Tinta Invisible

En la vida real, las aspiradoras matan a las arañas.
Si cruzas una calle sin mirar y hay tráfico, eres arrollado por un coche.
Si te caes de un árbol, te rompes algún hueso.
La vida real es horrible. Es cruel.
Le tienen sin cuidado los protagonistas heroicos
y los finales felices y cómo deberían ser las cosas.
En la vida real, las cosas malas suceden. La gente muere.
Las luchas se pierden. A menudo vence el mal.
Sólo quería dejar esto bien claro antes de empezar.
Darren Shan, El tenebroso Cirque Du Freak

Bueno, aquí Adramechlle al habla; estoy convencida de que nadie va a leer esto, pero aún así pretenderé que sí... sólo por si las dudas.

Este pequeño proyecto es tan solo para ayudarme a superar los traumas que me dejo la escuela preparatoria y también para preservar memoria de las cosas divertidas que sucedieron; no tendrá consistencia alguna ya que no solo mezclare hechos y personajes reales con ficticios, sino que también añadiré cosas que mis amigos me contaban que sucedían en sus escuelas. Intentare recopilar los eventos más graciosos y ridículos que recuerde, pero eso no quiere decir que no vaya a haber algo de drama por aquí o por allá, pues dramas hubo, y muchos.

La mayoría de los capítulos no serán más que pequeños drabbles, con algunas y contadas excepciones, tal vez; así que les pido tolerancia, ya que escribo esto con el mero propósito de entretener.

Gracias, espero que pasen un buen rato.

Advertencias

La mayoría de los capítulos son aptos para cualquier persona de mente abierta, sin embargo, debido a ciertas referencias sexuales y vocabulario algo fuerte si habrá material que sea clasificación Mature. Además debido a que la escuela a la que asistía no era laica también encontraran referencias a la religión, y lo más probable es que no sea de una forma halagadora.

Y ahora, sin más preámbulo, les presento…


01. Psicólogos

« No fue por una trágica amargura

esta alma errante desgajada y rota

purga un pecado ajeno: la cordura,

la terrible cordura del idiota. »

Antonio Machado, "Un loco"

La entrevista con la psicóloga no era algo que estuviera en la lista de momentos más esperados del año para, pero era absolutamente inevitable para entrar a la escuela—uno de los requerimientos y parte del proceso de inscripción-, así que no había forma posible de evitarla.

La psicóloga la llamó.

"Hola," comenzó Adra con una sonrisa, esperando causar una buena impresión. "Me llamo—"

"¡Oh, mírate!" La interrumpió la mujer, mirándola con una mueca de horror en su cara.

"Uh… ¿perdón?" Adra retrocedió dos pasos, pegándose a la puerta como una calcomanía.

"¡Nada más mírate!" Continuó la psicóloga, gesticulando como si estuviese frente a alguien con el cuerpo lleno de tatuajes satánicos y un mohicano verde fluorescente.

"¡¿Qué?!" Demandó la ofendida, sintiéndos—bueno, ofendida.

"¡Pobre de ti, has de estar pensando en estos momentos en distintas formas de suicidarte!"

Adra hizo todo lo posible por no soltar una palabrota o, peor aún, una patada.

"Mire, señora, la verdad no sé de qué me está—"

"No te preocupes," volvió a interrumpirla, como si no hubiera dicho nada. "Repite después de mi: 'soy una persona normal'."

"… Mejor no."

"Repite y respira hondo," la instruyó la mujer, quien seguramente pertenecía a un manicomio y no precisamente como personal autorizado.

"Soy una persona normal," masculló Adra de mala gana, asumiendo que lo mejor sería lidiar con eso lo más rápido posible (no se le fuera a pegar).

"¡Muy bien! Ahora di: 'el tener esta forma de cabello es una forma de expresarme'."

"Oiga..."

"¡Repite!"

Adra respiró hondo. Bien hondo.

"El tener esta forma de cabello es una forma de expresarme."

"Ahora, ¿cómo te sientes?"

"Muy estúpida," contestó frunciendo el seño.

"¡Muy bien!" La mujer se volteó, pasando por alto los ademanes más que violentos que hizo Adra a sus espaldas, y gritó: "El que sigue!"

Adra salió del cubículo, negando con la cabeza y reconsiderando la decisión de sus padres (no suya, para variar) de haberla inscrito en ese circo.

"Y… ¿cómo te fue?" Goldier Glace, uno de sus amigos, le preguntó mientras miraba como la siguiente víctima entraba.

"Esa mujer está jodida de la cabeza," contestó con total honestidad mientras ladraba una risa cínica.

El muchacho de cabello negro alzó una ceja, mientras que un chillido se escuchaba desde dentro del cubículo.

"No puedo esperar mi turno…"


La verdad la psicóloga que me entrevisto la primera vez me cayó muy bien… pero se fue a mitad del año y aquí sacare los traumas que todos los demás psicólogos me han dejado. ¡Hurra!