¿Por qué llora el diablo? Pregunta el niño. Sus lágrimas no son de rabia ni de enojo, no son lágrimas malas. ¿Cómo pueden lágrimas buenas nacer de un corazón malo? No lo sé, niño, no lo sé. Si llora, llora de soledad. Pecó de vanidoso, más no de malvado. Llora porque, al hacerlo, las lágrimas forman un espejo, y al verse reflejado ya no se siente tan solo. Llora para no morir quemado por la llama del odio, pero no del odio propio, sino del sufrido. Llora porque el hombre le ha dado cara de chivo, porque a causa de su vanidad lo acusan de lujurioso. Llora porque no es demonio, sino demonizado.

¿Por qué Dios deja que llore? ¿No se compadece? ¡Ay, niño! ¡Qué preguntas haces! ¿No ves que Dios también está llorando? Mira, son las mismas lágrimas las que derraman. Lloran juntos, pero los dos están solos. Solos, por la ira de un demente. ¿O fueron mil? Lloran ambos porque son dos caras de las misma moneda, condenados a nunca encontrarse. Lloran porque los dos son amor. Amor al prójimo y amor propio. ¿Acaso alguno es pecado? Lloran porque, a pesar de ser amor, nunca serán amados. Llora el amor, niño, porque a pesar de serlo, no sabe cómo amar. Llora Dios y llora el diablo, porque a pesar de su dolor, nadie los oye. Y, a pesar de que son todo y todos, no tienen a nadie.