Jaja, en vista de que ya va a ser Febrero, les traigo una actualización. Espero subir el otro capítulo medio temático antes del catorce, pero ya veremos. También, quisiera mencionar que los incidentes relatados a continuación me perseguirian por el resto de mi vida escolar en esa institución, pero ojalá los hagan reir, ¿aunque sea un poco?

¡Al drabble!


86. El globo

Never let a day go by without comitting a harmless but conspicuous act of violence. Kick over a chair; throw a book across the room. Be creative!

Ah, San Valentín. El hermosamente falso, industrializado, comercializado, de todos los años día "del amor y la amistad".

Supongo que a estas alturas ya saben que significaba el acudir ese día a la escuela: montones de globos coloridos por todas partes, tarjetas, abrazos, bombones, chocolates, peluches y demás melcocha que usualmente son dados y recibidos con alegría.

Sin embargo, tampoco es raro el caso de alguien que recibe un regalo y una confesión de alguien que no le gusta.

Aquel año fue el turno de Luz… de nuevo.

Pobre, pobre, Luz.

Aquella ocasión en particular, no obstante, había constado de un pretendiente con algunos tornillos faltantes, quien había procedido a encerrar a Luz en un salón con él, con ayuda de algunos de sus amigos, que actuaron como cómplices, para completo espanto de Adra y Montserrat (quien se había comenzado a juntar más con ellas tras el viajecito a Oaxaca) que habían estado platicando con Luz antes de que fuera quasi secuestrada. Lo que había tomado lugar dentro del salón Luz se lo llevaría a la tumba, porque lo único que Adra supo fue que minutos después salió medio histérica con un globo en forma de rosa en mano, la había agarrado del suéter y se la había llevado jalando hasta el pasillo, luego las escaleras y, finalmente, se detuvo cuando estaban cerca del patio, en la seguridad que ofrecía el pasillo entre este y la oficina administrativa.

Montserrat terminó de bajar corriendo las escaleras y, tratando de ahogar una risa porque se vería mala onda, le preguntó qué había pasado.

Dicha pregunta desencadeno una muy constructiva plática entre las tres compañeras ("¡Pero él no me gusta!" – "Entonces revienta el globo." – "No es mala idea…. ¡pero se va a ver mal!" – "¡¿Y a quién le importa?!" – "Es que… ¡él no me gusta!" – "¡Rompe el condenado globo de una buena vez!" – "¡De verdad no me gusta!" – "¡Aghhh!"), tras la cual Adra había decidido ponerle fin al problema porque si había una cosa que no soportaba (bueno, en realidad había varias cosas que no soportaba, pero en el momento la única que venía a colación) era que alguien hiciera sentir mal a quienes consideraba sus recipientes de su rara vez dada amistad.

Sin embargo, antes de que cualquier acción pudiera ser llevada a cabo, la campana que señalaba el fin del receso sonó y tuvieron que subir las escaleras hasta el tercer piso para regresar a sus salones.

Una vez dentro, y sin darle importancia a las parejitas que todavía estaban en el proceso de darse regalos los unos a los otros, Adra se quitó un arete y—ponchó el globo.

Se hizo, no exactamente un minuto de silencio porque, aunque la mayoría de los presentes habían volteado a ver en cuanto escucharon el ruido, se habían tomado menos de medio segundo en interpretar la situación y habían comenzado a cuchichear entre ellos.

Aquel tiro, sin embargo, le salió por la culata cuando, apenas dos horas después y nada más había terminado de sonar la campana (que sonaba como sirena de barco) que anunciaba el inicio del segundo receso, Adra había sido acorralada por una media docena de personas que le resultaban vagamente familiares a pesar de no tener idea de cuáles eran sus nombres; para la mala fortuna de Goldier, además, porque había escogido un muy mal momento para acercarse a pedir que le prestara el resumen de Literatura que habían dejado de tarea.

Antes de que el muchacho tuviera oportunidad de sentirse verdaderamente amenazado ante la súbita emboscada en la que había caído accidentalmente y decidiera utilizar su cuaderno de pasta dura como un arma improvisada, una de las chavas del grupo le dirigió la palabra a Adra.

"¿Te gusta Francisco?" Fue lo que preguntó.

Adra se quedó boquiabierta. No sabía qué había esperado que dijeran, pero no era eso.

Ahora, vale la pena aclarar que el susodicho no era otro que el demente que había utilizado una táctica muy parecida a la de aquel grupo para arrinconar a Luz en el receso anterior.

"¿Qué?" Les preguntó finalmente Adra, con voz estrangulada, mientras su mirada horrorizada iba de un miembro del grupito a otro; al menos hasta que el horror se transformó en repugnancia.

"Bueno, es que como reventaste el globo que le dio a Luz, nosotros pensamos que él te gustaba…" Aclaró la portavoz.

Adra pensó que igual se ponía a vomitar.

Goldier, tan considerado como siempre, no había ni esperado a que terminara la frase para doblarse sobre sí mismo y comenzar a soltar una especie de alaridos animales que quienes lo conocían un poco mejor sabían que no eran otra cosa que su risa.