#6 – Pino

Un aroma celestial

Sábado, 15 de diciembre de 2007

Hoy vamos a comprar el árbol de Navidad. El árbol para la casa familiar. Una casa perdida en medio de la montaña, entre campos y bosques. Me encanta el olor de esta casa: huele como a pino viejo, el de los pinos que la rodean, cubiertos de nieve en estas fechas. Ha venido toda la familia: mis abuelos, mis tíos, mi primo… y su amigo. El amigo con perfume de pino.

En el coche, mi querido primo ha insistido en que su amigo se sentara entre los dos.

- Venga, primita, tienes dieciséis, ya va siendo hora de que te consigas un novio – ha dicho con una sonrisa burlona.

Me ha dejado confundida, y al final se ha salido con la suya. Lo único bueno del trayecto es que he podido respirar el aroma a pino que venía de Mario. He tenido que controlar mi respiración para no hiperventilar, pues su presencia me estaba poniendo demasiado nerviosa.

Ahora, aquí, en el grandísimo almacén rodeado de bosques de - ¿irónicamente? – pinos, la cosa no mejora. Con la excusa de encontrar el "árbol perfecto" me he separado de los demás. El cielo está cubierto de nubes, que seguramente descargarán una nevada esta noche. Aún queda bastante para ese momento, ¿no? ¿Verdad? El sol se pone aquí a una velocidad increíble. Miro el reloj para, asombrada, comprobar que llevo aquí casi una hora: el tiempo que habían previsto mi padre y mi tío para comprar el árbol. Voy a volver a hiperventilar. No, no. Seguro que puedo encontrar el camino. Histérica, corro hacia el final del pasillo entre árboles. Impacto contra algo duro… ¿y cálido? No importa, porque me he caído al suelo y me duele.

- ¡Te encontré! – Exclama una voz masculina. - ¡¡Eeeh!! ¡¡La he encontrado!!

Alzo la vista para encontrarme con unos ojos verdes, enmarcados por unas perfectas cejas de cobre. El dueño de esos ojos me tiende la mano.

- ¿Estás bien, Laia?

Su voz denota preocupación. Es increíble el hecho de que permanezca de pie después de un choque así, y teniendo en cuenta que yo estoy en el suelo. ¿Será parte de su encanto masculino? Cojo su mano, y sin dificultad me alza de un estirón. Un estirón tan fuerte que vuelvo a caer… pero sobre él, sobre su duro pecho. Su brazo se desliza detrás de mi espalda, apretándome más contra su torso. Noto su aliento sobre mi cabeza, cálido, abrasador. Mis manos se mueven solas, enredándose en sus hombros. No quiero que esto acabe.

- ¡¿Dónde estáis?!

De golpe me suelta, me aparta. Noto cuán frío está el aire sin él sujetándome. Me aparto justo antes de que mi primo aparezca por la esquina.

- Creíamos que te habías perdido, primita. No nos vuelvas a dar ese susto.

Se acerca y me revuelve el pelo, que llevo suelto, con la mano. Cree que por ser un año mayor puede hacerlo. En realidad, la posibilidad se la conceden los veinte centímetros de altura que me sobrepasa.

De vuelta en la casa, me paro unos segundos antes de entrar. Si algo puede merecer ser llamado belleza, es esto. La casa de dos pisos de madera oscura está completamente cubierta de escarcha y nieve. Las ventanas, con sus pequeñísimos balconcitos y sus contraventanas parecen pequeños trozos de chocolate entre la nata de un pastel. Los árboles de alrededor esparcen su olor. Aroma a pino.