Mentí, ¿y qué

Mentí, ¿y qué?

El sabor de la última copa todavía recorre mi garganta. Un nuevo día acaba de comenzar, ¿qué hora es? No lo sé, no me importa, tal vez no quiera saberlo. Las sábanas están manchadas de carmín rojo. En el suelo hay un paquete de tabaco, vacío. Todavía huelo los restos de nicotina en mis dedos.

Una hormiga recorre el escritorio. Dejo que se acerque y la aplasto con el bolígrafo, tan fácil es acabar con una vida. Observo su pequeño cadáver, que se ha adherido a la tapa del bolígrafo. Lo anoto todo en mi diario. ¿Por qué esta necesidad? Recuerdos encerrados en páginas con olor a fruta. Los leo, los releo. Todos los días. Puedo arrancar las hojas que quiera, borrarlos de aquí. Ojalá pudiera hacer lo mismo con los recuerdos guardados en mi cabeza. Me acosan, no me dejan vivir. Otra vez mi cerebro proyecta las mismas imágenes en mi retina. Y recuerdo...

Paloma... eras fría y soberbia, tanto como hermosa. Cuando llegaste nueva al instituto, yo fui el primero en hablar contigo. Te ofrecí mis apuntes, te propuse explicarte algunas cosas para que no perdieras el ritmo. Pero me rechazaste. Para ti no existía. Un fantasma, sólo era eso para ti, tal vez lo siga siendo hoy para la sociedad. Paloma... querías hacerme daño, ¿por qué? Pregunta sin sentido, sin respuesta, sin... autor.
Los días pasaban y tu desdén hacia mí cada día era mayor. Mi musa... a ti te escribía las composiciones más bellas que salían directamente de mi corazón. Te amaba. ¿Por qué tuviste que estropearlo todo?

Me he cansado. Recordar esa etapa de mi vida me hace daño. Sufro, sé que lo merezco. Sigo escribiendo todo en mi diario. Mañana cuando lo lea te recordaré de nuevo Paloma. ¡Maldita sea! Mi cerebro es caprichoso, quiere que lo recuerde todo otra vez. No quiero... no quiero...

La seguí. Iba caminando con su gracia habitual. Pantaloncitos blancos, camiseta rosa. No llevaba sujetador. Era una diosa. Caminé más rápido para alcanzarla. Se adentró en el parque de la Paz. ¿Qué hubiera pasado si no hubiese entrado ahí? Quizá nada, pero lo hizo. La saludé, pero ella no respondió. Paloma... qué soberbia. Me abalancé sobre ella. No se lo esperaba, el tonto de Damián nunca haría eso. Conseguí robarle un beso. Dos. Tres. Los que quise. Era mía. Yo amaba su ser. Quería que lo último que viera fuese al chico que más le había querido. Mis dedos se deslizaron por su cuello. Apreté, con demasiada fuerza. Enseguida dejó de existir, su último aliento fue para mí. La tapé amorosamente con hojas frescas. Y me fui a mi casa, feliz.
Mamá ya tenía preparada mi cena. Me preguntó por qué había llegado tan tarde. Me quedé en la Biblioteca estudiando. Mamá estaba orgullosa de mí.

Mentí a mamá. Mentí a los agentes que investigaban el caso. Mentí. Mentí.
Mentí, ¿y qué? ¿Qué es la mentira? ¿Quién no miente? ¿Acaso no estoy pagándolo todos los días? Demasiadas preguntas. Y no tengo a nadie que me las conteste. La última prostituta se parecía mucho a ti Paloma. Tengo su carmín restregado en mis sábanas. Nadie ha podido reemplazarte. Siempre estarás en estas páginas.

-Parece que el caso del 93 de la chica estrangulada está resuelto. Esto es una confesión.
-¿De dónde sacasteis el diario?
-Lo trajo una prostituta. Vamos, tenemos que detener al asesino de Paloma Mate.