Con... dos días de retraso, pero, ¡hey! ¡Feliz cumpleaños, Tinta Invisible! :D

Les traigo un poco de drama para festejar... porque, obviamente, estoy marcando el tono para el final de este segundo año, yo creo.


88. Ilustración de un egoísmo absurdo

« The thing that's always lacking in our words

Is leaving behind the meaning of our interlocked hands.»

Radwimps, "Tayuta"

La felicidad no es el estado natural de las personas.

Estar contento o satisfecho con tu vida es más común; todavía difícil, pero más común que un estado verdadero de felicidad.

No obstante, insertar un poco de felicidad en un día no es tan difícil; tal vez no mucha, probablemente no la suficiente para hacerte decir "estoy feliz", pero si una chispa para alumbrar un día lluvioso. Cuando había periodos en los que una tormenta sucedía a otra, e incluso en los días nublados que parecían extenderse lo suficiente para hacerse notar pero sin causar daños permanentes, son esas pequeñas cosas las que te distraen del clima que da vueltas en tu cabeza.

Adra tenía un método muy sencillo y efectivo en cuanto a esto se refería; consistía simplemente en encontrar cosas que te proporcionaran esa pizca de alegría, activamente buscarlas y enfocarte en ellas, aferrarte a ellas todo el tiempo que fuera necesario. Cosas simples, cosas de todos los días, de todas partes: los dientes de león en la calle (a los lados de la acera, floreciendo sin la ayuda de nadie), los animales en la tienda de mascotas (en especial los hurones), los pájaros (excepto las palomas), los perros (aunque fuera de lejos), un chocolate, la crema de elote caliente, un plato o una taza bonita, sus gatos, sus libros favoritos, las personas que tocan música en la calle, las películas que te gustan…

A juzgar por la taza de la Pantera Rosa todavía con restos de chocolate de leche y los tres paquetes de panes rellenos de chocolate al lado de la misma, Goldier podía fácilmente asumir que había sido uno de los días malos del bimestre para Adra.

Y mientras que Goldier entendía, en teoría, las razones detrás de esa aseveración, todavía lo consideraba una idiotez. Decía mucho de su entereza de carácter el que estuviera en ese lugar, en ese momento, lidiando con aquello a sabiendas de la futilidad de su intervención.

El nudo en su garganta, los ojos enrojecidos, la bolsa llena de pañuelos desechables usados; no es algo que se pueda detener ni siquiera con sus mejores intenciones. Después de todo, dicen que son las expectativas de los padres las que arruinan a sus hijos.

(El momento en que les dejan claro que todo su valor depende de la opinión que expresen sobre ellos otros adultos y la secuencia de números en sus boletas de calificación; de manera que, en el momento en uno o ambos factores dejan de ser satisfactorios no son sólo los padres quienes sienten que la sangre de su sangre se ha vuelto un fracaso—sino que esa misma sangre fresca también lo cree, lo cree fervientemente y tal vez nunca deje de hacerlo.)

Así, en el momento en que Adra había caído en un bache, en el momento mismo en que sus calificaciones se habían deslizado por un barranco simplemente porque no podía hacer todo, la idea de haberse convertido en ese "fracaso" que tanto tiempo había intentado evitar (que era lo único que, en realidad, había hecho toda su vida), aquella decepción a la que había rehuido escalando hasta el cuadro de honor en sus anteriores escuelas comenzó a devorarla por dentro como una ulcera.

Aquello, en opinión de Goldier, era una soberana estupidez, pero no le correspondía juzgar a Adra por algo que le habían plantado en la cabeza; ya la juzgaba bastante por otras cosas. Tal vez estaba ahí por eso, al menos en parte; comprobar los errores cometidos por otros padres le ayudaba a mantener sus ganas de cometer homicidio relativamente bajo control—como dicen, quid pro quo.

Adra lloraría y Goldier se quedaría a su lado; Adra lloraría, y Goldier trataría de calmarla; Adra seguiría llorando horas después y Goldier pensaría que era ridículo.

Pero no se iría hasta que parara.