1. Summer Nights

(O de como las vidas cambian en las noches de verano)



Dicen que después de una tormenta siempre llega la calma. Que tras la noche llega el día. Y cuando es de día el cielo tiene una insana tendencia a estar claro y a tener un sol tremendamente enorme circulando. E incidiendo sobre los ojos de la gente, también.

Nuria entreabre los ojos al tiempo que se lleva una mano a la frente, a modo de visera. El repentinamente consciente del brazo lleno de pecas que la aprisiona contra el colchón. También es consciente del olor de Pablo, y de su propio olor. No tan extrañamente huele a sexo. Huelen a amor.

Y entonces capta su mirada, azul, chispeante y traviesa, antes de esbozar una sonrisa en un rostro lleno de pecas.

—Buenos días nena—susurra, y Nuria se estremece prácticamente por completo, mientras se gira hacia él y lo besa.

Nuria cierra los ojos cuando él junta su frente con la suya, y nota su respiración contra los labios, nota sus cuerpos pegados y la sonrisa que la ilumina más allá de los párpados.

—Buenos días...—susurra, concentrada en el tacto de las pecas de Pablo, mientras él roza su nariz con la de ella.

—¿Quieres desayunar algo?—pregunta, de rodillas en la cama, desnudo y con una sonrisa que no promete nada bueno.

Y Nuria entiende las implicaciones de esa sonrisa, entiende todas las implicaciones que conlleva estar con Pablo, y le da igual. Pero tiene que romper la magia, la burbuja y volver a ser la chica un tanto responsable que ha sido siempre.

—La verdad es que me muero de hambre...—dice con una leve sonrisa.—Pero tal vez sería mejor que me fuese a casa...—se acerca a él sobre la cama,—sabes que me encanta estar contigo—añade acariciándole la mejilla derecha con cariño—pero tengo deberes de hermana mayor que cumplir...

Pablo asiente y la abraza con fuerza contra su pecho. Nuria siente un beso en su pelo y sonríe.

—Aún no puedo creerme que nosotros hayamos... que estemos...—lo oye decir.

Se separa levemente de él y le dedica una sonrisa.

—¿Juntos?—pregunta, alzando una ceja,—¿muy, muy juntos?—añade antes de rozar sus labios con los de él.

—Exactamente—susurra él contra sus labios antes de besarla.

Nuria siente su euforia, su felicidad constante, que casi se mezcla con la suya. Y entiende que, por fin, tras una accidentada noche de fiesta, ha encontrado su lugar en el mundo.

oOo

Sabe que se va a morir, que es cuestión de tiempo. Sabe que tendría que decírselo a sus padres, y sabe también que no es lo suficientemente valiente como para ello. Porque su vida ha sido siempre una sucesión continua de mentiras, de miedo, de cobardía.

Suspira.

Irónico o no, porque tal vez se lo merece, la única vez que le han dicho te quiero ha sido porque ella lo ha pedido. Porque ella necesitaba una mentira.

Laura se quita el albornoz rosa y se mira en el espejo, la marca de dientes, de un rojo rabioso, que tiene en el hombro derecho. La marca del miedo, de la desesperación. De sentirse perdido. Porque Rubén estaba tan acojonado como ella, tan desesperado, tan perdido.

Porque la noche anterior ha sido una mezcla y sucesión contínua de mordiscos, gemidos y lágrimas, superponiéndose, entrelazándose.

Tal vez nunca ha sido valiente, pero tampoco le interesa. Se cepilla el pelo, mirando esos ojos azules, tan inocentes, aunque te inocentes no tienen nada; tan de niña, aunque hace tanto tiempo que ha dejado de ser una niña que ya no recuerda ni lo que se siente. Y sabe, en lo más hondo de sí misma, tal vez, que nadie se merece que la inocencia se vaya tan rápido como se ha ido la suya. Y va a morirse, así que se arrepiente un poco tarde.

Con el pelo liso, perfectamente peinado, se mete en la bañera, llena de agua caliente hasta la mitad, y se sienta, recostándose y sumergiéndose hasta los hombros. Saca una pierna, húmeda, del agua y coje su maquinilla de depilar. Pero no mira la pierna. Mira su muñeca izquierda, tan fijamente que puede ver a través de la piel, las venas hinchadas debido al calor del agua.

El agua está caliente.

Pero ella no se atreve. Siempre ha sido una cobarde, siempre detrás del valor de Nuria, siempre queriendo ser como ella, envidiándola desde lo más hondo, intentando quitárselo todo. ¿De qué le ha servido? De nada. Ahora lo sabe. Ella no tiene nada más que una muerte segura, y Nuria sigue teniendo un futuro brillante, un chico, bueno, dos chicos, que la adoran, y valor. Siempre ha tenido valor.

Respira profundamente.

Y por una vez en su vida, Laura también es valiente. Aunque sea la última.

Un corte limpio, y ni siquiera le tiembla el pulso. Piensa el las mentiras que Rubén le ha susurrado, en todos los te quiero falsos que ha apagado contra su piel. Y aunque sea una tontería, sonríe.

El agua se va poniendo cada vez más roja.

Y por una vez en su vida, Laura se siente orgullosa de sí misma, por haberse atrevido. Aunque sea la última.

oOo

Se abre la puerta de casa y Nuria puede oír la voz de su madre, como siempre, demasiado alta, llegando desde la cocina. Se gira hacia Pablo y le dedica una sonrisa antes de ponerse de puntillas y besarlo despacio, como si tuviesen todo el tiempo del mundo. Y tal vez lo tienen.

Cuando se separan él le dedica una sonrisa que hace que su cara parezca un mar de pecas, y le acaricia una mejilla con suavidad.

—Te quiero—susurra mirándola como si fuese lo mejor que le ha pasado en mucho tiempo.

—Y yo a ti—musita ella, dándole un último beso en la mejilla.—Nos vemos... luego—promete antes de entrar en la casa y cerrar la puerta a sus espaldas.

Le quiere. Más de lo que ha querido nada en su vida. Y tal vez hayan sido necesarios cuernos, lágrimas y dolor para darse cuenta de que Pablo es parte de ella desde hace mucho tiempo. Más de lo considerado sano.

Un grito de su madre corta de raíz sus expectativas de llegar a su habitación sin que la vean.

—¿Se puede saber de dónde vienes? —pregunta con un chillido.

—Estaba por ahí—responde Nuria con un encogimiento de hombros.

—¡Estás castigada! —aúlla su madre entonces­—¡a saber con quién te has estado acostando!

Nuria respira profundamente. Se gira hacia su madre y le dedica una sonrisa.

—Se llama Pablo, y tú lo odias, mamá. ¿Puedo irme ya a mi cuarto? —dice con toda la mala baba que puede acumular.

—¡Castigada! ¡Sin salir! ¡Todo el verano! —la chica se encoge de hombros. Siempre le quedará la ventana.

Sube las escaleras hacia su cuarto, y por el camino se encuentra con Elisa, que la abraza con fuerza y le dedica una sonrisa.

—Esto es para ti…—dice, tendiéndole un sobre—Vino Rubén, hace un rato, a traerlo—explica la pequeña con una media sonrisa. —Te dejo para que lo leas, pero después tienes que contarme todo, todo, todo lo que has hecho desde que te fuiste del pueblo aquel…

Nuria esboza una media sonrisa. Si Eli piensa que va a contarle como se acostó con Pablo va de culo. Ciertamente.

Entra en su habitación y saca la carta de Rubén del sobre en el que está.

Mientras la lee, no puede evitar echarse a llorar. Todavía le quiere, pero también quiere a Pablo, y lo suyo con Rubén es imposible. El amor sigue vivo, pero la confianza se rompió como un cristal, y sin eso, nada perdura.

Suspira, doblando la carta, antes de depositar un suave beso sobre las letras.

Se alegra de que también él encontrase, por fin, un lugar en el mundo. Porque aunque no sea el lugar con el que ambos han soñado durante años, es un lugar, al fin y al cabo.

oOo

Todavía no ha deshecho el bolso. Una parte de él se ha muerto la noche pasada, mientras mentía a Laura, que no lo merecía pero lo necesitaba. Tal vez él también lo necesitaba.

Se lo cuelga al hombro y respira profundamente mientras sube al autobús.

No le queda nada. Ni novia, ni futuro, ni esperanza. Tal vez incluso esté condenado a muerte.

Y no quiere pensar en ello.

Su vida ha cambiado demasiado en una sola noche, y tal vez eso no sea bueno, pero tampoco es malo.

A lo mejor tiene sida, y no es que le importe demasiado.

Tiene un bolso con ropa, una trenza en el pelo y poco más de cincuenta euros en el bolsillo. Irá a donde le lleve el viento, a donde le lleve la vida. La que le quede.

Duele dejar atrás a Nuria, pero sabe que ella va a estar bien.

Y vale, puede que tenga que morir, pero antes… va a vivir.


¡Hola! Espero que a las que hayáis llegado hasta aquí, os haya gustado lo que habéis leído. Aquí se acaba la historia.

Muchas gracias por haber estado ahí.


Thaly