¿Cuánto nos gusta jugar a algunas personas, cierto? Pero en ocasiones deberíamos suprimir ese intento de fastidiar a los demás, en especial a los que en verdad queremos, porque alguna vez puede salirnos caro.


Culpable

Temblorosas mis manos tomaron el pomo. Nervioso abrí la puerta.

Llorosos mis ojos fueron testigos del paisaje desolado que había ante mí.

Paseé mi mirada por la estancia, buscándote en cada rincón. No di ningún paso más, estático en la entrada.

No sabría decir qué me llevó hasta allí, pero probablemente hayas sido tú. Como siempre.

De pronto el brillo malicioso y rojizo de una pluma en tu escritorio llamó mi atención.

A pasos torpes llegué a su lado, abrumado por el aire viciado del lugar.

Clavé la vista en aquel papel, debajo de la pluma. Lo observé aturdido mientras el corazón en mi pecho iba disminuyendo sus latidos.

La tinta desperdigada en el suelo, manchaba mis pies desnudos. El frío y la humedad de cada ventana se colaban en mis huesos y me hacía tiritar.

Volví la vista al papel… y caí de repente en la realidad cruel.

Ya no estás aquí. Me dejaste. Te fuiste sin dar explicación alguna. Y la impotencia me carcome el alma cuando recuerdo el por qué. Y me destruye saber que soy el culpable.

Un arma sorpresiva, un maldito desquiciado y tú inoportuno como siempre apareciste en el escenario.

No debiste buscarme, te hubieras quedado. Todo por tu estúpida bondad, querías explicarme algo que, muy en fondo, yo sabía de antemano.

Pero ya todo pasó, y no hubo forma de evitarlo.

Presencié tu partida, pero no te despediste. Aún te imploro todavía. Y no puedo más que gritar…

Y llorar, ahogándome en pena, al saberme tu dueño, y no poder retenerte, has dejado tu cuerpo inerte en mis manos aun frías.

Manché de rojo la hoja en blanco, y la estrujé con fuerza entre mis manos.

Cerré mis ojos con cansancio al pensar, que esa pudo haber sido una obra, hecha para mí.


No se trata de alguna experiencia personal, simplemente una imágen impertinente que iluminó mi mente en un inequívoco momento.