23. Epílogo - Romeo y Julieta

Ángel no sabía cuánto tiempo llevaba allí: de nuevo el hospital, a este paso se iba a convertir en su segunda casa. El joven se pasó la mano por el pelo mientras daba vueltas ansioso de noticias. Nunca le habían gustado los hospitales, su corazón latía a toda velocidad y andaba de un lado a otro incapaz de mantenerse quieto. Había telefoneado a sus padres, que se dirigirían hasta allí cuando el padre de Ángel saliera de una reunión muy importante que tenía en una clínica. Para "mejorar" las cosas, no le habían dejado pasar a donde estaba Gabriela, sí, se trataba de nuevo de Gabriela... Apenas le habían dado información sobre lo que había pasado y eso le irritaba, le sacaba de quicio... No tener noticias le sacaba de sus casillas. Le habían llamado al trabajo, donde estaban preparando los planos de ese nuevo puente tan esperado por la ciudad: iba a ser el no-va-más de los elementos arquitectónicos que componían la pequeña ciudad que le había visto nacer. Estaba sentado frente a los planos de ese dichoso puente, cuando un compañero le comunicó que alguien le llamaba al teléfono de la empresa. Ángel se quitó las gafas de leer y miró a su compañero:

- "Dicen que es muy urgente"

El joven se levantó y caminó entre hileras de mesas, bajó dos pisos y cruzó el pasillo hasta llegar a donde estaba el teléfono, que permanecía en espera. Ángel pulsó el botón para atender a la llamada y descolgó el teléfono: así se había enterado. Ángel se increpaba mentalmente por no estar al lado de Gabriela: era su mujer, y había prometido estar siempre a su lado, pero ¿cómo iba a imaginar que iba a pasar esto? Hacía dos años que estaban casados. Dos perfectos y hermosos años. Aunque había sido precisamente en una habitación de hospital donde el joven había pedido a Gabriela que se casara con él, el ahora matrimonio prefería la segunda versión de los hechos. A Ángel nunca le había gustado la forma en que le había pedido matrimonio a Gabriela, así que planeó otra que cogió a la susodicha totalmente por sorpresa. Cómo olvidarlo, recordó con cariño. Fue una noche de verano de hace un par de años. Gabriela estaba en casa de Leo y Sofía (sí, por fin se fueron a vivir juntos ellos también), comentando el tema de la boda. Ángel sabía de sobra que su novia aún no estaba muy segura de la idea del matrimonio tan temprano por miedo a que saliera tan mal como el de sus padres. Todo ello llevó al joven a la conclusión de que tenía que pedirle que se casara con él... Otra vez.

(Flashback)

Gabriela se encontraba en casa de Leo y Sofía, pasando la tarde mientras Ángel tenía esa reunión con los arquitectos de un posible futuro edificio. Estaba algo preocupada porque hacía pocos días que le había dicho a Ángel que no estaba segura de querer casarse aún. Aunque Ángel la había entendido, Gabriela estaba segura de que ese "no" había hecho mella en Ángel, esperaba que no estuviera enfadado con ella.

- "Gabriela, estás muy seria, ¿pasa algo?" - preguntó Leo.

Ella negó con la cabeza, ya les había comentado la situación.

- "Es que espero que no se lo haya tomado como una ofensa..."

Sofía iba a decir algo pero se detuvo al oír un murmullo en la calle, parecido a cuando hacen una obra de teatro.

- "¿Qué es eso?"

Sofía y Gabriela se giraron hacia la ventana de donde provenía ese murmullo, no, era una voz que hablaba de manera pausada por encima del murmullo. Distinguieron algo parecido a "¿qué resplandor se abre paso a través de esa ventana?". Sofía y Gabriela se miraron extrañadas y se acercaron y abrieron la puerta corredera que daba paso al balcón que daba a la plaza de donde venía el murmullo, asomándose al mismo, ya fuera de la vivienda. Ambas se quedaron con la boca abierta: había un pequeño corrillo de curiosos alrededor de un chico vestido como si acabara de salir del renacimiento italiano, todo eso prácticamente debajo de su ventana. Al parecer la gente miraba entusiasmada mientras comentaban sonrientes la escena, pasados unos breves instantes la gente empezó a aplaudir al advertir a Sofía y Gabriela en el balcón, haciendo que el muchacho trovador se girara también. Gabriela abrió la boca aún si cabía, no salía de su asombro: el chico no era nada menos que Ángel, estaba allí, bajo su balcón, esa situación le sonaba... El joven sonrió ampliamente y continuó:

- "¡Es mi dueña!... Oh, es mi amor"

Gabriela sonrió emocionada, esta vez sí que estaba al borde de la lágrima, sintió la mano en el hombro de Sofía dándole ánimos y la palmadita en la espalda de Leo, felicitándola. Ambos salieron del balcón, pero permanecieron cerca, no querían perderse eso por nada del mundo, mientras Ángel seguía con su monólogo. Sofía dijo algo de bajar a grabarlo en vídeo, lo cual debió hacer ya que Gabriela la vio poco después entre la gente con la cámara. La joven castaña se apoyó en el balcón y suspiró emocionada:

- "Ay de mí..."

- "¡Ha hablado!" - continuó Ángel con el diálogo de Romeo, que parecía haberse aprendido de memoria, Gabriela volvió a sonreír mordiéndose los labios para no ponerse a llorar ahí mismo - "... Habla otra vez, ángel resplandeciente..."

La joven suspiró mientras empezaba a decir de manera suave:

- "Oh, Romeo, Romeo... ¿Por qué eres tú, Romeo?" - el pequeño grupo de gente de alrededor miraba entusiasmada ese espontánero espéctaculo y hubo pequeños aplausos cuando Gabriela empezó a hablar - "... Niega a tu padre, y reniega de tu nombre... Si no accedes, júrame que me amas y dejaré de ser una Capuleto..."

Ángel sonrió al ver que la joven le seguía el diálogo más feliz de lo que hacía mucho que no la veía, y la dejó continuar hasta casi terminar la escena del balcón. La gente permanecía atenta y Sofía grababa todo en vídeo, restregándose los ojos de cuando en cuando. Era un momento perfecto, la luz de la luna se reflejaba en el cabello de Gabriela, mientras su Romeo particular la miraba como si un ángel se hubiera marchado del cielo y se hubiera parado en ese balcón a descansar. Le había perdonado, seguro que Sofía había tenido algo que ver, pero le había perdonado, eso es más de lo que podía soñar ahora mismo. Cuando Gabriela terminó una frase, Ángel sonrió y dijo, como para sí mismo con alegría, volviéndose a la gente:

- "¡Bendita, bendita noche! ¡Cuánto temo que por ser de noche todo esto no sea sino un sueño harto maravilloso para ser realidad!"

- "Romeo..." - llamó la voz de Gabriela a sus espaldas, atrayendo de nuevo la atención de la gente y la de Ángel, se volvió mirando atento al balcón donde se hallaba su Julieta.

Sin embargo, Gabriela no dijo nada y finalmente sonrió nerviosa y murmuró:

- "No recuerdo para qué te he llamado..."

Ángel sonrió:

- "Deja que me quede... Hasta que te acuerdes..."

- "Lo olvidaré... Para que no te vayas, pensando en lo feliz que me hace tu compañía..." - dijo Gabriela con los brazos y la cabeza apoyadas en el balcón de manera recostada.

- "... Y yo seguiré aquí para que sigas olvidando, pensando que no hay otro lugar en el mundo..." - dijo Ángel con un nudo en la garganta. - "Gabriela, cásate conmigo..."

La sonrisa de la chica aumentó y dijo que sí con la cabeza de forma emocionada.

- "Pero, de verdad... No vale no presentarse en la iglesia" - bromeó Ángel, provocando la risa de la gente congregada allí y la de la propia Gabriela.

- "He dicho que sí. Sí, sí, sí, me casaré contigo" - dijo Gabriela ilusionada, aquella era la mejor pedida de mano que hubiera podido soñar jamás.

- "... Buenas noches, la despedida es un dolor tan dulce que te diría buenas noches hasta llegar el día" - terminó de recitar el joven, ya convencido.

(Fin flashback)

Como en las películas, como todo el mundo sueña, de una forma especial e inolvidable... Aunque la vergüenza de llevar ese traje tan feo hubiera atormentado a Ángel semanas después, no se podía comparar a lo feliz que se encontraba de haber convencido a Gabriela de que a ellos no les iba a pasar lo mismo: llevaban dos años de feliz matrimonio y ojalá que quedaran muchos más. La boda fue otra historia. Tanto Ángel como Gabriela parecían estar tranquilos un mes antes, una semana antes... Cuando faltaba menos de una semana para la boda empezaron los nervios. Aunque lo tenían todo preparado desde hacía siglos, parecía que les faltaba el tiempo. Hubo una complicación en la tintorería donde estaba el traje de novia de Gabriela y no le pudieron entregar el vestido hasta la tarde anterior al día de la boda, lo que hacía a Gabriela preocuparse hasta el punto de no poder dormir bien por las noches. Pero finalmente ese día llegó, y todo salió muy bien, no podía haber salido mejor. Leo fue el padrino de Gabriela, ya que en las bodas los padrinos de las novias solían ser el padre o el hermano de la susodicha, y como Gabriela no contaba ni con uno ni otro, se lo pidió a Leo, quien aceptó encantado. La madrina fue la madre de Ángel, siguiendo la costumbre. Sofía quería ser la madrina, pero supo que ese derecho le pertenecía a la madre de Ángel y no rechistó nada en absoluto. Por un momento, ya en la iglesia, Ángel empezó a dudar sobre lo que Gabriela le había prometido en su balcón: que se presentaría a la boda. Pero claro que se presentó, y cuando Ángel miró el reloj se dio cuenta de que los nervios le habían jugado una mala pasada. Cuando Gabriela llegó a su lado, no pudo evitar sonreír: estaba preciosa, más guapa de lo que había imaginado. El vestido era blanco, cómo no; y dejaba los hombros de la joven al descubierto, llevaba un velo sujetado en el recogido de pelo: parecía una princesa. Gabriela sonrió y cogió a Ángel de la mano, quien se la besó con dulzura, y la ceremonia comenzó.

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El joven se hartó de que no le dijeran nada en recepción y subió escaleras arriba buscando dónde estaba Gabriela. En cualquier otra situación, hubiera tenido que recorrer todo el hospital para encontrarla, pero en aquella... Era muy evidente dónde podría encontrarla. Cuando llegó a la segunda planta, recorrió los pasillos sin dejar de mirar a todos lados y preguntando a algunas enfermeras más dispuestas a ayudarle que esa amargada que había en recepción. Le indicaron dónde podría encontrarse y siguió por el pasillo indicado, apenas había doblado la esquina cuando vio a una joven rubia que le era muy familiar.

- "Sofía"

Durante los breves segundos que Sofía tardó en responder, Ángel comprobó que desde una de las salas que había en los pasillos no dejaban de llegar gritos desesperados de. dolor.

- "¡Ángel!" - dijo ella levantándose de su asiento y yendo al encuentro del chico - "No dejan entrar a nadie, yo ya lo he intentado un par de veces..."

- "¿Por qué no dejan entrar a nadie?" - le cortó Ángel.

- "Las cosas se han complicado: ha venido con unos dolores muy fuertes, yo la he ayudado a venir con mi coche... Lo último que me han dicho es que estaba perdiendo sangre" - dijo Sofía atropelladamente, estaba muy asustada.

Ángel se pasó la mano por el pelo, y en un ataque de rabia le dio un fuerte golpe a la pared, mientras Sofía se pasaba la mano por la frente y se volvía a sentar en el banco que había en el pasillo. Sabía que no debía dejarla sola, no lo había hecho desde que Gabriela había entrado en el séptimo mes de embarazo, pero esos arquitectos insistieron en que el plazo para iniciar las obras se estaba agotando y que debían tener los planos definitivos cuanto antes. Así que sólo esa dichosa mañana había tenido que ir al trabajo a ultimar todo. La noticia del embarazo de Gabriela le había sorprendido al principio, pero instantes después le ilusionó enormemente: iban a ser padres, iban a ser una familia... Seguro que se iba a parecer tanto a ella, seguro que tenía el mismo tono de ojos, y quizás tuviera su tono de cabello; tanto Ángel como Gabriela habían imaginado tanto como iba a ser su bebé... A partir del séptimo mes de embarazo, Gabriela necesitaba dormir más horas, le daban bajones de energía o cambiaba de humor. A veces había gritado a Ángel por ninguna razón en concreto, pero él no se lo había tomado en cuenta, sabía que eran cosas normales en las embarazadas. La madre de Ángel había dado a la joven un montón de consejos de cómo cuidar al bebé, y Sofía no hacia más que pensar nombres y nombres, y suplicarle a Ángel y a Gabriela que le dejaran ser la madrina del bebé: estaba enormemente entusiasmada. Como no había sido la madrina de la boda, la pareja accedió de buena gana a que Sofía fuera la madrina del bebé.

Un nuevo y tremendo grito le sacó de sus pensamientos, Sofía se cubrió la boca con las manos: estaba enormemente asustada. ¿Y si le pasaba algo a Gabriela o al bebé? El joven, haciendo caso omiso de las advertencias de Sofía, no pudo aguantar y se dirigió a las puertas de la sala de donde provenían los gritos. Tanto pronto como entró en el paritorio, un nuevo grito distinto de los anteriores invadió la sala. Las enfermeras ya lo tenían en brazos, le habían cortado el cordón umbilical y lo llevaron a un pequeño lavabo que había cerca donde empezaron a lavarlo. Por un momento, Ángel se vio incapaz de pensar con claridad. ¿Ya estaba? ¿Era ese su bebé? Había pensado tanto en ese día que ahora que había llegado no se lo podía creer.

- "¡Ángel!"

Ángel apartó la mirada de ellas y se dirigió hacia la camilla reclinada donde estaba una exhausta Gabriela. El joven pasó la mano por la frente sudorosa de la joven, parecía estar bien, por unos momentos se había temido lo peor.

- "¿Dónde estabas?" - preguntó ella sofocada.

- "Lo siento muchísimo, he venido en cuanto me han llamado..."

La joven negó con la cabeza mientras recuperaba su ritmo de respiración normal, y le cogió de la mano:

- "Al principio, algo ha ido mal, pero... Creo que ha sido sólo ha sido un susto"

Tanto Ángel como Gabriela miraron con ansiedad hacia las enfermeras, que se volvieron con el bebé ya limpio y envuelto en una suave manta blanca, y dijeron de manera emocionada:

- "Es una niña, y está sanísima, enhorabuena"

Gabriela empezó a llorar de alegría cuando una de las enfermeras le puso a la niña en sus brazos.

- "Dios mío, tengo una hija..." - murmuró Gabriela meciendo suavemente a la pequeña.

Ángel y ella miraron felizmente a la niña, nunca hubieran podido imaginar ese momento así de mágico: era preciosa, tan perfecta... Gabriela miró emocionada a su esposo. Ángel sentía tanto felicidad como miedo, era tan pequeña... Pero la alegría de tenerla con ellos al fin superaba todo lo demás. Se sentó en el borde de la camilla rodeó con un brazo a Gabriela, y acarició con su otra mano a su nueva hija. Sonrió. El poco pelo que cubría la cabeza del bebé era de color negro, como el suyo... Una enfermera se acercó a ellos y les dijo:

- "Una joven y un matrimonio están fuera deseosos de noticias, ¿les digo algo?"

Gabriela sonrió emocionada y miró a Ángel, quien dijo:

- "Dígales que es una niña preciosa"

La enfermera asintió feliz y se dirigió afuera a comunicarle la noticia a los padres de Ángel y a Sofía, ellos no podía entrar aún, pero tenían que saber que todo había salido muy bien y que tenían una hija sana. Pudieron oír el gritito de emoción de Sofía, un sollozo reprimido... Ángel se volvió hacia Gabriela y murmuró:

- "Mi padre en el fondo es un sentimental... Dios mío, es un abuelo..."

La joven rió y miró de nuevo al bebé, que había abierto los ojos a medias y miraba a sus padres con curiosidad. A pesar de que Ángel habría apostado a que el bebé (no sabían si era niño o niña) tendría los mismos ojos color miel que su madre, pero en cambio tenía unos preciosos ojos azules que emanaban una paz indescriptible. Gabriela sonrió fascinada y murmuró:

- "Tiene los ojos iguales que mi padre"

- "Es verdad..." - murmuró Ángel acariciando con cuidado a la niña, quien no tardó en sumirse de nuevo en un profundo sueño.

Durante unos instantes no hicieron más que mirar a su niña, comentando lo guapa y especial que era para los dos. Ambos se sentían tan felices de tenerla con ellos: ya eran una familia.

- "¿Cómo deberíamos llamarla?" - murmuró Gabriela mientras mecía con cuidado al bebé. - "Debe de ser un nombre que le quede bien... Que sea tan hermoso y dulce como lo es ella"

Ángel pensó durante unos instantes... Una niña hermosa y dulce, que poseyera un nombre bonito... Y, conteniendo una sonrisa, murmuró:

- "A mí me gusta Julieta..." - Gabriela le miró sonriendo - "Además con esos ojazos que tiene..."

La joven se volvió hacia la niña y murmuró:

- "Julieta..."

Se volvió hacia Ángel y dijo:

- "Le queda bastante bien"

El joven sonrió y besó de forma tierna la frente de la niña, y Gabriela igual. Después, los dos se dieron un profundo beso, el primero como padres de esa preciosa niña, el primero como familia...

- "Toma, cógela" - dijo Gabriela tendiéndole la pequeña a Ángel.

- "Yo... Yo no sé cómo coger bebés..." - dijo Ángel dubitativo, le daba miedo que se cayera o algo así.

- "Pues ya es hora de que aprendas, ¿no crees?" - dijo la joven con dulzura a la vez que depositaba a la niña con cuidado en los brazos de su padre.

Durante unos instantes, Ángel no hizo otra sino mirar a su hija. Entendía que Gabriela hubiera roto a llorar de la emoción porque a él mismo le estaba resultando muy difícil contener las lágrimas. No podía creer que ya estuviera con ellos.

- "¿Crees que seremos buenos padres?" - murmuró Gabriela mirando al bebé, que había agarrado con su manita uno de los dedos de Ángel.

La expresión de "padres" todavía cogía a Ángel por sorpresa, pero sin embargo le gustaba, le gustaba mucho esa sensación de querer proteger y cuidar de su niña, y de verla crecer junto a Gabriela. Besó la frente de la susodicha y le susurró:

- "Creo que vas a ser una madre maravillosa" - dijo provocando la sonrisa emocionada de la joven.

Su amor había sido bendecido de la forma más maravillosa que podían haber imaginado hace casi cuatro años atrás cuando se volvieron a encontrar en ese cementerio de la ciudad capital. Ángel no podía sentir más orgulloso de la familia que había formado, con su mujer y su pequeña hija... Todo era perfecto.

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Notas de autora: YAY! No puedo creer que ya lo haya acabado. En el fondo me da algo de pena, pero me sabía mal dejar pasar tanto tiempo entre una actualización y otra. Este fic es más vuestro que mío, sin vuestros reviews nunca nunca hubiera llegado al final de este fic, el primero que acabo y publico en un sitio web. Quiero dedicarlo especialmente a aquellas personas que no lo abandonaron, a pesar de que yo tardaba siglos en actualizar. Estoy pensando en una secuela, tengo algunas ideas, aunque todavía es demasiado pronto y no quiero dejar de nuevo vacíos de meses entre una actualización y otra. Espero que os haya gustado este fic, ya que he puesto mucho empeño en que así fuese. Muchas gracias (de corazón) a todos mis lectores ^^.