Ninguno de los dos contaba los 18 años, Pero eso no los hacía dudar a la hora de amarse. Están acostados, desnudos, cada uno en los brazos del otro, dirigiéndose esas miradas, que solo los jóvenes enamorados sabían hacer.

¿Te ha gustado? Pregunta Luís tímidamente.

Al principio me ha dolido un poco, pero ha sido maravilloso, simplemente perfecto. Dice Paula, sinceramente.

Mantuvieron la mirada durante unos segundos. Luego, volvieron a hacer el amor, por segunda vez en sus vidas, y solo pudieron admitir, que fue mejor que la anterior, pero en el fondo sabían, que sería peor que la siguiente.


¿Qué es? Pregunta él preocupado.

Leucemia. –Responde ella. Esta serena, tan serena, como podía estarlo una adolescente que estaba muriendo. – Me muero.

Él irrumpe en llanto y ambos se abrazan desconsolados.

¿Cuánto? pregunta el entre lágrimas

Tres meses.

Te prometo que serán los mejores de tu vida.

Y efectivamente lo fueron, pero la enfermedad iba ganando terreno al amor. Ella murió, el 5 de septiembre del 2006. En su cama, juntó a ella, estaba su madre, que había sido abandonada por su marido al nacer Paula. Y Luís, que no dejo de apretar su mano hasta el último momento. Pero lo que nunca en su vida pudo olvidar, fue la mirada de ella, aquella mirada, que aparecería en sus sueños y cambiaría su vida.

Han pasado dos años desde aquél fatídico 5 de septiembre. Luís mantuvo contacto durante algún tiempo con Belén (la madre de Paula) pero pronto, los recuerdos fueron demasiado dolorosos para los dos y decidieron distanciarse.

Luís cursaba su primer curso en la universidad de Zaragoza, la muerte de Paula, casi lo había vuelto loco, pero poco a poco lo fue superando y con el tiempo el olvido borró los dolorosos recuerdos de Paula. Excepto sus ojos, más que sus ojos, la luz que en ellos habitaba y aquella mirada de cuando los dos perdieron la virginidad.

Luís se había convertido en un chico guapo, era alto, de pelo moreno ligeramente largo. Había practicado muchísimo deporte en aquellos dos años, se había apuntado al gimnasio cinco días a la semana, y se había metido de lleno en su deporte favorito: el Taekwondo.

- Es para dormir por las noches. -Le había confesado una vez a su psicólogo.- Cuando llego a casa, estoy tan cansado, que tan solo puedo pensar en dormir, de está forma ella no me visita en sueños.

Luís esta en una discoteca, bailando distraídamente con unos compañeros de la universidad, cuando se fija en que una chica le observa desde la barra. La mira descaradamente de arriba abajo. Es guapa, no, es muy guapa. Viste una minifalda rosa y una camiseta de tirantes blanca con escote. Sus largas y preciosas piernas llaman la atención de Luís en un primer instante. Ella le mira, y le sonríe. Ambos se acercan poco a poco, y cuanto más cerca esta de ella más se da cuenta. Sus ojos, tienen la misma luz que Paula, cuando ya estaban plantados uno en frente del otro, él se da cuenta. Ella, es Paula, de algún modo u otro ha vuelto.

- Hola –dice ella con una mirada coqueta- Soy Laura.

- Yo Luís. Responde el embelesado por sus ojos. Se dan dos besos.

Ella dice ser Laura, pero a él no puede engañarle, es Paula, que ha vuelto para estar con él. No se parece físicamente a la chica de 16 años que él recordaba, pero no lo duda ni un instante.

Bailan un rato. Luís la invita a tomar una copa, y luego le ofrece tomarse la otra en su casa. Ella acepta. Pasean por la calle, ella habla con él de sus gustos, de sus aficiones, pero no puede engañarle.

No hay muchos preámbulos una vez llegan al piso de Luís. Comienzan a besarse con pasión pero con dulzura, se ayudan mutuamente a desnudarse, ambos se miran con deseo juguetean un rato sobre la cama.

Luís busca él camino hacía su interior, cuando lo consigue comienzan a subir el ritmo poco a poco. Mientras el está penetrándola se besan, pero él no puede apartar la mirada de sus ojos, los ojos de Paula que él llevaba tanto tiempo esperando contemplar de nuevo. Llegan al Orgasmo al mismo tiempo. Con las frentes unidas, besándose. Laura/Paula se hecha sobre la cama de nuevo, suspirando. Pero cuando vuelve a mirarle a los ojos, él se da cuenta aterrorizado de que la luz ha desaparecido, ya no es Paula.

Luís tuvo un mal año en la universidad, al parecen, había disfrutado en exceso del mus, y del verde de los jardines. Pero no parecía importarle. De nuevo su vida volvió a como era cuando Paula acababa de morir. Se apuntó a un gimnasio por las mañanas y entrenaba Taekwondo por las tardes. Tenía una visita al psicólogo dos veces a la semana, cosa que el creía inútil.

Había visto a Paula dentro de aquella chica, había sentido su pasión así como su ternura. No había duda, la chica había vuelto por un motivo u otro. Sobretodo Luís huía de las mujeres, no podía oír hablar de cualquiera que no fuera Paula.

Los años fueron pasando. Luís terminó la carrera a los cinco años de haberla empezado. Entró a trabajar en un instituto como profesor de Lengua y Literatura. Estaba trabajando en una novela, una aventura medieval, pero al parecer se había atascado y ya no podía seguir. El Bloqueo mental lo llamaban. Cuando se sentaba frente a su ordenador y habría su procesador de texto comenzaba a sudar, con esfuerzo levantaba los brazos y los ponía sobre el teclado, entonces simplemente su mente se quedaba en blanco, alguna vez había intentado auto-obligarse a escribir alguna palabra, lo que fuera, cuando lo hacía lo único que conseguía era vomitar todo lo que había comido aquel día y conseguir que le entraran unos mareos tremendos.

Con el paso de los años, se fue olvidando de Paula, aquellos ojos que tantas veces lo habían perseguido en sueños comenzaron a borrarse. Nunca hasta entonces había intentado una relación con nadie más ni ningún tipo de acercamiento, no tenía amigos ni familia. Llevaba ya tres años como profesor de Lengua y literatura. Hasta que un día al salir de clase, la vio. De nuevo, Paula.

Esta saliendo de una clase especialmente problemática, lo han puesto bastante nervioso, así que hace como siempre, cierra los ojos y cuenta hasta diez. Aún no ha llegado ni a siete, cuando escucha pasos cerca suyo, abre los ojos.

Es una profesora nueva, es un poco más joven que él. Debe medir menos de un metro ochenta, es delgada, con unas preciosas curvas, su melena pelirroja muere a mitad de la espalda, y sus ojos verdes llenos de la luz de Paula destacan más ante su pálida piel pecosa. Sus labios son carnosos y perfectamente perfilados. Lleva puestos unos pantalones negros y una camisa blanca de manga corta, con los dos botones superiores desabrochados dejando entrever su escote, al igual que en la cara, tiene pecas en el pecho, lo que la hace más preciosa aún (si cabe). Le saluda tímidamente al pasar el lado de Luís, pero esté no puede responder, simplemente se ha quedado petrificado.

Como una pesadilla que nunca termina, la nueva aparición de Paula (es ella, sin duda, la luz de sus ojos la delata) trastocó de nuevo la ordenada vida de Luís. Entonces, se dio cuenta de que tenía que conquistarla, de nuevo, todo aquello era un juego de Paula. Renovó completamente su vestuario y cuidó su físico más que nunca, sus años de tortuoso gimnasio le habían dejado un torso fuerte y unos abdominales duros.

Un día en la sala de profesores pudo por fin hablar con ella. Se llamaba Mónica, vivía en Zaragoza igual que él, impartía clases de CCSS, y afortunadamente para Luís, no estaba casada y según ella tampoco salía con nadie. Tuvieron una charla superficial sobre literatura, en la que ella le comentó que estaba buscando un libro: La isla de las tres sirenas, de Irving Wallace. Aquella tarde, Luís se pateó todas las tiendas de Zaragoza buscando el libro, al final, tras mucho buscarlo lo encontró en una biblioteca. Pidió dos ejemplares, uno para él y otro para Paula/Mónica. Aquella noche casi no durmió leyendo el libro, sería una oportunidad muy buena para poder conversar con Paula (ya ni siquiera pensaba en ella como Mónica, era simplemente Paula) al día siguiente la buscó por el instituto, la encontró por fin, saliendo de una clase. Se dirigió hacía ella y le puso el libro delante. La sonrisa que le dirigió intensificó aún más su belleza. Le dio infinitamente las gracias y dos besos en la mejilla.

Todas las noches Luís soñaba como Mónica y él hacían el amor, sabía, que pronto estarían de nuevo juntos.

Aquel año fue pasando, Luís intentó investigar sobre los gustos de Mónica, cuando supo que le encantaba la opera, compró dos entradas para la última que hacía en la ciudad, y la invitó a pasar lo que sabía sería, una fantástica velada.

Paula está fantástica está noche. Lleva puesto un vestido negro, que le realza la figura, con poco escote, tiene un precioso collar de perlas y unos pendientes de aro. Saluda a Luís dándole un beso en la mejilla. Y tras saludarse comienzan a andar juntos por la acera, mantienen una charla superficial de camino al restaurante.

Simplemente es perfecta (piensa Luís) Ella come con mucha finura, usando el cuchillo y el tenedor en todo momento, llevándose los trozos a la boca muy despacio. El tema poco a poco va variando, al final acaban por hablar de ex parejas. Él acaba por contarle todo lo de Paula, (sin mencionar sus ojos) a lo que ella atiende sin interrumpirle en ningún momento. Cuando terminan de cenar. Se dirigen al teatro, esta vez, Paula/Mónica le coge del brazo por la calle.

La obra es tremendamente aburrida, Luís tiene que hacer verdaderos esfuerzos por no dormirse, pero Mónica se lo esta pasando en grande. La obra dura más de tres horas, que a Luís le parecieron eternas, aunque prácticamente no ha mirado al escenario, a mantenido la cabeza girada todo el rato, mirándola a ella, embelesado por sus ojos, y por aquellos perfectos labios ahora entre abiertos.

Cuando la obra acaba ella prácticamente no habla de otra cosa, Luís atiende a cada una de sus palabras, por muy poco que le interesase el tema. Asintiendo continuamente y riendo cuando ella lo hacía. Decide que la acompañara hasta su casa.

Vive en un bloque de edificios en el centro a veinte minutos a pie del teatro. Ella se acerca hasta la puerta, rebusca en su bolso en busca de las llaves, luego se gira, y le dice:

-¿Quieres pasar? Esta vez ella no puede mantenerle la mirada, agacha la cabeza sonrosada y Luís siente que tiene que hacer un verdadero esfuerzo para no abalanzarse sobre ella y comenzar a besarla allí mismo.

-Será un placer. Responde él lanzándole una mirada coqueta cargada de significado, ella le responde con uno parecido. Suben por las escaleras hasta el segundo piso. Mónica abre la puerta y él pasa después. El piso es sencillo pero elegante, Ella le dice que puede sentarse en el sofá del comedor. Mónica/Paula va directa a la cocina y saca dos copas. Mónica se descalza dejando ver sus preciosos pies y se sienta en el sofá con las piernas debajo de ella. Hablan poco, pues antes de acabar sus copas, el puede sentir por fin la suave textura de sus labios. Las mano de luís avanzan lentamente hasta las caderas de ella, y la atraen hacía el. Después, su mano derecha sube audaz hasta los pechos de ella. Mónica le coge por los hombros y le quita la chaqueta del traje. El la baja poco a poco los tirantes del vestido.

Mientras ella desabrocha lentamente su camisa, él le baja la parte superior del vestido de modo que quede a la altura de su vientre, para cuando el tiene la camisa completamente abierta las manos de Luís ya le han desabrochado el sujetador a ella que ahora tiene los pechos al descubierto. El deja de darle besos en la boca, para comenzar a besar su cuello, y bajando poco a poco hasta los pechos, los besa y le lame los pezones, mientras, ella gime por lo bajo. La mujer le coge con las manos la cabeza y lo hace subir poco a poco de nuevo hasta su boca, luego baja las manos y le toca, a través del pantalón su miembro, ya erecto. Él le acaba de quitar el vestido, lleva un tanga negro que la hace parecer aún más sexy. Ella le ayuda a quitarle los pantalones y luego le baja también los slips, sin poder contenerse el le quita nerviosamente el tanga, ahora, los dos están desnudos. Ella se tumba en el sofá con las piernas entre abiertas, esperando que él la penetre.

Él no deja de mirarla a los ojos, cuando entra en ella, esta lanza un gritito de placer. Él marca el ritmo del coito, al principio ella le besa, pero cuando él aumenta el ritmo ella empieza a respirar aún más agitadamente mientras murmura "ya estoy llegando". Cuando el orgasmo llama a su puerta, Mónica abraza por completo a Luís, el continua penetrándola, luego para y la coge en brazos como si fuera una pluma, ahora es él quién está debajo, Luís nota un hormigueo por todo el cuerpo, la respiración de ella vuelve a ser mas agitada. Él nota como el hormigueo comienza a centrarse en la parte de él que ahora está dentro de Paula.

Luís respira más y más rápido, cuando llega al orgasmo se le nubla la vista. Entre cierra los ojos.

Hoy su sueño se ha visto realidad, pero también su peor pesadilla, nota como la Luz de Paula se apaga poco a poco en los ojos de Mónica sin tan siquiera haber salido de ella, la coge por los hombros mientras llora, rogándole:

-No te vayas Paula, no me dejes solo de nuevo.

Nunca más volvió a ver a Mónica, en la semana de curso que quedaba la mujer no apareció por el instituto.

Al año siguiente empezó a dar clases en una universidad. El bloqueo mental desapareció junto con Paula y lo que podría ser una gran novela comenzó a rondar por la mente de Luís. Tardó dos años en escribir la novela. Durante los cuales no volvió a ver a Paula. La novela tuvo un éxito relativo, y tenía en mente una segunda parte.

A los treinta años, y tras haber publicado 3 novelas. Conoció a Cristina. No era Paula, y nunca lo había sido, pero se sentía muy a gusto a su lado, en poco tiempo estuvieron saliendo y a los tres años como novios se casaron.

La vida de Luís continuó feliz. Con la cuarta novela, sus ingresos de la editorial le daban lo suficiente como para poder dejar las clases en la universidad.

Luís y Cristina habían intentado tener hijos, tras un año probando se hicieron unas pruebas, la noticia fue un duro golpe para ellos, Cristina era completamente estéril.

Tras conocerlo, Luís se volcó de lleno en sus libros escribió tres novelas en menos de un año, y las guardó en una caja fuerte, tal y como le recomendó su editor para no saturar el mercado con sus libros en poco tiempo. Su relación con Cristina iba siendo cada vez peor y peor. Cuando Luís cumplió los 40 años, ya se había divorciado.

A los 41 años, Luís volvió a ver la Luz de Paula, aunque esta vez, le extrañó muchísimo el contenedor. Era una mujer Rumana, una prostituta de uno de los peores barrios de Zaragoza. Luís acudió a ella, sabiendo que en cuanto hiciesen el amor por primera vez ella se iría. Pero aún así, la luz de la esperanza nació en su interior. Ivana/Paula, hizo todo lo que él le pidió, excepto cuando él fue a besarle, ella aparto la cara. Efectivamente, cuando el coito hubo finalizado, Paula volvió a morir en el interior de Ivana.

Dos meses después de Ivana, Luís tuvo el que sería su último encuentro con Paula. Había quedado con Cristina en su casa para hablar sobre un mal entendido en los papeles del divorcio, él, había pedido expresamente que lo hicieran a solas, sin abogados de por medio.

Llama a la puerta y no tardan en abrirle. Lo primero que ve son los ojos de Paula, se queda parado, sin entrar en la casa. No sabe muy bien por que, pero siente, que está vez es especial, esta sería la última oportunidad de estar con Paula y no la iba a desperdiciar. Ella le invita a comer, y el acepta encantado, coquetea un poco con ella durante la cena, pero no surte efecto. Después de haber recogido la mesa, ella saca todos los papeles del banco que tenían por el divorcio. Él aparta los papeles y se lanza a besarla, al principio se resiste, pero pronto deja de hacerlo y se entrega a él, esta vez casi no se desnudan, Cristina lleva una falda vaquera que él sube rápidamente y le quita las bragas, sin dejar de besarse. La penetra.

Ya había hecho el amor muchas veces con Cristina, pero ninguna como aquella, en medio del Coito, ella la quita la camiseta y le clava las uñas en la espalda, el se retuerce, le duele la espalda, pero lo a excitado muchísimo, Esta vez, no hay orgasmo por parte de ella. Pero el ha disfrutado como nunca y no se sorprende (pero igualmente le duele) cuando Paula desaparece.

Nunca más volvió a ver a Paula.

Luís se despertó al poco tiempo de haberse dormido, sigue desnudo, y completamente manchado de sangre. Tiene a dos policías apuntándole con la pistola, y el cadáver de su ex mujer con un cuchillo clavado en su espalda entre sus brazos.


Una vez más, el psicólogo le pregunta el porque. Estaban en la sala de interrogatorios de la comisaría, aquél hombre decidiría si Luís tendría que ir a la cárcel o a un centro de reclusión para enfermos mentales. Por tercera y última vez le pregunta sobre el asesinato de Laura Ballesteros, de Mónica Santos, de Ivana Bey y sobre la violación y asesinato Cristina Sánchez.

-Era Paula, mi Paula estaba dentro de ellas. Luís levanta la cabeza y se ve en su expresión la locura que llevaba años asolándole, una mirada sádica y sin sentido, en cierto modo orgulloso de si mismo, es entonces cuando explica:

- Se que Paula utilizaba a aquellas chicas como contenedores, para volver a mi, pero después debía matarlas y permitir que su espíritu saliese de nuevo para buscarme a mi, a fin de cuentas siempre será Paula…mi Paula.