Capitulo 12: Alta Traición

No sabía qué hora era. En realidad, hacía meses que no sabía en qué hora vivía, si es que a su estado actual se le podía llamar vida. Luka se sentó en el borde de la cama, contemplando por el rabillo del ojo la silueta de Jerrell bajo las sábanas, estaba preciosa y él se sentía destrozado por Delia, por él y por todo.

Decidió marcharse de la habitación y deambular por el edificio. Paseando como hipnotizado llegó a un cuarto que le resultaba familiar. Contempló la pared, ahí estaba el cuadro, ahí estaba su otro yo, mirándole desafiante, joven, pálido, muerto. ¿Se convertiría en un asesino despiadado como Magnes y como él? Ya no podía decir que no, en los últimos meses había roto todos sus principios, todas sus ideas sobre la vida y la muerte habían cambiado, ahora se dedicaba a matar para sobrevivir, pero no estaba seguro de que pudiese seguir aguantando todo mucho más tiempo.

Nunca lo había imaginado, pero deseaba morir, morir y descansar de aquella situación, de ser un vampiro, atrapado en entre dos mundos como los fantasmas.

Luka se sentó ante el cuadro de su gemelo y lo contempló con odio. Si no fuese por él nada de esto hubiese sucedido. Quizá su vida no se habría cruzado con la de Magnes o quizá si, pero le habría matado simplemente, sin más.

- El destino es increíble, ¿verdad? – dijo una voz burlona tras él.

- Cierto.

- Pronto cumplirás el tuyo. La Daga de Plata ya está forjada de nuevo, la próxima noche empezaremos el ritual.

- Bien.

- ¿Qué tal mi hermana? – le preguntó Magnes apoyándose en la pared, junto al cuadro.

- Bien.

- Supongo que somos una especie de cuñados.

- Supones mal.

- Ya. Eso dices ahora. Mi hermana es una chica muy poderosa, le has gustado, no te dejará ir. La verdad es que no sé qué demonios ve en ti. De todos modos, creo que no tienes muchas más opciones.

- ¡Qué te jodan, Magnes!

- Gracias, ya lo hacen. Pero desde luego no tu. En fin, nos vemos en la ceremonia.

Igual de sigiloso que había entrado, Magnes desapareció por la puerta. No podía evitarlo, le odiaba.

Pasó varias horas recluido hasta que Jerell vino a buscarle para prepararse para el ritual. Uno de los vampiros más ancianos, aunque era un niño de tan solo unos catorce años, le entregó ropas ceremoniales y realizó unos extraños cánticos a su alrededor. Después lo pusieron a esperar.

Unas cuantas horas después le dirigieron a la habitación donde estaba el retrato de Gain. En el centro había un círculo metálico con un texto en un idioma que parecía antiguo y que, como si fuese una rueda, tenía unos ejes que iban hacia un punto en el centro que contenía una esmeralda. Habían puntado dentro de la rueda una estrella de cinco puntas con sangre y en el centro, sobre la piedra preciosa, había un altar, le llevaron allí y lo tumbaron sobre él. El Dux se acercó con los ojos en blanco, haciendo unos extraños cánticos y ungiendo su frente con sangre con una cruz invertida. El resto de los presentes permanecían en pie, serios y en silencio.

El Dux dejó de hablar y se quedó quieto frente a Luka. En su mano sostenía ya montada la Daga de Plata, que brillaba reluciente. Los presentes empezaron a recitar un pasaje en latín que Luka no entendía, luego, el Dux levantó la Daga apuntando al cielo y luego, rápido, bajó la Daga en dirección al pecho de Luka.

Después, todo fue muy rápido. No sabía como lo había hecho ni por qué, pero Luka había conseguido agarrar la mano del Dux, y dirigirla hacia el pecho de su agresor con un rápido movimiento que le rompió el brazo. Atravesó el corazón del líder de los vampiros con un único empujón, clavando todo el filo hasta la empuñadura. La sangre manó sobre el altar y goteó hasta el suelo, donde la esmeralda comenzó a teñirse. Luego, la sangre de la estrella comenzó a brillar y la rueda con las extrañas palabras empezó a girar mientras las letras se revelaban cubiertas de sangre. Era un texto en latín que rezaba:

cum mortuis in lingua morta

Los presentes se precipitaron sobre el Dux. Luka salió corriendo por el pasillo principal aprovechando la confusión, seguido de cerca por Magnes, que trataba de darle caza.

No podía respirar pero no podía dejar de correr. Sabía que le matarían, salió a la calle ante las miradas atónitas de los transeúntes, que se apartaban de él pensando que estaba bajo los efectos de algún alucinógeno.

Un coche se acercó a él a toda velocidad. Luka se tapo los ojos, en parte porque los faros le estaban cegando y en parte porque pensó que sería arroyado en aquel momento, pero no fue así, la puerta se abrió y Jerrell, al volante del mismo le indicó que subiese.

Ella condujo muchas horas, buscando un lugar donde esconderse de la luz del sol. Durante todo el camino no se dijeron ni una sola palabra. A él le pareció bien, a fin de cuentas, ¿qué se suponía que debía decir uno después de matar a alguien?

Aparcaron el coche en el interior de una cueva, y se fueron hacia la zona más oscura y profunda, donde sólo los acompañaba la humedad, los murciélagos y las arañas y se sentaron el uno junto al otro a esperar el día.

Aunque, en aquella ocasión, el día no llegó.