Me encontraba abstraída en mis pensamientos, mientras jugueteaba con el trozo de papel dónde anoté los datos del club de literatura.

Había llegado tarde al afamado primer día de clases, en esta nueva escuela; me advirtieron que podría llegar a odiar a los maestros y la disciplina, quizás las clases; pero lo que realmente odio ahora es el uniforme, ¿qué clases de combinaciones son estas?

-Adler, Lisa…. Adler… Lisa-

-Eh… Uh? Presente- Esta maestra de química me esta matando de sueño, tiene una cara poco motivadora, quiere aparentar otra edad, pero no le funciona.

-Psss… Lisa- Sally, mi nueva amiga –toma- dice entregándome un papelito doblado.

"En la fuente a la hora de salida…. P.D. ¿Ya viste el terrible vestido de la maestra?"

No pude evitar reír ante tal comentario, lo cual llamó la atención.

-Esta escuela-empezó la maestra seria –es diferente, ya no es momento de comportarse inmaduramente, porque aquí hay un gran nivel de disciplina, un buen ejemplo sería el maestro de la siguiente clase. El profesor Reed, de matemáticas y excelente ajedrecista ha trabajado aquí durante un largo período y es de los maestros más duros-.

Parecía decirlo con tal ímpetu, que hasta llegue a creer, hablaba de su esposo. Al fin, se escuchó el timbre

-Bueno, de tarea van a hacer el resumen de la pag. 28- anunció la maestra antes de salir por la puerta. Acababa de acomodarme para hablar con Sally, cuando un varonil "Buenos Días" me interrumpió, inmediatamente me incorporé para ver al hombre de tez aperlada, pelo castaño oscuro y ojos color café cubiertos por gafas.

-Mi nombre es Stuart Reed y seré su profesor de matemáticas. Ahora escribiré el horario- era alto, delgado, vestía vaqueros negros y camisa roja, vestimenta inusual para un maestro serio y aburrido-

-Antes de continuar, ¿alguno de ustedes se inscribió en el club de ajedrez?- algunos de mis compañeros alzaron la mano.

-¿No te habías metido tú al club de ajedrez?- me cuestionó Sally.

-No, decidí cambiar a literatura-

-Bueno, a ver, ¿qué falta…?- dijo revisando su portafolio negro –Ah, sí pase de lista – dijo sonriendo, era una sonrisa agradable, cálida, natural, y tenía una dentadura perfecta, toda su boca, y sus facciones, sus ojos, su pelo, sus gafas, sus labios pronunciando…

-Adler, Lisa- mi nombre, ahhh. – ¿No se encuentra Lisa Adler?-

-Si, presente, disculpe- dije volviendo en mí.

-Bueno, Lisa. Qué te parece si limpias la pizarra para despejarte- dijo entregándome el borrador. Me levanté y llevé a cabo la tarea, mientras el continuaba pasando lista.

-Gracias. Puedes tomar asiento- dijo – ahora, procuraré darles una rápida introducción a lo que veremos, puesto que ya sé que les urge irse a sus casas. A mi también, pero para mi mala suerte, me voy más tarde- siguió viendo su reloj.

Se paseó por entre las columnas en el salón, haciendo ademanes, mientras se acomodaba de vez en cuando las gafas; no era muy viejo, le calculaba alrededor de los 30 años, se mostraba amable, accesible, un profesor que sabía bien su materia. No me explico porque lo tacharan de un hombre estricto, duro y …

-Maldito- dijo con tono de desafío sacándome de mis pensamientos, estupefacta – así me llaman, y es verdad, si no me cumplen, si no obedecen, si no se esfuerzan por pasar, les advierto que nunca me he de andar con medias tintas- Todo el salón se sorprendió ante tal comentario –Pero, si todo esta bien, y yo estoy conforme, no hay de que preocuparse- dijo con media sonrisa. Inevitablemente, el timbre anunció la salida –Bueno, hasta la vista, pueden salir- vaya había sido la clase más rápida del día. Me levanté hasta el último para evitar la estampida de alumnos. El profesor rozó mi hombro al salir, y me quedé mirándolo perderse entre los alumnos. Había, de algún modo hecho mi día.