos a los enemigos.– apoyó Seigfried con bastante orgullo, pues era la pelea que mejor habían librado contra los villanos.

–Y no debemos ir a la escuela.– complementó Joseph en parte bromeando.

–¿Tú para qué ibas a la escuela?– cuestionó Khai dándose cuenta de esa incoherencia pero no recibió respuesta pues Yael intervino enojado.

–¿Acaso no les importa que Uri ya no esté? ¡El era nuestro amigo! ¡Nuestro guía! ¡Sin él ya no sabremos ni siquiera que hacer! ¡Uri jamás le hizo daño a nadie y lo asesinaron! ¡¿Soy el único al que le duele?!–

–Creo que a mí debería dolerme más que a ti.– dijo Joseph de manera solemne poniéndose de pie –Viajé con él por muchos meses antes de conocerte. Enfrentamos infinidad de peligros juntos, cruzamos el océano, te buscamos por todas partes. Quizás no nos llevábamos bien todo el tiempo, pero prometimos ayudarnos mutuamente y él fue quien me dio valor y esperanza cuando más lo necesité. Él era mi compañero, mi amigo y la promesa de que las cosas mejorarían para mí y mi pueblo. Gracias a él descubrí el mundo humano y salí de la oscuridad… no volverlo a ver es doloroso… admito que he sufrido mucho por eso, Khai es testigo… pero también recuerdo que en nuestro viaje, cada vez que me deprimía por algo y perdía la esperanza, ese ángel travieso me aventaba algo a la cabeza o me pateaba y me gritaba que no me rindiera. Que si alguien tan diminuto como él no se daba por vencido ante los obstáculos de este enorme mundo, entonces yo no tenía pretexto.–

–Uri…– murmuró Yael recordando con tristeza la sonrisa del pequeño y la alegría que desbordaba incluso cuando mordía o golpeaba a Joseph.

–Me consuela saber que él está dentro de ti y que su poder está contigo.– dijo el hombre lobo sonriendo –Supongo que es su forma de decirnos que no nos rindamos.–

–Joseph tiene razón, debemos seguir adelante.– apoyó Seigfried esta vez, y uno que otro se dio cuenta que esa era tal vez la primera ocasión en que se refería al licántropo por su nombre. Devolvió a Karen a los brazos de Adriana antes de continuar –Las pérdidas que hemos tenido son lamentables, pero es precisamente en honor a esas personas que debemos resistir.– ante esto los jóvenes presentes sintieron una mezcla de pena y admiración al recordar que Seigfried había perdido su hogar y su amada por apoyar la causa y nunca se quejaba –Y sobre qué hacer después… eso ya es decisión tuya. El padre Carlos nos dijo que la orden ya se ha enterado de todo.–

Ante dicha revelación la mayoría se conmocionó, Cheryl tomó la palabra.

–Vendrán a buscarte el lunes. Tu papá y mi tío ya hablaron de esto y piensan acompañarte a Roma. Luego de lo del hospital piensan que lo mejor es que vayas allá y aprendas sobre tus poderes.–

–¿Qué hay de nosotros? ¿Podremos ir?– quiso saber Joseph.

–Se le considera tierra santa. Ni un demonio ni un hombre bestia podrían poner siquiera un pie ahí sin hacerse chicharrón. Adriana tampoco podría ir por que como es hechicera se le considera una hereje.– explicó la pelirroja lo cual irritó a la castaña.

–¿Hereje? Tsk, que feo lo dicen.– gruñó Adriana.

–Entonces yo iré con Yael.– se ofreció Daniel –Conmigo no deberían tener problemas.–

–Mientras tanto ¿qué haremos los demás?– fue la duda de Khai.

–Les encargaría que cuiden de mi madre y mi hermana.– contestó Yael mirando a su progenitora y a la pequeña Karen. –Existe la posibilidad de que vuelvan a intentar algo contra ellas.–

–Muy bien, entonces eso vamos a hacer.– aceptó Joseph y los demás asintieron.

–Hay algo más.– añadió Cheryl tímidamente –El señor Gilbert Adalena ha estado preguntando por ti.– informó señalando al licántropo.

–¿Gilbert?– se extrañó el castaño.

–Sí, ha ido a la casa varias veces a preguntarnos por ti, y también ha hablado con mi tío sobre lo de Yael. Me pidió decirles que él irá también y les ofrece su casa a ti y Khai en lo que está fuera.–

–¿Gilbert nos ofrece su casa?– repitió Joseph confundido.

–Lo que me recuerda ¿dónde se han estado quedando?– quiso saber Daniel pues ninguno había vuelto al dormitorio.

–En el bosque.– respondieron Joseph y Khai a la vez como si su respuesta fuese lo más normal del mundo.

–Tienen un campamento bastante confiable ahí.– atestiguó Cheryl quien había ido a llevarles comida en una ocasión.

–Yael, queríamos hablar de eso contigo cuando estuvieras mejor.– dijo Jazmín a su hijo –El señor Gilbert nos extendió la invitación a Karen y a mí también. Pensamos que nadie debe quedarse solo en estas circunstancias.–

–Tal vez lo mejor sería no irme… pero no me queda mucha alternativa.– dijo el joven y se acercó a Adriana para acariciar la carita de su hermana menor.

En una sala del castillo de los vampiros, Froylán descansaba en un sofá bebiendo sangre en una copa de vino mientras Bob y Anton lo miraban intimidados desde el sillón de enfrente.

–He estado estudiando las cosas y en base a los hechos he concluido que debemos hacernos de esa niña y del dragón.– dijo Froylán con su calma usual.

–¿El dragón también?– cuestionó Anton.

–Sería una magnífica mascota ¿no creen? Y su sangre resulta ser una fuente de magia que podríamos usar.– informó el vampiro a sus discípulos con una sonrisa relajada.

–Sin ofender, señor, pero en vista de lo que ha pasado creo que sería más fácil matarlo que capturarlo.– se atrevió a contradecir Bob pero contrario a lo esperado, Froylán no se molestó.

–Bueno, ustedes dos enfoquen sus esfuerzos en la señorita y capturen al dragón solo si hay oportunidad. Eric se hará cargo del hombre lobo y yo del elegido.–

–¿Qué hay de Khai y la hermana del granjero?– preguntó Bob.

–Hagan lo que quieran con ellos. No nos sirven de nada.–

–Maestro, tengo otra duda.– dijo Anton muy serio levantándose de su asiento.

–Adelante.–

–¿Cómo es que murió la señora Débora? ¿No se supone que un vampiro es un ser inmortal y superior a cualquier otro?–

–Ah, Anton. Tan asertivo como siempre.– suspiró Froylán –Sí, lo que dices es verdad pero lo que no sabes es que los hombres lobo de sangre pura son raros de encontrar y muy diferentes de otros hombres bestia. Por eso nos hemos enfocado tanto en ese muchachito.–

–¿Diferentes? ¿Cómo?– quiso saber Anton pero fue interrumpido por Eric que abría la puerta para asomarse.

–Froylán no les digas cosas innecesarias. Dales sus órdenes y mándalos a casa antes de que sus padres empiecen a sospechar.–

–Sí, sí. En un momento.– sonrió el de cabello negro restándole interés por lo que el pelirrojo resopló y siguió su camino con la bandeja que cargaba.

Al final del largo pasillo, en el último piso del castillo, estaba una puerta sin ningún cerrojo a la cual Eric tocó esperando que le dieran el pase. Cuando le contestaron, entró a la amplia habitación de estilo gótico donde, sentada a la orilla de la mullida cama, estaba sentada una jovencita de corto cabello blanco y ojos azules que vestía un sencillo vestido gris. No parecía mayor de dieciséis años y tenía una expresión vacía y desinteresada, como si se estuviese quedando dormida.

–Eilan, te traje la cena.– anunció Eric y puso la bandeja en la mesita de noche de la niña –No es lo que usualmente comes pero es lo mejor que pude cocinar.– dijo tratando de sonreír al recordar que habían pasado literalmente décadas desde la última vez que cocinó algo, pero ella no mostró reacción alguna y él se tornó serio nuevamente –Débora no será capaz de traerte la cena nunca más…. Así que acostúmbrate.–

–¿Por qué?– preguntó Eilan con su monótona voz, cosa que sorprendió un poco a Eric quien enseguida le contestó tratando de contener su coraje.

–Un maldito la ha asesinado.– gruñó con la imagen de Joseph en la mente.

–Ah.– fue todo lo que Eilan dijo y esto molestó más al vampiro.

–¿Acaso no te importa? ¡Ella fue quien te cuidó todos estos años!– se exaltó el vampiro, pero al ver la expresión vacía de la niña recordó que ella no tenía la culpa de ser así –Oh sí, lo olvidaba… tú no sientes nada… vaya arma secreta de los ángeles.– masculló y se fue.

Joseph, Khai y Daniel llegaron a la casa de Gilbert, en el rancho Adalena. El joven castaño estaba nervioso pero sus amigos le mostraron su apoyo sonriéndole y llevándolo a tocar la puerta.

–Tranquilo, no es como si una vaca te fuera a patear.– bromeó Daniel y Joseph se rió un poco.

–No, pero sé que alguien aquí me quiere golpear.– dijo el licántropo recordando que desde el funeral había estado evitando a Lieve y nadie le había dado a la chica una explicación decente de lo ocurrido con su hermano y en el hospital.

Al tocar la puerta fue el señor Gilbert quien les abrió.

–Ah, muchachos, los estaba esperando, pasen.– recibió sonriente el hombre y los guió a la sala –Vamos, siéntense.– invitó jovialmente pero antes de sentarse Joseph presentó a sus acompañantes.

–Gracias, señor. Por cierto ellos son Daniel y Khai.–

–Mucho gusto.– saludó el señor estrechando la mano de ambos muchachos.

–Tuve el honor de conocer a su nieto. Lamento mucho lo que pasó.– dijo Daniel apenado mientras él y Khai tomaban asiento.

–Gracias. Y por favor no se sientan culpables de lo que le pasó. Raimundo fue a pelear sabiendo a lo que se arriesgaba y yo le apoyé a pesar de ello. Era nuestro deber como caballeros.–

–¿Qué son exactamente los caballeros?– preguntó Khai.

–Hoy en día somos una asociación secreta que trabaja para la iglesia. La familia Adalena ha pertenecido por generaciones y en cuanto supimos que el elegido estaba aquí se nos encomendó vigilarlo.–

–Pero hace apenas meses que Yael se enteró de sus poderes y según Raimundo sus padres ya sabían de esto antes ¿por qué no se lo dijeron?– quiso saber Daniel.

–Seré franco con ustedes… si nosotros se lo decíamos al elegido, él no lo hubiera creído y no hubiera confiado en nosotros… eso es por que mi hijo y su esposa murieron al no poder defenderlo cuando los vampiros atacaron el autobús escolar en que él iba con el alma neutra y otros niños.–

–¿Ellos estuvieron ahí?– se sorprendió el rubio.

–Fueron junto con un grupo de caballeros pero fracasaron. Según me dijo un sobreviviente, fueron a sabiendas que los vampiros iban por Eilan White y los desafiaron antes que alcanzaran a la chica pero un proyectil de energía oscura se desvió de la batalla y golpeó el autobús, provocando el accidente.– reveló con pesar el señor para la sorpresa de los presentes.

–¿Ustedes… lo provocaron?– balbuceó Daniel poniéndose pálido.

–Fue un accidente… la misión de proteger a Eilan fracasó y mi hijo murió…. Pero fue gracias a ello que supimos que Yael era el elegido. Su escudo de energía divina se activó ante la explosión de poder oscuro y por ello sobrevivió. Sin embargo por el fracaso de los caballeros no podíamos decirle nada, así que se nos asignó vigilarlo. Raimundo sabía todo y quería decirle al elegido pero cuando Joseph y el hombre dragón llegaron y vimos que hacían un buen trabajo decidimos esperar hasta que fuera absolutamente necesario.–

–Por eso Raimundo solo los defendió cuando yo ataqué con aquel monstruo… por que esa ocasión fue demasiado para que Yael lo enfrentara por su cuenta.– supo Khai y Gilbert asintió.

–Creo entender mejor ahora.– dijo Joseph pensativo –¿Va a decirle todo esto a Yael también?–

–Hablaré con él más tranquilamente cuando estemos en camino a Roma. Mientras tanto, quiero pedirles a ustedes que se hospeden aquí y cuiden de mi nieta, Lieve.–

–¿Lieve no puede ir con ustedes?– preguntó el licántropo.

–Aún no es una caballero, así que no. Pero ella puede ayudarles a proteger de la señora Cervantes y entre todos pueden cuidarse mutuamente.–

–No me parece un mal trato, pero… ¿está Lieve de acuerdo?– preguntó Joseph con algo de timidez y recibió una inesperada respuesta desde las escaleras.

–Sí, estoy de acuerdo.– dijo Lieve mientras bajaba –Y ya que estaremos viviendo juntos por un tiempo, creo que es necesario que me expliquen todo sobre sus poderes y eso… no pregunté antes por el shock luego de lo de mi hermano, pero ahora me interesa saber ¿Quiénes son ustedes exactamente?– preguntó en un severo tono de voz que hizo a ambos hombres bestia mirarse entre sí algo nerviosos. Joseph tomó un respiro y con esto se motivó a enfrentarla con una mirada seria.

–Toma asiento, esto va a tomar un largo rato.–

Una semana después, en el aeropuerto de la ciudad, Yael caminaba a la sala de abordaje con su padre y Gilbert a sus costados, cada uno cargando una maleta. Los tres vestían ropa semi formal y sus ojos reflejaban una gran seriedad y determinación. Detrás de ellos, sus familias, los hombres bestia, Cheryl y Daniel los seguían con algo de angustia pero la misma seriedad.

Llegaron a una sala de espera privada donde un par de hombres altos de traje les abrieron la puerta. Adentro los esperaban el padre Carlos y otros dos hombres de color con trajes negros y gafas oscuras.

–Buenos días a todos. Yael, me alegra que te estés sintiendo mejor.– saludó el cura.

–Gracias.– fue todo lo que dijo el elegido. Estaba muy nervioso pero tenía que hacer su mayor esfuerzo por no demostrarlo para no preocupar a sus padres y amigos.

De la puerta de abordaje entró una mujer alta y morena de corto cabello lacio vestida en traje sastre gris y gafas para el sol. Caminó directo al sacerdote sin siquiera mirar a los presentes, irradiando una actitud severa y fría. Solo al verla se sintieron intimidados.

–Ya está todo listo.– informó ella a Carlos y él asintió tornándose serio.

–Jóvenes, señores… les presento a Danna Marian. Ella es una agente especial y estará encargada de seguridad durante el viaje.– presentó el sacerdote –Danna, ellos son Yael y su padre Isaac Cervantes, Gilbert Adalena de los caballeros y Daniel Christopher.–

–Agente Danna Marian, para servirles.– saludó estrechando manos con los cuatro mencionados. –El vuelo ya está listo. Pueden despedirse y los esperaré adentro.– dijo y se retiró.

Yael y su padre inmediatamente se despidieron de la señora Jazmín, Karen y Adriana mientras que Joseph y Khai le daban ánimos a Yael. Siegfried y Cheryl se acercaron al cura para desearle suerte y los Adalena se despidieron con un fuerte abrazo. Los jóvenes luego pasaron a despedirse entre ellos.

–Voy a extrañarlos.– dijo Yael al abrazar a Adriana por última vez.

–Sé fuerte. Estoy segura que todo saldrá bien. Eres el chico más valiente que conozco.– sonrió la muchacha.

–¿Qué va a pasar contigo y con la escuela? Mis tíos van a estar furiosos.– preguntó preocupado por los días que Adriana había pasado sin asistir a clases.

–Tú vete tranquilo, tu mamá va a ayudarme con eso.–

–Cuídate y pase lo que pase recuerda lo que hablamos en aquella ocasión.– le dijo Joseph a Daniel con una sonrisa de orgullo.

–Confía en mí. Nunca olvidaré esa charla.– respondió el rubio dándole la mano al hombre lobo –Al principio yo no confiaba mucho en ti, pero te has ganado mi respeto, Joseph Wolfang. No voy a fallarte.–

–Daniel Christopher, yo nunca he dudado de ti. Sé que lo harás muy bien.– aseguró el licántropo y Seigfried se acercó a ellos.

–Yo también tengo fe en que harás una excelente labor.– intervino Seigfried dándole una amistosa palmada en la espalda al rubio.

–Es hora, ya debemos irnos.– apresuró Carlos –Hasta pronto, chicos. Cuídense.– se despidió y emprendió la marcha.

–Adiós muchachos. Cuiden mucho de mi Lieve.– dijo Gilbert antes de seguir al sacerdote.

–Les encargo mucho a mis chicas. Y gracias por haber cuidado tan bien de mi hijo hasta ahora.– sonrió Isaac despidiéndose de los jóvenes y tomando su maleta para irse con los otros adultos. Yael iba a imitarlo pero antes dio unos pasos al frente y se giró hacia sus amigos.

–En verdad muchas, muchas gracias por todo.– dijo mirándolos conmovido –Gracias a ustedes me he vuelto más fuerte y he aprendido un montón. Jamás hubiera imaginado que tantas cosas nos pasarían… ha habido momentos difíciles pero ustedes siempre me apoyaron y el verlos ser tan fuertes a pesar de todo lo que han sufrido… y lo mucho que los hayan golpeado.– añadió mirando a Joseph quien se rió un poco –Me ha enseñado que no puedo quedarme deprimido ni arrepintiéndome todo el tiempo. Voy a cambiar, voy a crecer más me convertiré en alguien que los pueda apoyar. Me volveré más fuerte para que todos se sientan tan orgullosos de mí como yo de ustedes.– sonrió con recién encontrada motivación. Había estado meditando mucho sus acciones y las palabras de sus amigos aquel día en su casa le ayudaron mucho. Siempre lo habían apoyado y defendido pero cuando él obtuvo un aumento de poder osó atacarlos y eso era algo que no se perdonaría a sí mismo pero trataría de compensar. Mejor dicho, estaba seguro de que iba a compensar.

Las sonrisas de confianza de sus amigos y familia le dieron aún más seguridad y calma.

–Siempre hemos estado orgullosos de ti.– afirmó Joseph dándole la mano.

Yael sonrió y se fue con su padre y Daniel, pasando directo al avión.

Saliendo del aeropuerto, el grupo pudo ver que varios aviones despegaron uno tras otro para ocultar cual era el que transportaba a Yael. Todos sonrieron con nostalgia al pensar que pasaría un largo tiempo antes de volver a ver a sus seres queridos, pero la ternura del momento se opacó cuando Seigfried se puso alerta y sacó sus garras.

–¿Hermano? ¿Qué pasa?– preguntó Cheryl asustada.

–Veo demonios acercándose desde lo alto.– señaló y entonces todos pudieron apreciar unas diez aves monstruosas que volaban con Froylán y Eirc a la cabeza, dirigiéndose a los aviones.

–¡Van por Yael!– supo Adriana asustada.

–Eso sí que no.– gruñó Seigfried y sacó sus alas para despegar a toda velocidad.

–¡Seigfried!– llamó Adriana pero el muchacho ya se había ido.

–¿No hay manera de alcanzarlos desde aquí?– preguntó la señora Jazmín.

–El es el único que puede volar.– respondió Joseph con un gruñido de impotencia.

–Y mis ataques a distancia no llegarán desde aquí.– analizó Khai y Adriana cayó en cuenta de algo.

–Tus ataques… ¡Tus ataques podrían funcionar si volaras!– exclamó Adriana sacando de su bolsa el libro de magia.

–Sí, pero yo no… ¡woah!– Khai se sorprendió cuando su cuerpo se elevó de repente gracias a un hechizo de la maga.

–Dispárales y yo me encargo de moverte.– indicó ella y lo levantó lo más que pudo para no perderlo de vista. Joseph también sacó sus garras y se puso alerta al notar algo.

–Señora Jazmín, Cheryl, Lieve…. Será mejor que se queden detrás de mí.– advirtió el licántropo pues Bob y Anton se acercaban junto con una decena de demonios.

–Vamos, mis niñas.– indicó la señora guiando a Adriana y Cheryl detrás de unos pilares. Lieve, en cambio, caminó a un lado de Joseph y sacó una ballesta plegable de su mochila. Cheryl corrió a un lado de ellos sacando una pistola de agua, cosa que desconcertó a los otros dos.

–¿Qué? Es agua bendita, podría funcionar.– se excusó la pelirroja.

–Ve con las otras dos y defiéndelas si algo se les acerca.– ordenó Lieve.

–Pero…–

–Cheryl, por favor.– pidió Joseph sin perder la seriedad y la menor hizo un puchero.

–Bueno, pero solo por que lo pides bien.– aceptó antes de regresar a su posición.

Ambos castaños estaban listos y alertas para el primer ataque, pero los magos se detuvieron y permanecieron inmóviles, en cambio aparecieron de la tierra dos docenas de demonios que los rodearon y corrieron a atacarlos.

En el aire, Seigfried peleaba valerosamente usando su espada para cortar las alas y cabezas de los demonios, y con su aliento de fuego los quemaba para retrasarlos y mantenerlos a raya. Khai lo apoyaba desde abajo disparándole a cualquiera que se le acercara mucho al dragón.

–Eres fuerte.– felicitó Froylán, quien se había posicionado en un lugar más alto –Serías un buen esbirro guardián.–

–¡Eso quisieras!– bramó Seigfried volando hacia él, pero el vampiro lo esquivó y le dio un golpe en la espalda que lo mandó varios metros abajo.

–Sí, eso quiero.– sonrió Froylán y con un látigo de energía azotó al dragón unas veces antes que Khai le diera con un disparo de energía, pero el felino se espantó al ver que Froylán se hacía de madera y explotaba hiriendo aún más al dragón. –

–Fue un engaño.– notó Khai y miró abajo donde Joseph y Lieve peleaban. Entonces se dio cuenta de que eran solo un par de demonios los que iban contra las chicas y decenas los que combatían a Joseph –¡Joseph! ¡Sal de ahí! ¡Es una trampa!– advirtió Khai pero fue tarde pues uno de los demonios resultó ser Eric disfrazado quien llegó por la retaguardia a clavarle un cuchillo en la espalda al licántropo. –¡Joseph!– gritó Khai pero al distraerse le dio tiempo a varios demonios de abalanzarse contra él sin que Adriana pudiera moverlo a tiempo.

Lieve, al ver que hirieron a Joseph, se apresuró a atacar al vampiro. Eric esquivó con mucha facilidad sus ataques, pero la chica al menos consiguió alejarlo lo suficiente para que Joseph pudiera retroceder y pasar a su forma de lobo.

La pelea continuó desarrollándose con Joseph entreteniendo a Eric, Lieve atravesando demonios con flechas y espadazos, Cheryl quemando demonios con agua bendita, Khai disparando a las aves monstruosas y Seigfried cortando otras. Sin embargo Adriana pronto notó que los enemigos seguían apareciendo uno tras otro y se volvían casi incontables.

Fue entonces cuando una luz apareció en lo alto del cielo y una columna de energía cayó de lleno sobre las aves y se disparó hasta aniquilar algunos demonios del suelo, reduciéndolos a cenizas.

La prensa empezaba a llegar al área pero se mantuvo alejada de la pelea, Adriana optó por crear una neblina alrededor para ocultar sus rostros. Las cámaras no tardaron en enfocarse en aquel punto luminoso en el cielo y vieron maravillados como descendía notándose que se trataba de un rubio joven alado vestido en traje negro y cuyos ojos azules examinaban el área con suma frialdad.

–Yael…– reconoció su prima, extrañada de que él no estuviese en su avión y preocupada de que volviese a intentar atacarlos o enloqueciera nuevamente.

El elegido formó una bazooka en su hombro derecho y disparó contra las decenas de demonios que habían quedado en el piso. Luego cambió la bazooka por sus dos pistolas y voló a gran velocidad matando de uno a uno a los sirvientes del mal. Sus azules ojos mostraban un enfoque letal e intimidante que atemorizó a los demonios al punto de huir.

Aprovechándose de la confusión, Eric y los magos huyeron usando un portal oscuro.

Una vez eliminados los demonios restantes, Yael dirigió la mirada hacia sus compañeros. Ellos estaban consternados, temiendo que Yael hubiese perdido control de sí mismo otra vez, pero sus dudas desaparecieron cuando el ahora rubio les sonrió cálidamente y disipó sus pistolas, haciendo un gesto de despedida con ambas manos antes de emprender el vuelo otra vez y perderse entre las nubes.

Seigfried y Khai descendieron para reunirse con los demás. Luego de ver que todos estuvieran bien, corrieron a un lugar donde los reporteros no los acosaran.

Minutos después, Yael alcanzó su avión y abordó por la escotilla de descarga, encontrándose ahí con Danna, quien lo esperaba molesta cruzada de brazos.

–¿Ya terminó el joven con sus asuntos pendientes?– masculló ella de mala gana por lo que Yael sonrió tímidamente.

–Gracias por dejarme bajar, señorita Marian.– dijo cortésmente y volvió a su estado normal. –Mis amigos necesitaban ayuda.–

–Sus amigos a mí me interesan un pepino. Usted es el que importa aquí y no tenía por qué arriesgarse si ya estaba a salvo.–

–Una miembro de la iglesia no debería hablar así, esas no son las enseñanzas de Jesús.– debatió Yael tratando de no enojarse –Hay que saber anteponer a los demás antes que a nosotros mismos.–

–Se dará cuenta, "elegido", que las cosas en nuestra organización no son como usted se lo imagina.– sentenció la mujer y se dio media vuelta para que Yael la siguiera a la cabina –Hay que saber evaluar cuales vidas son las que vale la pena salvar, y esos fenómenos a los que llama amigos ya están destinados al infierno. Da igual como mueran.–

Yael se sintió ofendido por el comentario, pero conservó la calma pues si hacía esto podría verse en una situación aún peor.

–Amigos son amigos. Vida es vida. Ninguno vale más que otro y a todos los pienso proteger.–

Danna bufó y regresó a su asiento. Yael consideró eso una pequeña victoria a su favor, pero se dio cuenta que si tenía esa clase de problemas al principio de su viaje, los problemas que afrontaría después serían peores.

Sin embargo al sentarse y mirar las nubes por la ventana no pudo evitar sonreír.

Había superado cada obstáculo y cada situación que se le había puesto enfrente, luchó y perseveró con sus amigos en todo momento hasta haberse vuelto capaz de volar por los cielos con sus propias alas. ¿Qué más daba si se topaba con gente desagradable en el camino? Siempre tendría a sus amigos y familia apoyándolo aunque fuera desde lejos.

Era momento de crecer, de superarse y buscar más allá.

Para Yael Cervantes por fin era tiempo de emprender el vuelo.

Caelifer Temperie I: Libro del Ángel.

Fin.